Iraq; La luna y el sol deciden

Ismael Medina

vistazoalaprensa.com

Washington se aferra a la fecha del l7 de marzo para iniciar el ataque contra Iraq. Iraq, ayudado por Francia, Alemania, Rusia y China, trapichea con los inspectores de la ONU para, cuando menos, forzar en varias semanas el aplazamiento del ataque. Algunos gobiernos presentes en el Consejo de Seguridad pretenden lavarse las manos como Pilatos y proponen retardar cuarenta días la orden de entrada en acción de las fuerzas combinadas USA-Gran Bretaña. Todo gira en torno a la fecha límite del 17 de marzo que el gobierno Bush consideró desde un principio inamovible. Hemos de preguntarnos necesariamente: ¿Qué tiene de especial el 17 de marzo para que unos consideren inaplazable iniciar ese día la gran traca en territorio iraquí y otros, a la desesperada, persigan impedir que la enciendan desde la Casa Blanca?

Sucede que el 18 de marzo, según el incombustible Almanaque Zaragozano, fundando en 1840 por D. Mariano Castillo y Ociero, habrá Luna llena en Virgo. Y justamente una semana más tarde, el día 25, iniciará el menguante en Capricornio. ¿Habremos de atribuir a la casualidad que el mando militar norteamericano pretenda liquidar al régimen de Sadam Husein precisamente en siete días, a partir del 18 de marzo? ¿O deberemos otorgar un papel resolutivo en el conflicto a que la Luna sea llena en vez de nueva?

Existe amplísima bibliografía acerca de la influencia que las fases de la Luna ejercen sobre toda una serie de fenómenos de la naturaleza y comportamientos humanos, exagerados algunos de éstos por una cierta literatura fantástica. Pero es muy escasa aquélla que relaciona la Luna con el arte de guerrear y casi siempre referida a golpes de mano para los que resulta más apropiada la oscuridad de la Luna nueva que la claridad de la llena. No se entiende bien, sin embargo, que las fases de la Luna puedan influir en acciones armadas de alta tecnología como la que se avecina en Iraq.

Si uno de los más modernos satélites es capaz de fotografiar un sello de correos en cualquier lugar de la Tierra, debe darse por seguro que el Pentágono dispone de un mapa bastante exacto de los objetivos sobre los que lanzar cohetes teledirigidos de alto poder destructivo y algunos de ellos con gran capacidad de penetración. Si un satélite de la CIA al que se proporcione una determinada voz puede localizarla y seguirla, parece lógico presumir que los servicios secretos norteamericanos podrían conocer en cada momento dónde se encuentran dirigentes iraquíes. Electrónica y láser guían cohetes y aviones con precisión y un satélite proporciona también a los carros de combate y a la infantería el mejor camino a seguir en su avance. Aparatos de visión nocturna, válidos también para la niebla o las nubes de polvo, forman parte del equipo de las fuerzas especiales. No se entiende qué pueden importar las fases de la Luna cuando se dispone de tan espectaculares recursos tecnológicos.

EL FUEGO SOLAR

A menos de que exista una relación entre las fases lunares y los modernos ingenios electrónicos, para mí desconocida, la elección de la noche del 17 al 18 de marzo guarda mayor concomitancia con el Sol que con la Luna. De acuerdo con la experiencia de la Guerra del Golfo y de la realidad climatológica de aquellas zona, el periodo óptimo para el éxito de una operación de guerra como la planeada por el Pentágono se sitúa entre la primera Luna llena de marzo y la primera semana de abril, a partir de la cual las temperaturas se disparan hasta los 50 y 60 grados durante el día. Tales temperaturas condicionan seriamente las operaciones por tierra, indispensables para desmantelar los núcleos enemigos de resistencia y consolidar la ocupación.

Aunque Washington sostenga públicamente que las fuerzas desplegadas terminarán en siete días la liquidación de la resistencia iraquí, el plazo real que el Pentágono se ha marcado es de dos semanas. A primeros de abril deberían estar concluidas las operaciones. Incluso sería jugar con fuego, con el fuego solar en el desierto, el aplazamiento de diez días propuesto por Blair para obtener los nueve votos del Consejo de Seguridad que proporcionarían cobertura formal de la ONU a la intervención militar, de antemano decidida. Sadam Husein lo sabe y juega a dar carrete a los inspectores de desarme, muy interesados en la continuidad del programa “Petróleo por alimentos”, para forzar un aplazamiento que obligaría a USA a desmontar su dispositivo de ataque o a limitar su alcance. También lo sabe Francia, pues no en vano tuvo en tiempos intereses coloniales en Oriente Medio y ahora los tiene petrolíferos en Irak, y muy sustanciosos, gracias a su contribución al rearme de Sadam Husein. Y Rusia, que en un periodo no lejano también ayudó al régimen de Sadam Husein a armarse a cambio asimismo de voluminosas concesiones petrolíferas. Y Alemania. Y China... Los gobiernos interesados en mantener sus opíparas relaciones petrolíferas con el Iraq de Sadam recurrirán a cualesquiera ardides, incluido veto en el Consejo de Seguridad, antidemocrático y atrabiliario a estas alturas, para conseguir, cuando menos, un aplazamiento que haría difícilmente viable el plan norteamericano de ocupación. Es lógico que Washington se empecine en no conceder más de una semana de margen para que la ONU decida. La Luna y el Sol han marcado el tiempo. Y como reza la sentencia del Almanaque Zaragozano a pie de la página correspondiente a la Luna llena de Marzo, “en este mundo nada dura, quien hoy tirita, mañana suda”

LA INCÓGNITA DE BAGDAD

Hay otra cuestión de tiempo respecto al plazo que se han dado los norteamericanos para erradicar el régimen de Sadam Husein. Muy pocos especialistas ponen en duda que las fuerzas norteamericano-inglesas ocuparán prácticamente todo el territorio iraquí en siete días . O en catorce, todo lo más. Pero queda la incógnita de Bagdad y de alguna zona montañosa en que los kurdos pelean con las milicias terroristas islámicas. Todo depende de la voluntad de los iraquíes para combatir hasta la muerte, como les pide Sadam, y del número de ellos que estén dispuestos a hacerlo, sobre todo después que la cohetería de los asaltantes, cuyo margen de error de la guiada vía satélite se asegura que es de 5 centímetros, haya conseguido una destrucción selectiva y aparatosa del sistema defensivo iraquí en la capital y en el área montañosa.

Debe admitirse la eventualidad de que sea más consistente de lo presumido la fuerza dispuesta a inmolarse en lucha casa por casa en Bagdad y en las montañas del norte. La defensa habría de confiarse a los francotiradores capaces de causar bajas a los asaltantes en número suficientes para crear en USA una psicosis colectiva similar a la que se registró durante la guerra de Vietnam, con su riada de féretros. Es de presumir que también en este tipo de guerra habrán aprendido la lección los mandos del Pentágono, además de asimilar la experiencia de la guerra de las Malvinas en tierra y la más reciente de las represalias del Tsahal en zonas urbanas palestinas.

¿De qué armamento ligero disponen las huestes de Sadam Husein para este tipo de resistencia? En los desfiles y las manifestaciones de las milicias y la población a la que se ha repartido armas predominan dos tipos de armas ligeras: los fusiles Mauser K 98 y el subfusil AK 47.

Los Maúser K 98, calibre 7,92, los usaron los alemanes durante la II Guerra Mundial y la Unión Soviética y la Alemania del Este almacenaron ingentes cantidades, además de un número nada desdeñable de ametralladoras MG 32, también alemanas de la II Guerra Mundial y de igual calibre y efectividad que los fusiles. Con éstos último puede alcanzarse un blanco humano a 1.300 metros de distancia. Sólo les superan en alcance y precisión los pesados Barrett M82A1, calibre 50 Browing,, con un alcance de 2.000 metros de que están toados los tiradores selectivos norteamericanos .Un francotirador armado con Mauser K 98, el mismo que enarbola Sadam Husein en algunas de sus fotografías, dato a tomar en consideración, no precisa de un abundante abastecimiento. Se las arregla con una dotación que no dificulte sus movimientos.

El otro tipo de arma ligera que en gran número enarbolan milicianos y población civil armada es el subfusil AK 47, calibre 4,5, suministrado por Rusia. Estos subfusiles, a diferencia de los Mauser, precisan de muy abundante munición al disparar por ráfagas, salvo que esté en manos de un tirador adiestrado en su manejo. Serían relativamente eficientes para una defensa casa por casa confiada con preferencia a milicias aluvionarias. Exigirían, además, un apoyo logístico que los bombardeos habrían desbaratado casi por completo. Otro serio condicionamiento logístico a que haría frente la defensa casa por casa, o roca por roca en las montañas, provendría de la variedad de armas y calibres.

Resta por último la incógnita de si Sadam Husein ha reservado en depósitos secretos armas bacteriológicas y químicas con posibilidades reales de utilización contra las fuerzas asaltantes. Es una posibilidad que no cabe desdeñar dada la personalidad de Sadam Husein, a quien asesinatos y agresiones genocidas no parece que le conmuevan lo más mínimo. ¿Son demasiado optimistas quienes sostienen que USA tiene localizados todos esos depósitos y los destruirá en la primera oleada de bombardeos selectivos? ¿Pecan de crédulos aquellos cuyo antinorteamericanismo les hace creer a pies juntillas que Sadam Husein ha destruido todos sus arsenales de armas de este tipo? Salvo que Chirac, Schroder y Putin se sinceren y revelen lo que saben, la respuesta a estas dos inquietantes cuestiones la tendremos a partir de la Luna llena. O a lo más tardar, con el menguante en Capricornio. Y siempre antes de que el Sol caliente el desierto por encima de los 40 grados.