Nuevas apuntaciones sobre José Antonio

 

Antonio Castro Villacañas
Vistazo a la prensa

EL 24 de abril de 1903 nació en Madrid José Antonio Primo de Rivera, una de las personalidades españolas que más han influído en la historia contemporánea de nuestra patria y en la de otros países hispanos, e incluso en algunos del Próximo Oriente. Si España estuviera gobernada por hombres y criterios simplemente normales, tal hecho sería motivo suficiente para que desde distintos ángulos se estudiara crítica y objetivamente su figura, su obra y su posible trascendencia. Pero como por desgracia rige entre nosotros la tremenda necedad de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, surgido desde la nada el año 1978 merced al hábil quehacer de dos o tres prestidigitadores políticos, tanto el gobierno "pepino" como la oposición "rojelia" han decidido que lo más útil para el pueblo español es que se hable lo menos posible de tal compatriota, y que si se habla algo de él procure hacerse de manera que disminuyan al máximo sus posibles valores positivos y atrayentes, con objeto de impedir o dificultar el contagio de su pensamiento y su talante, en verdad situados a años luz de los hoy por hoy políticamente correctos entre nosotros. Por eso, dando muestras de su peculiar espíritu democrático, el gobierno "pepino" ha rehusado emitir un sello con valor postal conmemorativo de este centenario, o pasar por TVE un documental sobre José Antonio, o recomendar que las universidades públicas dediquen o patrocinen la mínima atención académica a esta figura histórica, singular -entre otras muchas cosas- porque sólo en tres años de actuación pública, entre los 30 y 33 de su destrozada vida, consiguió remover la vida pública española e influir en ella y en la de otros países después de su muerte e incluso ahora...
Yo no puedo, por muchas razones, dedicar aquí y ahora más tiempo y espacio que el presente a este tema. Por eso me limito a decir dos cosas: una, que desafío a mis lectores -y a los políticos de cualquier signo- para que me presenten otro español de 30-33 años, vivo o muerto, que haya influido tanto como él en la transformación de España, y a que muestren otro político que haya, a esa edad, expuesto su pensamiento con tanta elegancia y tanto respeto a sus contrarios. Y otra, para mí definitiva: "tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un español tan claro, tan rico en aventura". Yo me enorgullezco de haberlo conocido a través de sus escritos, de haber difundido su pensamiento, de intentar seguir su estilo y ejemplo, y de continuar, mientras Dios me dé vida, en este menester activo y militante.