Sobre el articulo de José Luis Martín Prieto titulado «Rebeldes sin causa»

 

El diario El Mundo, en su edición del día 19 pasado,  y en su página 2, publica un artículo de Martín Prieto en el que, bajo el título “Rebeldes sin causa” se ataca despiadadamente a José Antonio.  No importan ahora los antecedentes políticos del autor de este libelo ni sus elogios anteriores a José Antonio.

 

Véase la cita de un artículo suyo en la revista Gentleman, en octubre de 1973, recopilado por Enrique de Aguinaga y Emilio González Navarro en Mil veces José Antonio, Plataforma 2003, Madrid, 2003, pág. 298. Lo que importa, ahora, es que tal artículo a quien deshonra es a Martín Prieto que no puede aspirar a ser respetado cuando empieza por faltarse a sí mismo. ¿Cómo se puede decir a estas alturas que José Antonio y Franco no pueden estar en el Valle de los Caídos “por sus connotaciones radicales”? ¡Radical Francisco Franco! Y decir que José Antonio “fue ajusticiado legalmente por un tribunal regular” ¿qué entenderá Martín Prieto por “regular”? El resto no es ignorancia ni torpe mala fe; es, sencillamente, un bodrio falto de rigor histórico y de elegancia literaria. ¿Con qué fundamento puede decir que José Antonio fue homosexual en el armario, crecido a la sombra del emergente nazifascismo europeo y, además, pistolero? ¿Cómo se puede pretender ofender al fundador de Falange Española acusándola de “fuerza de choque de la derecha más cerril”? ¿Y calificar de “cabriola” su gesto magnánimo de ofrecerse para ir a Burgos a gestionar el cese de las hostilidades? Todo ello a quien descalifica es a Martín Prieto, quien lo escribe y firma, no a José Antonio como pretende.

Otra cosa es su afirmación de que los falangistas seamos un cero a la izquierda. En esto tiene, desde luego, razón. Porque en otro caso  ¿se atrevería a decir que “tiramos de navaja” contra el que nos mira mal? Tranquilo, Martín Prieto, nosotros no estamos expulsados de la plaza pública por ningún Frente Popular, ni nos echamos al Gólgota “donde se matan españoles”. Sólo nos duele que, tantos años después, el sacrificio de José Antonio siga resultando inútil para superar “la saña de unos y la antipatía de los otros”.

 Jaime Suárez

Secretario General de Plataforma 2003

 Nota: Como comprobación del texto de Martín Prieto, lo reproducimos  íntegramente. También, lo que decía en 1973.

«Rebeldes sin causa»

 

José Luis Martín Prieto

El Mundo, 19 de noviembre 2007

A los desaparecidos falangistas ha debido de motivarles un frío siberiano para hacer una marcha hacia el Valle de los Caídos donde la Ley de Memoria Histórica espera se devuelvan a sus familias los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera que no han de estar ahí por sus connotaciones radicales. Los falangistas se mienten a sí mismos conmemorando el asesinato (sic) de Primo de Rivera en Alicante, cuando fue ajusticiado legalmente por un tribunal regular que le condenó a muerte por rebelión contra el Estado republicano. La II República no era abolicionista, y menos en 1936. En 1932 pidieron a Franco solidaridad con el general Sanjurjo (la sanjurjada) que dio un golpe de estado de chica y nabo para resucitar la monarquía. Franco contestó: «se ha ganado el derecho a que le fusilen». Luego Azaña le indultó y habría sido el Generalísimo si su avioncito no se hubiera estrellado contra unas bardas en la Raya de Portugal donde vivía exiliado. Franco, que despreciaba el fracaso, debió de pensar lo mismo de su compañero de muerte tras el altar de la basílica de Cuelgamuros: que José Antonio se había ganado el derecho a ser pasado por las armas. Hijo de dictador, homosexual en el armario y crecido a la sombra del emergente nazifascismo europeo, Primo de Rivera atacó la democracia desde su discurso fundacional de la Comedia, y al pistolerismo de las izquierdas contestó con el pistolerismo de la Falange, fuerza de choque de la derecha más cerril. Se defendió él mismo y vio tan difícil su juicio que llegó a ofrecer la cabriola de ir a zona nacional a retirar a los falangistas de las trincheras regresando de nuevo a la zona republicana. Ya se habría encargado Franco de que le alcanzara en la cabeza alguna bala perdida.

Los falangistas son un cero a la izquierda, pero son aliados objetivos de todos los antisistema que van del movimiento okupa a los antiglobalización y todos reparten destrozos, invierten las cargas policiales dejándoles heridos y tiran de cuchillo con el que les mira mal. Según fuentes policiales, entre ultraderecha y ultraizquierda no suman más de 800 extremadamente violentos y 2000 militantes de infantería; electoralmente el cero absoluto; extraparlamentarios de vocación. Sólo les salva una escuela, un trabajo y una buena novia a ser posible gallega. Y es que el problema de nuestros violentos es social antes que político. Entre familias que limiten sus funciones y el fracaso escolar se disuelven en el grupo con más banderas que pensamiento. A todos les pasa lo mismo que a José Antonio: que, expulsados de la plaza pública por el Frente Popular, se echaron al Gólgota donde se matan españoles.

«Un hombre de bien»

José Luis Martín Prieto

"Falange, cuarenta años después", en "Gentleman" (revista).

Madrid, octubre 1973


Cuando en octubre de 1933, un hombre que se llamaba José Antonio Primo de Rivera pronunció un discurso electoral en el Teatro de la Comedia de Madrid, la verdad política siguió sin ser una entidad permanente. Cuentan así que, recién fundada Falange Española, un caballero de aspecto honorable, rigurosamente vestido, se acercó a las oficinas provisionales del partido, en la Cuesta de Santo Domingo, y metiendo la cabeza por la ventanilla de inscripciones, preguntó: “Por favor, ¿es aquí donde hay que apuntarse para matar albañiles?"

Probablemente, de haberle escuchado el propio José Antonio, le habría arrojado por las escaleras. Leyendo a los enemigos de Primo de Rivera es como mejor puede suponer quien no lo conociera que José Antonio era un hombre de bien.