Tenebrosos ardores retrospectivos

 

Ismael Medina

 



El tren se deslizaba raudo hacia Despeñaperros bajo un cielo plomizo que ensombrecía el pespunteado gris plata de los olivos en interminable formación de gran parada primaveral. La misma geometría que me acunó, a poco de nacer, en el tránsito desde la raíz conquense de los chopos del Huécar al cobijo de la buena gente del pan y del aceite entre la que crecí. Un paisaje amigo y absorbente, recorrido año tras año durante las cuatro estaciones en aquellos trenes que vomitaban carbonilla y te la metían en los ojos cada vez que la ventanilla se desplomaba con estrépito o era imposible cerrarla, de tan dañada. Viejos trenes que arrastraban quejumbrosos vagones de tercera, con bancos corridos de madera, cada uno de cuyos departamentos se convertía en una transitoria y espontánea fragua de fraternidad entre gentes campesinas y de clase media baja que se ofrecían e intercambiaban lo que portaban en cestas, tarteras o coloreados pañolones para matar el hambre durante tan largo viaje: pan candeal, jamón, chorizo, lomo, tortilla de patatas y filetes empanados por lo general. Y también, para mí más importante y enriquecedor, sus historias. Un mundo fascinante y humanísimo de apuntes personales, algo así como piezas del gran rompecabezas del ser de España en cada estadio generacional. Ahora no. Ahora se puede viajar durante horas en cómodas butacas acolchadas si apenas intercambiar unas breves palabras de cortesía con el de al lado. Y ni tan siquiera eso las más de las veces. Hemos pasado de la humana projimidad a un feroz individualismo que convierte a la sociedad en depósito de cadáveres vivientes.

LAS REGRESIONES HISTÓRICAS SON SIEMPRE GROTESCAS Y TRÁGICAMENTE MONSTRUOSAS

ABSORTO iba en la contemplación de mis viejos paisajes, hoy rotos de vez en vez por alguna zona industrial o la fea uniformidad de los nuevos barrios de los pueblos en expansión, cuando, pasada la alta y cónica colina de arcilla roja que custodia Vilches y enfilado el festón ruinoso de las antiguas minas de Sierra Morena, abrí el periódico, incitado por lo que, en voz alta, comentaba un pasajero entrado en años con sus dos acompañantes: "Esto de Marbella se sabía desde hacía años; y ahora lo saca el gobierno para tapar la hijoputada del Estatuto catalán". Con `parecidas palabras lo había escuchado más de una vez los días anteriores en los bares de mi primera tierra de adopción. Pero atrajo más mi interés este otro comentario del mismo personaje, empeñado al parecer en que todos nos percatáramos de sus criterios y negocios: "Y ahora este mamón de Zapatero quiere hacernos volver a la República que nos llevó a la guerra civil y empapó de sangre todos los surcos de España".
Tomé el periódico y leí en un grueso titular que había proferido Rodríguez Zapatero: "La España de hoy mira a la España de la II República con reconocimiento". Me acometieron ganas de vomitar. Y más aún cuando entré en el texto: "La República Española es la experiencia del único periodo democrático que podemos contemplar en una mirada hacia nuestro pasado". ¿Hasta tal extremo llega la ignorancia histórica de este majadero?, me pregunté consternado, pese a que sus dos años de demencial presidencia del gobierno y de encadenar sandeces apenas di deja resquicio alguno para el asombro.

Me venían en tropel a la memoria las hoscas vivencias de una infancia transcurrida bajo banderas y banderías republicanas. Y para ahuyentarlas tomé el libro "Otra Europa", de Czeslaw Milosz (Tusquets Editores) y me embebí en su apasionante lectura. A poco tropecé con un párrafo que me devolvió a la cruda realidad del despeñadero por el que se precipita España. Reflexionaba Milosz acerca de la esperanza de los emigrados polacos en la liberación que habría de llegarles tras la derrota de Rusia y Alemania, convencidos de que sucedería igual que una vez terminada la primera guerra mundial: "Pero, como se ha dicho, cada pieza no aparece más que una vez en la escena de la Historia; si se la vuelve a jugar, elementos grotescos y sangrientos se mezclan a la tragedia (Š) Confesarse que se ve y se comprende el error de los que vuelven a viejas actitudes es casi monstruoso cuando esas actitudes son las de una colectividad humillada y perseguida".

Se ha repetido tantas veces que se ha hecho tópico aquello de que están forzados a repetirla los pueblos que olvidan su historia. Pero aún más monstruoso resulta que se pretenda retornar a una lejana Historia que no lo es. A una Historia falseada por ignaros, chaqueteros con mala conciencia, esnobistas que se dicen de izquierdas, memorialistas que ocultan todo aquello susceptible de sonrojarles, trepadores de bolsillo abierto y memos capaces de creer, sin asomo de duda, que la II y III Repúblicas fueron el País de las Maravillas en el que vivió feliz una Alicia con gorro frigio y escapulario de Santa Pasionaria. Cuando leo o escucho tan grotescas deformaciones me preguntó si las dos Repúblicas que yo viví (la de 1931 a 1936 y la de 1936 a 1939) y la ensoñada como una por Rodríguez y demás comparsas neoizquierdistas, neocentristas y neoderechistas fueron coincidentes en el tiempo y en la geografía. ¿Las viví yo en un lejano planeta al que alguien tuvo la humorada de llamar España, o su Memoria Histórica, que ahora se persigue encorsetar arqueológicamente en ley imperativa, la ha novelado para consumo de los actuales habitantes de la granja orwelliana uno de aquellos resentidos amanuenses que reescribían la de la Unión Soviética tras cada sangrienta purga estaliniana?

MONARQUISMO DESALMADO Y REPUBLICANISMO ILUMINISTA

RODRÍGUEZ aseveró desde la tribuna del Senado, mera cámara de disciplinadas resonancias, que la Constitución de 1931 "iluminó muchos aspectos de la Constitución de 1978, como todos conocemos". Es la única certeza que cabe entresacar de su intervención, aunque desconfío que haya penetrado hasta la entraña iluminista del continuismo entre ambas, sólo conocido, o reconocido, por historiadores que no han vendido su independencia.

La II República nació de un golpe de Estado propiciado por el vacío político que generó la Monarquía de Alfonso XIII y la traición de los políticos en que éste había confiado para desentenderse de la Dictadura del general Primo de Rivera que el propio monarca había promovido. Así son los Borbones y así la clase política de entonces y de ahora, aunque en aquella descollaran personajes con una capacidad intelectual respecto de la cual resulta aquejada de enanismo la de ahora. Pero incapaces asimismo de gestionar una saludable democracia.

Dos grandes vicios, entre otros no menores, aquejaron la Constitución de 1931, reproducidos y agrandados por la de 1978: un anti visceral, enfermizo y resentido respecto de la Dictadura del general Primo de Rivera, durante la cual había prosperado España de manera llamativa; y una demagógica impregnación laicista y de desmontaje histórico que el Grande Oriente de España impuso en las Cortes Constituyentes por medio de sus diputados pertenecientes al G.O.E. y a la Gran Logia. 151 en total cataloga la profesora María Dolores Gómez Molleda, autora de "La Masonería en la crisis española del siglo XX" (Ed. Universitas), libro imprescindible para conocer la influencia resolutiva que los masones tuvieron en sus respectivos partidos: 43 del Partido Radical, 35 del PSOE, 30 radical-socialistas, 16 de Acción Republicana, 11 de Ezquerra Republicana, 7 del Partido Republicano federal, 3 de la Agrupación al Servicio de la República, 3 de la ORGA gallega, 2 de los independientes y 1 de los liberal-demócratas. No fue exagerado que aquel primer parlamento fuera conocido como la Logia Parlamentaria.

Ricardo de la Cierva ("Masonería Invisible". Editorial Fénix, libro asimismo imprescindible) subraya que la II República (1931-1936) "representa el tercer apogeo masónico en la historia de España, después del primero en 1820-1823 y del segundo en 1868-1874". Y que los tres desembocaron en guerras civiles. Seis ministros del primer gobierno provisional eran masones y siete en el segundo, amén de cinco subsecretarios, quince directores generales y un buen número de altos cargos. En la distribución de carteras se hicieron perceptibles de inmediato las preferencias masónicas, comunes a todos los gobiernos "progresistas" de cualesquiera países: Educación, Justicia y Defensa, según la actual nomenclatura.

Admitido que, como afirma Rodríguez y está constatado, la Constitución de 1931 "iluminó" la de 1978, cabe preguntarse cuántos masones figuraban entre los redactores de esta última. O "iluministas" que sin ser masones obedecían a parejas directrices a través de otros brazos de la Orden como pudieran ser, por ejemplo, el Club de Bilderberg y la Comisión Trilateral. ¿Y cuántos, conocidos o no, hay en el actual gobierno Rodríguez, del que, con su mayoría parlamentaria coaligada, amén de los infiltrados en la oposición, podría decirse, en seguimiento de Ricardo de la Cierva, que representa sin lugar a dudas el cuarto apogeo masónico en la historia de España?

UN PASO MÁS HACIA LA CONSOLIDACIÓN DEL TOTALITARISMO ANTIESPAÑOL

DIVERSAS circunstancias retrasaron esta semana mi cita con Vistazo a la Prensa. Y cuando esta mañana del Viernes de Dolores me disponía a reemprender la tarea saltó la noticia del enjuto, pero muy significativo, reajuste de gobierno decidido de improviso por Rodríguez ante la necesidad, según se dice, de desembarazarse de Bono tras la trifulca que ambos protagonizaron la noche del jueves. Debió ser tan enconada que Rodríguez no asistió a la cena ofrecida por el monarca al corrompido, corruptible y corruptor Secretario General de las Naciones Unidas, pese a existir tan grandes afinidades sectarias y prácticas entre el inquilino de la Moncloa, "por accidente", y Kofi Annan.

Antes o después explicará Bono las causas reales del rifirrafe con Rodríguez y de su forzada salida del gobierno. ¿O en vez de enfrentamiento hubo una minuciosa negociación de opciones políticas de cara a las Elecciones de 2007 y el diseño de una estrategia a medio plazo para ganarle la partida al PP en Madrid, para reforzar la dimensión totalitaria del gobierno y apuntalar el desgarramiento de España en nacioncillas igualmente despóticas? Bono es un consumado pastelero político. Algo así como el hombre de las mil caras. Lo mismo se viste de cristiano que de marxista, de vendedor de armas o de ultrapacifista. Se envuelve en la Bandera Nacional frente a los separatismos y vota sí al disolvente Estatuto de Cataluña. Hace causa común con Rodríguez en la retirada de Iraq, al tiempo que refuerza la presencia en Afganistán o envía la fragata "Alvaro de Bazán" para integrarse en la flota norteamericana que respalda la presencia militar terrestre y aérea en el antiguo feudo tiránico de Sadam. Tanto le da regalar relojes a los campesinos jubilados manchegos para que le voten como chalanear con el capitalismo especulador, siempre a costa de las arcas públicas. Igual se abraza al Borbón que negocia en los subterráneos el advenimiento de una III República, que en realidad sería la IV. No importa tanto que se haya ido del gobierno como conocer para qué se ha ido. Bono no da puntada sin hilo de oro. Se rumorea que ha pactado con Rodríguez encabezar la candidatura socialista para la ansiada Alcaldía de Madrid frente a su fraternal Ruiz-Gallardón. No lo creo, salvo que éste, reventado interiormente el PP, desbancara a Rajoy. La batalla electoral entre Bono y Ruiz-Gallardón sería una lucha fratricida. Más me casa que suplante a Simancas frente a Esperanza Aguirre. O que vaya a Washington de embajador para pelar la pava con Bush bajo el paraguas de los servicios prestados a los USA desde el ministerio que abandona. Bono es un aprovechado camaleón siempre disponible. Es el hombre araña del P(SOE).

Lo más perturbador para el ya incierto futuro de España y para lo poco que a los españoles nos resta de libertad son los encajes de Alonso en Defensa y de Pérez Rubalcaba en Interior. Un triángulo estremecedor si a los dos se añade el hermano instalado en Justicia. Alonso hará lo que le pida Rubalcaba, sobre todo en dos frentes: la utilización del CNI para reducir cualquier tipo de oposición y la disolución de la Guardia Civil mediante la creación de un nuevo y único cuerpo con la Policía Nacional, combinado con la transferencia total de funciones de seguridad a las taifas que, en seguimiento de Cataluña, emergerán también como "naciones". ETA, por ejemplo, no desaparecerá. Sus redes de asesinos se integrarán en las milicias "gudaris" del Estado de Euskadi.

Se ha dicho de Pérez Rubalcaba que recuerda la figura del francés Fouché. ministro de Policía con el Directorio, con Napoleón y con Luís XIV gracias a su habilidad para fabricar golpes de Estado sobre los que cabalgar. Su ambición es ilimitada y le ha llegado la ocasión de salir de la trastienda, hábilmente trabajada, de director de orquesta en los subterráneos del poder. Tengo para mí, sin embargo, que la personalidad de Pérez Rubalcaba cuadra más con la de Laurenti Paulovich Beria, la cual se habría manifestado plenamente de haber tenido su edad actual en la III República o República Popular. Carente en absoluto de frenos éticos en el ámbito de la acción política, Pérez Rubalcaba trastocó los resultados electorales del 14 de marzo de 2004 mediante un procaz aprovechamiento de las matanzas en los trenes de Madrid. Ahora se valdrá del CNI y del poder en el ministerio de Interior para taponar las fisuras que amenazan con descubrir la cada vez menos oscura trama de aquella sangrienta conspiración sin la cual no estaría el P(SOE) en el gobierno ni habríamos asistido al despedazamiento estatutario de España.
Conoce de sobra Pérez Rubalcaba que los ministros de Interior de Aznar cometieron el tremendo error de creer en el Estado de Derecho, lo que les impidió proceder a una profunda depuración bajo apariencia burocrática de la red de fieles que en el CESID, la Guardia Civil y la Policía Nacional se había creado bajo los gobiernos de González y de la que los GAL fueron sólo una parte. Ahora asistiremos a una solapada depuración o anulación bajo sórdidas amenazas de profesionales no politizados a los que en los ámbitos moncloacas se atribuyen las filtraciones que procuran material para las revelaciones en los medios no sometidos, las cuales, en razón de sus consistencia, han aconsejado al Juez del Olmo abrir un camino de indagación más veraz que el de la trama islámica a la que fue conducido por el muy estudiado falseamiento de pruebas. No es descartable la hipótesis de que Bono se haya "sacrificado" temporalmente, sabedor del riesgo de que la verdad de la conspiración del 11 de marzo se conozca finalmente y el andamio del golpe de Estado construido sobre tanta sangre vertida aquel día se venga abajo con estrépito, arrastrando consigo a un socialismo que hace largo tiempo perdió sus auténticas señas de identidad. Aquellas mismas que Rodríguez intenta rescatar con el retorno a la III República, de la que fue la II mera plataforma estratégica. Poner en las manos totalitarias de Pérez Rubalcaba todo el poder policial es para mí la verdadera causa del mínimo reajuste gubernamental el Viernes de Dolores, que lo será en grado sumo para España.

PUESTA EN MARCHA DE OTRA REPÚBLICA INTERCAMBIABLE

ANTONIO GARCÍA TREVIJANO explayó una feroz crítica sobre la deriva hacia el caos que Rodríguez encabeza facialmente en su función de títere adoctrinado. Lo hizo en el acto conmemorativo del 75 aniversario de la proclamación de la II República. La intervención de García Trevijano bajo el título de "La III República Constitucional" fue en realidad el manifiesto de un movimiento político que persigue la sustitución del actual sistema de totalitarismo partitocrático por una República presidencialista susceptible de incorporarse al proyecto giscardiano de Constitución europea.

"La historia de la República en España se asocia a la historia de dos fracasos". afirma el antiguo miembro de la Junta Democrática que postulaba la ruptura, y no la reforma, tras la desaparición de Franco. En realidad fueron tres, como sostengo desde hace decenios: las dos de apogeo masónico señaladas por Ricardo de la Cierva y la Popular en que conspicuos masones de alcurnia favorecieron su sovietización. ¿Sería distinta en su entraña de la República patrocinada por García Trevijano o sólo un cambio de fachada, exigido por el fracaso de la Monarquía republicana actual, según definición de Rodríguez y complaciente admisión del monarca?

La crítica despiadada de García Trevijano al actual sistema de república coronada que destruye la unidad de España es fácilmente asumible por muchos de nosotros. Pero los mimbres institucionales de futuro que oferta carecen de novedad. Aunque menos degradados en algunos países respecto de los que naufragan en otros, ya no valen las fórmulas tópicas de la democracia liberalista en la actual coyuntura de cambio de ciclo histórico. Hay que inventar para el tiempo que viene una novedosa e imaginativa estructura de democracia funcional y participativa. Ya no valen parcheamientos ideológicos. El ciclo histórico de civilización del racionalismo relativista está en la UVI de la Historia y propuestas como la de García Trevijano, aun siendo retóricamente atractivas en cuanto negación del sistema degenerativo que nos asfixia, equivalen a retardar su periodo agónico mediante respiración asistida.

"Ni la unidad nacional de España ni la democracia, por la propia naturaleza histórica o formal de sus respectivas realidades, son susceptibles de negociación", nos dice García Trevijano, tras advertir que "la Constitución ya no es un texto intocable, ni sirve para satisfacer las ambiciones de los propios partidos que la fraguaron", cada uno de los cuales "busca su tajada". Concluye al hilo de la claudicación de Rodríguez y sus esbirros ante ETA y sus amparadores nacionalistas: "Un final del terror negociado por los terroristas con el Gobierno, no anuncia el fin de un conflicto bélico inexistente, ni presagia una repetición de la opereta romántica del Estatuto nacional de Cataluña. Lo que se proyecta es una amputación orgánica de la libertad constituyente de todos los españoles".
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CUANDO ESPAÑA ESTÁ EN PELIGRO SÓLO PODEMOS SER ESPAÑOLES

PERO es España la que está en peligro de desaparición y con ella la libertad constituyente que le es subsidiaria, añado con plena y compartida convicción. Lo que me lleva a "La soñarrera" de Joan Pla y su coincidente acusación de que "lo triste es vivir todavía en un país de bandas y de bandidos". De bandas y de bandidos sanguinarios. Y de bandas y bandidos políticos, instalados sobre la corrupción, la traición, el deshonor, la mentira y la mugre.

Ya no es hora de discernir sobre si somos azules o rojos ni si nuestros talantes difieren o coinciden. La dramática coyuntura histórica que vive España nos sitúa ante el ineludible imperativo de ser y sentirnos simplemente españoles. El problema a que nos enfrentamos quienes asumimos nuestra entera Historia, con sus luces y sus sombras, no es otro que unirnos con lucidez y vehemencia para impedir el hundimiento de España y el total arrumbamiento de las libertades esenciales que son las que realmente importan. Tampoco es hora de intercambiar sinceramientos de admiración y afecto personales por encima de las diferencias. En coyunturas trágicas para el común destino no resta otra opción que enhebrar, cada cual en su parcela, pensamiento y acción, encaminados a remontar la corriente enfangada de los sayones de la contrahistoria. Ese ha de ser, sin dilaciones, nuestro punto de encuentro en cualesquier ámbito

EL VERDADERO AYER HACIA EL QUE NOS EMPUJAN

LAS anteriores reflexiones, azuzadas por la tenebrosa cascada de acontecimiento en que me he sumergido tras casi una semana de asueto familiar, ha desviado el propósito inicial de esta crónica, nacida a caballo de los recuerdos desempolvados durante el recorrido por los escenarios de mi infancia y mi juventud, así como de las conversaciones con los supervivientes de aquella generación que perdió prematuramente la inocencia con el alborear de la II República y el horrísono estallido de la III.
Años aquellos de incendios, asesinatos, desorden, censura, enconados enfrentamientos y rudas represiones al amparo de la arbitrariedad del poder otorgada por la Ley de Orden Público y la Ley de Vagos y Maleantes.

El talante de la izquierda en la II República lo manifiesta la frase que escuché a un candidato durante un mitin del Frente Popular en vísperas de las elecciones de febrero de 1936. El cine El Norte, en el que me había colado con parte de mi pandilla, lo llenaba una multitud de hambrientos y explotados jornaleros, cada vez más excitados por la abrupta demagogia de los oradores. Me aterrorizó tanto la terrible incitación de aquel energúmeno que jamás pude olvidarla: "Para segar los trigos usad las latas de gasolina y las cajas de cerillas. Guardad las hoces para segar las cabezas de los burgueses". Así vino lo que vino. Y ésa es la verdadera faz revolucionaria de la República que Rodríguez y congenie persiguen desenterrar del pudridero histórico.

"Dejando atrás los vientos" ha titulado el siempre cínico Alfonso Guerra su segundo libro de memorias, en el que falsea y esconde de nuevo sus graves responsabilidades y el hedor de un socialismo a cuyo más violento pasado, insisto, pretende Rodríguez devolvernos. Los vientos no se dejan atrás cuando rebotan sobre el muro de la sinrazón, de la falacia y del resentimiento. Se tornan asaz más tormentosos y malolientes.