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Hoy
hace treinta y dos años que murió Franco y setenta y uno que
asesinaron a José Antonio. Aunque mi admirado Antonio Prieto escriba
en el diario “El Mundo”. Que “los falangistas se mienten así mismos
conmemorando el asesinato (sic) de Primo de Rivera en Alicante, cuando
fue ajusticiado legalmente por un tribunal regular que le condenó a
muerte por rebelión contra el Estado republicano. La II República no
era abolicionista, y menos en 1936”. ¿Es a la misma República que
conozco yo, a la que se refiere con tanta suavidad y tolerancia?.
Continúa, tras unas consideraciones sobre el fracaso de la sanjurjada
en su fallido golpe de estado para resucitar la monarquía… “ Franco,
que despreciaba el fracaso, debió de pensar lo mismo (se refiere a su
crítica contra Sanjurjo), de su compañero de muerte tras el altar de
la basílica de Cuelgamuros: que José Antonio se había ganado el
derecho a ser pasado por las armas. Hijo de dictador, homosexual en el
armario, (la primera noticia que tengo y me he leído y empapado
bastante sobre la vida de este ídolo político. Aparte, creo, que
tampoco es asunto que tenga justificación alguna publicar a estas
alturas, como no sea resentimiento personal y excesivo encono
político), “y crecido a la sombra del emergente nazifascismo europeo.
Primo de Rivera atacó la democracia desde su discurso fundacional en
La Comedia, y al pistolerismo de las izquierdas contestó con el
pistolerismo de la Falange, fuerza de choque de la derecha más cerril.
Se defendió el mismo y vio tan difícil su juicio que llegó a ofrecer
la cabriola de ir a zona nacional a retirar a los falangistas de las
trincheras regresando de nuevo a la zona republicana. Ya se habría
encargado Franco de que le alcanzara en la cabeza alguna bala
perdida”. (Inconcebible lo que tenía guardado el célebre colega en su
magín durante tantísimos años. Yo no habría podido esperar tanto
tiempo para lanzar esa explosiva noticia y comentario sobre Azaña, la
Pasionaria o cualquier otro líder no afín con mis ideas). “Los
falangistas son un cero a la izquierda, pero son aliados objetivos de
todos los antisistemas que van del movimiento okupa a los
antiglobalización y todos reparten destrozos, invierten las cargas
policiales dejándoles heridos y tiran de cuchillo contra el que les
mira mal”…Continúa tras unos comentarios sobre la ultraderecha y la
ultraizquierda… “A todos les pasa lo que a José Antonio: que
expulsados de la plaza popular, se echaron al Gólgota donde se matan
españoles”.
Asombrado me hallo, aturdido me encuentro y alterado me siento ante
tal sarta de comentarios tan nefastos, ignominiosos y ofensivos sobre
la memoria del fundador de la Falange y su mismo Partido que, por lo
leído a este maestro del periodismo y atinado crítico, se trataba de
un grupo de facinerosos y matarifes que iban por las calles y plazas
buscando pendencias, tirando de navajas y denostando todo lo que para
estos “camorristas” suponía el noble y digno concepto de España.
¿Estaba acaso en España en esas aciagas fechas este ilustre periodista
para opinar de ese modo de todos los que hemos vestido y nos hemos
honrado con la camisa azul y las cinco flechas?. Porque, que yo sepa,
nunca he utilizado el cuchillo como no fuera para usos culinarios, ni
he buscado pendencias callejeras en mis años juveniles, ni sentía
vergüenza de mi conducta política y social. No sé si a él le habrá
ocurrido lo mismo en su etapa argentina, ignoro las causas de su
exilio, ni en sus años durante la guerra civil o en los posteriores
años del franquismo. Por lo visto, ahora a todos nos es fácil y
conveniente autoproclamarnos de izquierda y contrarios a todo lo que
se refiera a la etapa de la “Oprobiosa”. Es lo que se lleva y está de
moda, como la “minifalda” de la Mary Quant en su momento, los
pantalones vaqueros heredados de los indios del oeste americano y
tantos otros usos y costumbres que se aceptan sin rechistar, para no
marchar a contracorriente, ni que te señalen con desprecio e
indiferencia. A todos, menos a los que aceptamos con dignidad y no lo
ocultamos, nuestros principios y sentimientos patrios, aunque el
ambiente que nos rodea no sea el más propicio. Y conste que no he
tenido la menor compensación o privilegio por mi militancia
falangista, que tampoco era esa mi intención y meta.
Para mi, digan lo que digan ilustres y torciteros, José Antonio fue un
líder político indiscutible y figura excepcional que destacaba por
méritos propios y por su servicios y amor a España de entre toda esa
maraña que abarcaba la triste realidad que se vivía en esas fechas,
muy parecida a la actual. No me extraña que su nombre y su doctrina
social más escorada a la izquierda que a la derechona de señoritingos
y caciques, a la que pertenecía por familia, que no por principios, no
figure en ese extraño recordatorio de “La Memoria Histórica”, aunque
sus inclinaciones eran más proclives a la República que a la
Monarquía. Él amaba profundamente a España, sacrificó posición,
comodidad y hasta su propia vida por España y no debe figurar en toda
clase de publicaciones. Sólo en las reservadas a los prohombres de la
Patria. Pero, de eso a que lo desprestigien y ataquen en estas fechas
tan señaladas sin ton, ni son, por el simple placer de cabrear a sus
legiones de admiradores y dar la coba a los que hoy cuestionan todo lo
que no lleve el sello de una izquierda laica, intolerante y
tergiversora, media un abismo y una tremenda iniquidad. Ahora resulta
que los malos de la película eran exclusivamente falangistas y los
buenos, auténticos ángeles de la libertad, la solidaridad y la buena
vecindad eran los del pañolito rojo al cuello y la hoz y el martillo
sobre la visera de su gorra miliciana. Respeto, consideración,
concordia y moderación mi admirado colega que no está el horno para
bollos, ni la chimenea para echarle más carbón. Bastante estresados
estamos todos como para intentar reavivar enconos, buscar polémicas y
forjar enfrentamientos entre españoles. ¿Por qué no dedica su
indiscutible genio y maestría profesional, soy asiduo y apasionado
lector de sus escritos, a escribir sobre un futuro sin humos ni
contaminantes, un mundo sin experiencias bélicas y una Humanidad más
sensible a los problemas del prójimo que a los resultados de Wall
Street?. Si yo tuviera sus cualidades, seguro que lo haría. Conste que
no me mueve resentimiento personal alguno contra usted. El rencor no
existe en mis sentimientos.
Pero en esta fecha, se conmemora y con mucho mayor motivo y
significación la muerte de Franco. El ahora tan denostado déspota,
dictador y otras lindezas, por parte de muchos de los que ayer le
reían sus gracias y le abrían las puertas y sujetaban las varas del
palio para que pasara el “semidios”. Su muerte, para disgusto de sus
enconados y entonces ocultos enemigos, tuvo lugar en la cama. No fue
obra de un pistolero, un mercenario pagado o un valiente con
“coscobillos” capaz de enfrentarse a él cara a cara. La edad y la
enfermedad fueron los únicos enemigos que terminaran con la “baraka”
que le acompañó durante su larga y peligrosa vida. Ni los esfuerzos
desesperados del “equipo médico habitual”, ni las más avanzadas
técnicas de la Medicina, ni aún el empeño de su yerno para que no
muriera y acabara con ello su situación de influencias y privilegios,
pudieron con la voluntad de Dios. Y el pobre enfermo sufrió lo
indecible soportando cables, tubos, extraños aparatos y dolorosas
pruebas hasta tener que pedir que le dejaran morir en paz. Una
petición que habla por si sola de su estado de desesperación. Sólo su
hija, al parecer, estoy hablando versión “vox populi”, era partidaria
de que lo dejaran morir de una vez y sin sufrimientos.
La noticia de su muerte conmocionó a España y tuvo eco destacado en
todo el mundo. Jefes de Estado, de Gobierno e importantes
personalidades de todo el mundo con la sola excepción de aquellos con
los que aún no manteníamos relaciones diplomáticas y los que no tenían
significación política en el contexto internacional, se trasladaron
hasta Madrid para asistir a los solemnes funerales de Estado
celebrados en su recuerdo. Todas las fuerzas militares ostentaban
brazalete negro en señal de duelo, empezando por S.M. el Rey, que en
un gesto de generosidad y “agradecimiento”, concedió los títulos
nobiliarios de Señora de Meirás (el Pazo que ahora reclaman a la
familia) a su viuda y el de duquesa de Franco, con Grandeza de España,
a su hija. Unos Reyes ojerosos y consternados presidieron las honras
fúnebres del que les había procurado el reinado que tras su muerte
acababan de iniciar. En ese momento viendo toda la parafernalia
formada en su entorno, parecía que su memoria y su recuerdo iban a ser
imperecederos y gloriosos. Hasta la capital de España, con el dolor
bien visible en sus expresiones, se desplazaron millones de españoles
desde todos los rincones de la nación (entonces de usaba esta
expresión al referirse exclusivamente a España), para pasar ante el
cadáver, expuesto en el Palacio de Oriente, donde se formaron unas
colas kilométricas y concurridísimas que duraron varios días, los que
el cadáver permaneció expuesto. He de confesar que no estuve en ellas,
pues ya he dicho en diferentes ocasiones que no soy partidario de
manifestaciones multitudinarias. No tengo complejo de aborregado, ni
padezco de curiosidad morbosa. Pero tampoco critico a los que lo
hicieron de buena fe y con sinceridad de sentimientos.
En aquellas fechas parecía que se iba a terminar el mundo y la alegría
para los españoles. (Lo segundo, puede que fuera un augurio acertado
de lo que ocurriría más tarde). No he visto sentimiento de dolor más
generalizado, ni panegíricos más brillantes y sentidos entre las
plumas más destacadas del periodismo español. Proclamaban y alardeaban
de su franquismo y hacían constar con frases que parecían auténticas
lamentaciones que habíamos quedado huérfanos ante la muerte de ese
hombre “providencial que rigió los destinos de la patria con pulso
firme, mirada limpia y carente de egoísmos personales”. Sería curioso
revisar en las hemerotecas los diarios de aquellas fechas y comprobar
el nombre y lo que escribieron sobre tan luctuoso suceso muchos de los
que hoy vociferan su antifranquismo más visceral. Y no menos
interesante, reponer las grabaciones y videos de los que desfilaron
ante el féretro y se cuadraban brazo en alto o santiguándose en una
pública y exaltada manifestación de amor y admiración al gobernante
fallecido y fe religiosa. ¡Cuantas sorpresas nos llevaríamos con esas
lecturas y grabaciones!. Aquí si que es interesante reavivar la
Memoria Histórica.
Revisando el historial de políticos que hoy presumen de radicales, de
izquierda o de antiespañoles, me encuentro con que el inefable
Arzallus, el célebre exjesuita, enemigo declarado de todo lo español,
es hijo de un requeté que luchó voluntariamente junto a las fuerzas
franquistas durante la guerra civil. Es decir, que su progenitor, fue
uno de los que contribuyeron al éxito de esa España a la que tanto
odia, no compatible con su cacareada Patria Vasca. ¡Vaya, vaya!.
Nuestro ministro de Justicia, don Mariano Fernández Bermejo, es hijo
de un alcalde franquista y jefe local del Movimiento en Arenas de San
Pedro (Ávila). El jefe del Gabinete del Presidente Zapatero, José
Enrique Serrano, lo era a su vez del secretario de un ministro
franquista y benefactor de su pueblo natal, Tribaldos, en el que la
agrupación escolar lleva su nombre. Sus abuelas y tías tuvieron que
esconderse en un pajar, tras el asesinato del abuelo por los
milicianos, hasta que sus familiares pudieron venir desde Murcia a
recogerlas. Las pertenencias familiares, platería y joyas incluidas
fueron salvadas y ocultadas por los del pueblo hasta el final de la
guerra, ya que su casa estuvo ocupada por los milicianos. Nuestra
Vicepresidenta Fernández de la Vega, era hija de un falangista que
trabajaba en el ministerio de Trabajo con Girón. Teresa estudió
Derecho en Madrid y sacó plaza de secretaria judicial en vida de
Franco. ¿Quién se atrevería a acertar su presente en aquellas fechas?.
El obispo Setién, nuestro progre prelado y reconocido antifranquista,
fue designado obispo por el mismo Franco, en la terna que elevaba al
Papa con ese fin, en premio a su adhesión a los Principios
Fundamentales del Movimiento. La lista sería interminable e irónica.
Vergonzosa para más de uno, que no desea verse ahora en las filas de
los que “mamaron” de la teta franquista como hijos de enchufados y
destacados, aunque entonces lo vieran como una circunstancia feliz y
provechosa. Hay más nombres y cargos importantes que deberían
reflejarse en esa fantástica Memoria Histórica. No es bueno criticar
el pasado de los demás, cuando uno ha formado parte importante del
mismo. El “chitón” es lo más prudente.
Pienso que estamos en una fecha propicia a la reflexión, el rezo por
los que dejaron su vida en esa empresa, sin distinción de colores y
adicciones políticas y el decidido propósito por parte de todos de que
la marea regrese al océano y resplandezca nuevamente el sol,
descubriendo las maravillas que esa masa de agua emponzoñada y
violenta había mantenido oculta. Si hablamos de Memorias que no sea
para desunirnos y encolerizarnos unos contra otros, sino para corregir
los errores, sacar adelante al país y unirnos en el empeño de forjar
una Patria fuerte, indivisible y amada por todos, sin autonomías ni
autonotuyas, sino autodetodos. Y aparquemos de una vez la hipocresía
que preside nuestras vidas. |