"Yo tenía un camarada..." Antonio Prada
Ángel Garralda
Te conocí siendo yo capellán en el año 1949 en el campamento Rey Pelayo, junto a
Pola de Gordón. Tú ejercías dotes de mando. Entre aquel mundo juvenil surgió la
amistad que nunca ha dejado de ser Joven.
Tu perenne sonrisa era la expresión de la alegría del alma, como tus ideales,
que siempre nos invitaban a trepar peñas arriba. Entre la disciplina y bellas
canciones en marcha se fraguó nuestra larga amistad, desde aquel amanecer de
España juvenil del Frente de Juventudes hasta vislumbrar el sol de la eternidad.
¡Qué bella es la muerte de los santos! Por eso hoy no quiero llorar tu muerte.
Prefiero acogerme a las palabras de María Jesús, tu esposa: «Estoy convencida de
que Dios me lo ha llevado».
y has caído enfermo del corazón. No podías morir de otra manera. España, otra
vez descoyuntada a pedazos y pateada. te ha obligado a morir de amor. Tu corazón
no ha podido resistir el discurso de los que se empeñan en llamar la atención
pretendiendo hacer un círculo cuadrado, cuando tratan de convencernos de que,
ahora, por primera vez, la paz puede ser obra de la injusticia del terrorismo
que sólo sabe matar.
Ya no leeremos tus breves e intensos escritos, de cuando en cuando, en LA NUEVA
ESPAÑA, ni oiremos el eco de tu voz siempre afable. Tampoco lloramos
enloquecidos con el tormento de los que no tienen fe ni amor porque supuran
mentira. Viviremos la alegría de la fe de un camarada que brilla entre los
luceros, porque te fuiste al puesto que tienes allí, después de haber vivido y
muerto en cristiano con todos los sacramentos. Como se vive, se muere.
Los que aquí quedamos seguiremos en marcha con bellas canciones en el alma,
porque el ayer sigue presente en una historia que se vuelve a repetir. Sabemos
que estamos de tránsito en este planeta, donde el tiempo huye veloz, viendo
volar los meses y los años. Y hacemos camino al andar hacia una meta que no
tiene fronteras, más allá del tiempo, en la eternidad. Así lo deseo, porque «yo
tenía un camarada entre todos el mejor ... », y por añadidura era avilesino de
nacimiento y de la parroquia de San Nicolás de Bari.
Hasta pronto, amigo y .de la misma quinta. Tu despedida ha llenado de oración el
templo de San Isidoro el Real de Oviedo. Entraste a hombros de tus hijos,
orgullosos de tal padre. Y sobre el féretro, una bandera de España con su escudo
de España, siempre sin cambiar de bandera.
Tan misterio es la vida como la muerte. Un misterio bañado en lágrimas, lágrimas
al nacer como señal de vida y también al morir como señal de nacer a otra vida.
Así es como los humanos lavamos nuestros errores con lágrimas que son dolor del
alma sangrante y arrepentida; es el clamor de la criatura al Creador, signo de
humildad del ser contingente ante el ser necesario omnipotente.
Adiós, amigo Prada. Como el sol se hunde al atardecer en el mar de tu niñez en
Salinas siendo anuncio de un nuevo amanecer, así me quedo mirando hacia lo
eterno tras tu adiós, hasta pronto. Cualquier día apagaré el fuego del
campamento,Tú, espérame.