«Plataforma 2003»

Es cierto, y lo sabe cualquiera que viera el anuncio insertado en este periódico el pasado miércoles, que la misa de acción de gracias, así como la ofrenda de una corona de laurel en su casa natal, en la calle Génova (hoy, sede del Instituto Social de la Marina), frente a la central del Partido Popular, son actos organizados a iniciativa de la «Plataforma 2003», una asociación nacida hace cuatro años, cuando «veinticinco españoles fieles a la memoria de José Antonio decidieron constituirse en plataforma promotora de la conmemoración del centenario de su nacimiento, asumiendo el compromiso de procurar su celebración con el decoro intelectual y moral que se merece».
   Esta asociación (que reconoce que buscaba reunir diez mil adhesiones, pero que va por unas 2.500), nació con vocación apartidista (un parto inteligente a la vista del panorama de los restos de la Falange de José Antonio, hoy dividida en sucesivos cismas hasta formar un revuelto de siglas: Independiente, Tradicionalista, Auténtica, de las JONS, La Falange...), tiene como promotor y portavoz a Jaime Suárez, ex director de varias publicaciones falangistas y teórico «de lealtad y fidelidad inquebrantables» a José Antonio. El señor Suárez, nacido en 1927, responde con precisión y un discurso agilísimo a cualquier pregunta:
   -No, si José Antonio «está vivo», o si «tiene futuro» no tiene nada que ver con lo que hoy nos ha traído aquí. Pero le diré que cualquier persona que mire con objetividad hacia atrás, tiene que convenir que de todos los personajes de aquel tiempo, José Antonio es el más moderno y el más actual. Es más, le diré que lo que hoy hay en la espuma de la política, es paleolítico comparado con José Antonio. Todo lo que hoy ocurre en España ya fue estudiado, recetado y resuelto por José Antonio.
   Pero ese discurso «fiel y leal» a la memoria del fundador de la Falange no esconde la amargura de los miembros de la plataforma ante el silencio ensordecedor que rodea el Centenario de Primo de Rivera; una figura que, para bien o para mal, marcó (o fue utilizado para ese fin), la mayor parte del siglo XX en España. Los responsables de la plataforma lamentan que el Gobierno no haya accedido a imprimir un sello conmemorativo, como se ha hecho con otras muchas figuras de la Historia; también lamentan que Televisión Española se haya negado a producir un documental sobre José Antonio y deploran que ninguna universidad haya programado un curso de estudio del líder falangista.
   «Pero no es a nosotros -apostilla Jaime Suárez- a los que nos corresponde explicar las razones que puedan tener los demás para este silencio. José Antonio es patrimonio de todos los españoles».
   -¿Y para usted, quién era?
   -Es una llamada a la conciencia. No es un figura que permita dormir tranquilo a nadie que está en la estela de su esfuerzo. Como figura humana es un arquetipo que reúne gallardía, nobleza, pensamiento y acción. Es nuestro Amadís. Cualquier español que tenga un mínimo de ambición de excelencia se reconocerá en José Antonio.
   Lo que este suplemento de reportajes puede reconocer es que, a las siete de la tarde, el templo de Santa Bárbara está lleno hasta la bandera de Falange. El sermón es tranquilo, sin exaltaciones. El sacerdote no va mucho más allá de asegurar que «habéis heredado de José Antonio el don de la camaradería y de la fraternidad». Pero lo que sí va directo al más allá es la «oración al ángel custodio de José Antonio», de la que transcribimos un párrafo cargado de la retórica épica nacional-católica acostumbrada: «Tú, a quien Dios encomendó la guarda de José Antonio en su peregrinación terrenal hacia la Jerusalén celeste, fuiste testigo de que él, víctima del odio, no cayó por odio, sino por amor. También de que ni él, ni los que ya le habían precedido, ni los muchos que después le siguieron en el enorme holocausto de su Falange, jamás se entristecieron de rencor ni odiaron a sus enemigos. Antes bien, dieron sus vidas para cimentar con su sangre joven la reedificación de una patria fuerte, libre y entera; de una España total, sin exclusivas u exclusiones de clase, partido o secta. De una patria común para todos los españoles...»