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Un extranjero que dice
que ama a España y que nos conoce muy bien debería someterse a la
verdad de todo aquello que escribe y habla. Uno de los ejemplos de su
modo particular de entender estas cosas es el nefasto libro sobre José
Antonio Primo de Rivera cargado de errores, y que incluso fue
galardonado en su día, lo que demuestra que “algo huele mal” a la
vista de tanta loa.
Se pone en boca de José Antonio que “odia a los comunistas, judíos y
demás ralea”, cuando tal frase pertenece en realidad a don Pío Baroja.
Se le tilda de antiparlamentario, por unas declaraciones solicitadas a
José Antonio para el periódico El Sol (9-02-36), donde contesta a una
pregunta sobre el sistema parlamentario: “Mientras el parlamentarismo
sean cuatrocientos representantes de la Nación, no hay efectividad
posible. Ni en nuestro país ni en ningún otro hay tanta elite para
reunirla en un recinto parlamentario. Pero no crea que esto quiere
decir que yo no participe en la batería parlamentaria. Lo preciso es
que el Estado tenga un quehacer, y cuando se tiene esto, los
Parlamentos funcionan muy bien”.
En otras ocasiones se le acusa de fascista. Esto es bastante común
pero inexacto. Algo influyó el catedrático Posada en su libro Hacia un
nuevo Derecho Político, el cual repudiaba el régimen parlamentario y
fue censurado por el profesor Tierno Galván. Pero frente a eso estaba
el Regeneracionismo, que fue admitido por parte del falangismo
joseantoniano en sus aspectos de idealismo, visión de futuro,
juventud, patriotismo... Y atacó al separatismo, que hasta don Miguel
de Unamuno, el vasco universal, diría: “Qué majaderos son los
separatistas; cualquier aldehuela nos demandará cualquier día un
Estatuto”.
Gibson no ha estudiado con rigor la historia contemporánea de España.
Ni a José Antonio, ni a ningún otro personaje, y se incluye a García
Lorca. José Antonio no fue fascista, pese a algunos signos externos,
pero ¡ojo! tampoco fue todo lo contrario, sino que podemos incluso
mencionar la opinión de crear una “Izquierda Nacional” (entiéndase la
aproximación intentada de José Antonio y Prieto).
José Antonio bebió en lo mejor de los intelectuales del 98, en Ortega,
en d’Ors, y en otros tantos, así como en los temas de Derecho, también
en Marx, en temas económicos. En cuanto a violento, habría que ir a
Julián Marías en “Ensayistas y españoles actuales” (Revista de
Occidente, 95). No tuvo que ver con el Alzamiento y murió “sin llegar
a ser comprendido por las izquierdas y despreciado por las derechas”.
Ha sido comprendido por los idealistas honestos, pero luego se impuso
el desfigurar su imagen y para ello se buscó a Gibson, del que Umbral
dijo “es el hispanista más golfo de Europa”. Remito a los interesados
a leer toda la obra de Juan Velarde Fuentes para conseguir poner en
orden sus ideales y ambiciones políticas justas. Pero, por favor, no
lean a Gibson para no intoxicarse.
*Ledesma es
periodista.
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