20-N, una fecha para el cinismo

 

 Félix Arbolí

www.vistazoalaprensa.com

Hoy hace treinta y dos años que murió Franco y setenta y uno que asesinaron a José Antonio. Aunque mi admirado Antonio Prieto escriba en el diario “El Mundo”. Que “los falangistas se mienten así mismos conmemorando el asesinato (sic) de Primo de Rivera en Alicante, cuando fue ajusticiado legalmente por un tribunal regular que le condenó a muerte por rebelión contra el Estado republicano. La II República no era abolicionista, y menos en 1936”. ¿Es a la misma República que conozco yo, a la que se refiere con tanta suavidad y tolerancia?. Continúa, tras unas consideraciones sobre el fracaso de la sanjurjada en su fallido golpe de estado para resucitar la monarquía… “ Franco, que despreciaba el fracaso, debió de pensar lo mismo (se refiere a su crítica contra Sanjurjo), de su compañero de muerte tras el altar de la basílica de Cuelgamuros: que José Antonio se había ganado el derecho a ser pasado por las armas. Hijo de dictador, homosexual en el armario, (la primera noticia que tengo y me he leído y empapado bastante sobre la vida de este ídolo político. Aparte, creo, que tampoco es asunto que tenga justificación alguna publicar a estas alturas, como no sea resentimiento personal y excesivo encono político), “y crecido a la sombra del emergente nazifascismo europeo. Primo de Rivera atacó la democracia desde su discurso fundacional en La Comedia, y al pistolerismo de las izquierdas contestó con el pistolerismo de la Falange, fuerza de choque de la derecha más cerril. Se defendió el mismo y vio tan difícil su juicio que llegó a ofrecer la cabriola de ir a zona nacional a retirar a los falangistas de las trincheras regresando de nuevo a la zona republicana. Ya se habría encargado Franco de que le alcanzara en la cabeza alguna bala perdida”. (Inconcebible lo que tenía guardado el célebre colega en su magín durante tantísimos años. Yo no habría podido esperar tanto tiempo para lanzar esa explosiva noticia y comentario sobre Azaña, la Pasionaria o cualquier otro líder no afín con mis ideas). “Los falangistas son un cero a la izquierda, pero son aliados objetivos de todos los antisistemas que van del movimiento okupa a los antiglobalización y todos reparten destrozos, invierten las cargas policiales dejándoles heridos y tiran de cuchillo contra el que les mira mal”…Continúa tras unos comentarios sobre la ultraderecha y la ultraizquierda… “A todos les pasa lo que a José Antonio: que expulsados de la plaza popular, se echaron al Gólgota donde se matan españoles”.

Asombrado me hallo, aturdido me encuentro y alterado me siento ante tal sarta de comentarios tan nefastos, ignominiosos y ofensivos sobre la memoria del fundador de la Falange y su mismo Partido que, por lo leído a este maestro del periodismo y atinado crítico, se trataba de un grupo de facinerosos y matarifes que iban por las calles y plazas buscando pendencias, tirando de navajas y denostando todo lo que para estos “camorristas” suponía el noble y digno concepto de España. ¿Estaba acaso en España en esas aciagas fechas este ilustre periodista para opinar de ese modo de todos los que hemos vestido y nos hemos honrado con la camisa azul y las cinco flechas?. Porque, que yo sepa, nunca he utilizado el cuchillo como no fuera para usos culinarios, ni he buscado pendencias callejeras en mis años juveniles, ni sentía vergüenza de mi conducta política y social. No sé si a él le habrá ocurrido lo mismo en su etapa argentina, ignoro las causas de su exilio, ni en sus años durante la guerra civil o en los posteriores años del franquismo. Por lo visto, ahora a todos nos es fácil y conveniente autoproclamarnos de izquierda y contrarios a todo lo que se refiera a la etapa de la “Oprobiosa”. Es lo que se lleva y está de moda, como la “minifalda” de la Mary Quant en su momento, los pantalones vaqueros heredados de los indios del oeste americano y tantos otros usos y costumbres que se aceptan sin rechistar, para no marchar a contracorriente, ni que te señalen con desprecio e indiferencia. A todos, menos a los que aceptamos con dignidad y no lo ocultamos, nuestros principios y sentimientos patrios, aunque el ambiente que nos rodea no sea el más propicio. Y conste que no he tenido la menor compensación o privilegio por mi militancia falangista, que tampoco era esa mi intención y meta.

Para mi, digan lo que digan ilustres y torciteros, José Antonio fue un líder político indiscutible y figura excepcional que destacaba por méritos propios y por su servicios y amor a España de entre toda esa maraña que abarcaba la triste realidad que se vivía en esas fechas, muy parecida a la actual. No me extraña que su nombre y su doctrina social más escorada a la izquierda que a la derechona de señoritingos y caciques, a la que pertenecía por familia, que no por principios, no figure en ese extraño recordatorio de “La Memoria Histórica”, aunque sus inclinaciones eran más proclives a la República que a la Monarquía. Él amaba profundamente a España, sacrificó posición, comodidad y hasta su propia vida por España y no debe figurar en toda clase de publicaciones. Sólo en las reservadas a los prohombres de la Patria. Pero, de eso a que lo desprestigien y ataquen en estas fechas tan señaladas sin ton, ni son, por el simple placer de cabrear a sus legiones de admiradores y dar la coba a los que hoy cuestionan todo lo que no lleve el sello de una izquierda laica, intolerante y tergiversora, media un abismo y una tremenda iniquidad. Ahora resulta que los malos de la película eran exclusivamente falangistas y los buenos, auténticos ángeles de la libertad, la solidaridad y la buena vecindad eran los del pañolito rojo al cuello y la hoz y el martillo sobre la visera de su gorra miliciana. Respeto, consideración, concordia y moderación mi admirado colega que no está el horno para bollos, ni la chimenea para echarle más carbón. Bastante estresados estamos todos como para intentar reavivar enconos, buscar polémicas y forjar enfrentamientos entre españoles. ¿Por qué no dedica su indiscutible genio y maestría profesional, soy asiduo y apasionado lector de sus escritos, a escribir sobre un futuro sin humos ni contaminantes, un mundo sin experiencias bélicas y una Humanidad más sensible a los problemas del prójimo que a los resultados de Wall Street?. Si yo tuviera sus cualidades, seguro que lo haría. Conste que no me mueve resentimiento personal alguno contra usted. El rencor no existe en mis sentimientos.

Pero en esta fecha, se conmemora y con mucho mayor motivo y significación la muerte de Franco. El ahora tan denostado déspota, dictador y otras lindezas, por parte de muchos de los que ayer le reían sus gracias y le abrían las puertas y sujetaban las varas del palio para que pasara el “semidios”. Su muerte, para disgusto de sus enconados y entonces ocultos enemigos, tuvo lugar en la cama. No fue obra de un pistolero, un mercenario pagado o un valiente con “coscobillos” capaz de enfrentarse a él cara a cara. La edad y la enfermedad fueron los únicos enemigos que terminaran con la “baraka” que le acompañó durante su larga y peligrosa vida. Ni los esfuerzos desesperados del “equipo médico habitual”, ni las más avanzadas técnicas de la Medicina, ni aún el empeño de su yerno para que no muriera y acabara con ello su situación de influencias y privilegios, pudieron con la voluntad de Dios. Y el pobre enfermo sufrió lo indecible soportando cables, tubos, extraños aparatos y dolorosas pruebas hasta tener que pedir que le dejaran morir en paz. Una petición que habla por si sola de su estado de desesperación. Sólo su hija, al parecer, estoy hablando versión “vox populi”, era partidaria de que lo dejaran morir de una vez y sin sufrimientos.

La noticia de su muerte conmocionó a España y tuvo eco destacado en todo el mundo. Jefes de Estado, de Gobierno e importantes personalidades de todo el mundo con la sola excepción de aquellos con los que aún no manteníamos relaciones diplomáticas y los que no tenían significación política en el contexto internacional, se trasladaron hasta Madrid para asistir a los solemnes funerales de Estado celebrados en su recuerdo. Todas las fuerzas militares ostentaban brazalete negro en señal de duelo, empezando por S.M. el Rey, que en un gesto de generosidad y “agradecimiento”, concedió los títulos nobiliarios de Señora de Meirás (el Pazo que ahora reclaman a la familia) a su viuda y el de duquesa de Franco, con Grandeza de España, a su hija. Unos Reyes ojerosos y consternados presidieron las honras fúnebres del que les había procurado el reinado que tras su muerte acababan de iniciar. En ese momento viendo toda la parafernalia formada en su entorno, parecía que su memoria y su recuerdo iban a ser imperecederos y gloriosos. Hasta la capital de España, con el dolor bien visible en sus expresiones, se desplazaron millones de españoles desde todos los rincones de la nación (entonces de usaba esta expresión al referirse exclusivamente a España), para pasar ante el cadáver, expuesto en el Palacio de Oriente, donde se formaron unas colas kilométricas y concurridísimas que duraron varios días, los que el cadáver permaneció expuesto. He de confesar que no estuve en ellas, pues ya he dicho en diferentes ocasiones que no soy partidario de manifestaciones multitudinarias. No tengo complejo de aborregado, ni padezco de curiosidad morbosa. Pero tampoco critico a los que lo hicieron de buena fe y con sinceridad de sentimientos.

En aquellas fechas parecía que se iba a terminar el mundo y la alegría para los españoles. (Lo segundo, puede que fuera un augurio acertado de lo que ocurriría más tarde). No he visto sentimiento de dolor más generalizado, ni panegíricos más brillantes y sentidos entre las plumas más destacadas del periodismo español. Proclamaban y alardeaban de su franquismo y hacían constar con frases que parecían auténticas lamentaciones que habíamos quedado huérfanos ante la muerte de ese hombre “providencial que rigió los destinos de la patria con pulso firme, mirada limpia y carente de egoísmos personales”. Sería curioso revisar en las hemerotecas los diarios de aquellas fechas y comprobar el nombre y lo que escribieron sobre tan luctuoso suceso muchos de los que hoy vociferan su antifranquismo más visceral. Y no menos interesante, reponer las grabaciones y videos de los que desfilaron ante el féretro y se cuadraban brazo en alto o santiguándose en una pública y exaltada manifestación de amor y admiración al gobernante fallecido y fe religiosa. ¡Cuantas sorpresas nos llevaríamos con esas lecturas y grabaciones!. Aquí si que es interesante reavivar la Memoria Histórica.

Revisando el historial de políticos que hoy presumen de radicales, de izquierda o de antiespañoles, me encuentro con que el inefable Arzallus, el célebre exjesuita, enemigo declarado de todo lo español, es hijo de un requeté que luchó voluntariamente junto a las fuerzas franquistas durante la guerra civil. Es decir, que su progenitor, fue uno de los que contribuyeron al éxito de esa España a la que tanto odia, no compatible con su cacareada Patria Vasca. ¡Vaya, vaya!. Nuestro ministro de Justicia, don Mariano Fernández Bermejo, es hijo de un alcalde franquista y jefe local del Movimiento en Arenas de San Pedro (Ávila). El jefe del Gabinete del Presidente Zapatero, José Enrique Serrano, lo era a su vez del secretario de un ministro franquista y benefactor de su pueblo natal, Tribaldos, en el que la agrupación escolar lleva su nombre. Sus abuelas y tías tuvieron que esconderse en un pajar, tras el asesinato del abuelo por los milicianos, hasta que sus familiares pudieron venir desde Murcia a recogerlas. Las pertenencias familiares, platería y joyas incluidas fueron salvadas y ocultadas por los del pueblo hasta el final de la guerra, ya que su casa estuvo ocupada por los milicianos. Nuestra Vicepresidenta Fernández de la Vega, era hija de un falangista que trabajaba en el ministerio de Trabajo con Girón. Teresa estudió Derecho en Madrid y sacó plaza de secretaria judicial en vida de Franco. ¿Quién se atrevería a acertar su presente en aquellas fechas?. El obispo Setién, nuestro progre prelado y reconocido antifranquista, fue designado obispo por el mismo Franco, en la terna que elevaba al Papa con ese fin, en premio a su adhesión a los Principios Fundamentales del Movimiento. La lista sería interminable e irónica. Vergonzosa para más de uno, que no desea verse ahora en las filas de los que “mamaron” de la teta franquista como hijos de enchufados y destacados, aunque entonces lo vieran como una circunstancia feliz y provechosa. Hay más nombres y cargos importantes que deberían reflejarse en esa fantástica Memoria Histórica. No es bueno criticar el pasado de los demás, cuando uno ha formado parte importante del mismo. El “chitón” es lo más prudente.

Pienso que estamos en una fecha propicia a la reflexión, el rezo por los que dejaron su vida en esa empresa, sin distinción de colores y adicciones políticas y el decidido propósito por parte de todos de que la marea regrese al océano y resplandezca nuevamente el sol, descubriendo las maravillas que esa masa de agua emponzoñada y violenta había mantenido oculta. Si hablamos de Memorias que no sea para desunirnos y encolerizarnos unos contra otros, sino para corregir los errores, sacar adelante al país y unirnos en el empeño de forjar una Patria fuerte, indivisible y amada por todos, sin autonomías ni autonotuyas, sino autodetodos. Y aparquemos de una vez la hipocresía que preside nuestras vidas.