La influencia de Ortega y Gasset
Jesús López Medel
La
Razón
Ortega
y Gasset había nacido el 8 de mayo de 1883. José Antonio Primo de Rivera, el
24 de abril de 1903. Como ha escrito recientemente María Isabel Ferreiro -cuya
tesis doctoral versa sobre el tema orteguiano de los usos- , a los 31 años -1914-
Ortega lanza aquella expresión «yo soy yo y mis circunstancias», que luego
constituirá una idea fuerza dentro de sus reflexiones sobre la vida como
realidad radical. Las circunstancias pesaron mucho en toda la trayectoria
personal, familiar, intelectual, filosófica y política de Ortega. Y otro
tanto podría decirse en la de José Antonio. Éste había terminado una
carrera -la de Derecho-, que empieza con la animación de Fernández Cuesta,
ya jurídico de la Armada, y cuyo padre era el médico militar que asistía al
que habría de ser General Primo de Rivera. Rompe el ascendiente militar de «los
Primo de Rivera», que Rocío, sobrina-nieta de José Antonio, nos ha
desgranado en estos días. La carrera la finaliza en 1922. El Doctorado lo
hace en 1923. En este año, Ortega lanza la «Revista de Occidente», cuyos
propósitos, según el primer número, estaban en la «urgencia del afán de
conocer por donde va el mundo... en la profunda transformación en las ideas,
sentimientos, maneras, instituciones... ante la nueva arquitectura en la que
la vida occidental se está reconstruyendo». Y dentro de ella, España, que
había sido, desde sus primeros contactos con Alemania, la gran empresa de
Ortega.
El primer impulso intelectual de José Antonio lo tuvo en Ortega. Esto le hizo
interesante, con profundidad, en el saber no sólo práctico sino también teórico
del Derecho. En el Doctorado va a cuajar su formación, especialmente en
Derecho Civil, Administrativo e Internacional, con los profesores Clemente de
Diego, Sánchez Román, Gascón y Marín, Yanguas, etc. Irrumpe en la vida
profesional como abogado en ejercicio. Con brillantez inusitada. En 1931 se le
honrará con el título de Decano perpetuo del Ilustre Colegio de Abogados de
Madrid. Calvo Sotelo, en 1935, le propondrá como académico correspondiente
de la Academia de Jurisprudencia y Legislación ¬ya no era «Real»¬, acaso
por la frecuencia de sus estudios en su biblioteca. Como en la del Ateneo. (Se
dejó decir a Fernández Cuesta que lo que le hubiera gustado ser a José
Antonio es catedrático de Derecho Civil en una universidad de provincia, como
podría haber sido Ávila).
Las influencias de Ortega en José Antonio han sido evidentes, y nosotros las
hemos esbozado académicamente. Había una gran sincronía. Con una preocupación
personal del maestro filosófico, cuando a través de su hijo Miguel -combatiente
en la Guerra Civil española- se le informaba sobre la suerte final de José
Antonio. Y su sentimiento cuando se enteró del fusilamiento.
La influencia estaba en que respondía a aquella «llamada» de Ortega, acerca
de la Universidad, de la Juventud de España, ante la «vieja y nueva política»,
«las derechas y las izquierdas», los partidos, el sindicalismo, etc. En 1931
funda la Agrupación al Servicio de la República, en la que figuran, entre
otros, García Valdecasas, Recasens Siches, Joaquín Garrigues. Después de
haber sido el cimiento «intelectual» de la República, la Agrupación se
disuelve en 1933, año de la fundación de la Falange, a la que se incorpora
García Valdecasas, que había sido suplente de Ortega en la Comisión
Constitucional del Congreso. (En la tesis doctoral inédita de Margarita Márquez,
sobre la citada Agrupación, pueden encontrarse «propósitos»
regeneracionistas semejantes. Dos años de vida activa de Ortega).
José Antonio, con treinta y tres años y unos tres de política, es fusilado
el 20 de noviembre de 1936. El 24 de abril de 2003 cumpliría cien años. ¿Qué
matices -dentro de la recíproca estimación- pudieron existir entre Ortega y
José Antonio? A vuela pluma, tres: la mayor formación jurídica del segundo,
el sentido religioso de la vida, y una mayor urgencia por la justicia social.
Pero a ambos les unieron otras muchas cosas y «circunstancias». Entre ellas,
la que hacía responder a Max Scheller, a sus discípulos: «Los indicadores
de los caminos no recorren los caminos». Lo que no quiere decir que los
indicadores no sigan de alguna manera en pie, especialmente, ante la Unidad de
España y los Estados Unidos de Europa, como proyecto moral. Pero éstos son
otros temas.