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La
polvareda levantada por el polémico auto del Juez Garzón tiene su
origen en la ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen
y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes
padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la
dictadura, que es así como se denomina y que vulgarmente se la conoce
como la ley de la memoria histórica.
Esta ley sectaria y partidista que falsea la realidad de los hechos
históricos da pie, además para que el juez Garzón la interprete a su
manera, llegando hasta el extremo de pretender imputar supuestos
delitos a personas todas ellas fallecidas.
La parcialidad de la ley es evidente al silenciar y pasar por alto una
parte de la Historia, que no comienza en 1936 sino en 1934 con la
revolución de octubre.
El alzamiento de julio de 1936 fue consecuencia del desgobierno que
existía en España y que culminó con la muerte de Calvo Sotelo en
Madrid el 13 de julio de 9136, asesinado por fuerzas de seguridad de
la República.
En relación con lo antes señalado sólo dos apuntes para los que han
perdido parte de la memoria histórica. Primero, la conocida afirmación
de Salvador de Madariaga: "Con la rebelión de 1934 la izquierda
española pierde toda la autoridad moral para condenar la rebelión del
36". En segundo lugar, lo manifestado por Largo Caballero antes de las
elecciones, en un discurso pronunciado en Alicante el 21 de enero de
1936: "Las elecciones no son más que una etapa la la conquista del
poder y aceptamos su resultado tan solo a beneficio de inventario. Si
triunfan las izquierdas podemos labrar dentro de la legalidad con
nuestros aliados, pero si ganan las derechos tenemos que ir a la
guerra civil". Pues bien, quien esto dijo conserva su estatua en el
Paseo de la Castellana, pese a que en la ley de memoria histórica se
diga -como justificación para retirar los símbolos del bando vencedor-
que los símbolos públicos han de ser ocasión de encuentro y no de
enfrentamiento, ofensa o agravio.
Extinguido hace 33 años el régimen anterior, tiempo ha tenido el señor
Garzón, juez singular, para actuar cuando personas intachables y
preparadas como mi padre podían haberse defendido de tan viles y
despreciables imputaciones.
La brillante, valerosa y solvente trayectoria de mi padre al servicio
de España no puede quedar en entredicho con pretendidas imputaciones
injustas y fuera de lugar de un juez que, con su actuación, incita a
la discordia y desunión entre los españoles.
Madrid, 19 de octubre de 2008, en el 72 aniversario del asesinato, sin
juicio previo, de mis tíos José y Fernando en Aravaca, posteriormente
enterrados en fosa común.
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