Memoria histórica
Alfonso Ussía
Desde su ingreso en la cárcel y
checa de San Antón, el 1 de agosto de 1936, Muñoz-Seca escribe a su mujer tres
cartas y cuarenta y una tarjetas postales. Apenas se registran rasgos de humor
en sus escritos. Como buen andaluz soporta mejor el calor que el frío. Por la
brevedad del espacio en blanco de las postales, su correspondencia se limita a
la exposición de sus necesidades. Ropa de abrigo, mudas, medicinas para su
úlcera de estómago, agua mineral y latas de conserva. En casi todas las
comunicaciones hace referencia a Dios. En veinte de las postales, para
tranquilizar a los suyos dice «estar bien y haber engordado». Desde el 1 de
agosto al 28 de noviembre, madrugada de su asesinato, perdió 29 kilogramos de
peso. Peticiones en todas las postales de tranquilidad a su madre, que vive en
el Puerto de Santa María. De repente, en una postal, un golpe de humor. Le pide
a su mujer que le envíe a la cárcel una de sus bigoteras. Sus bigotes se
desmoronan. «Estoy harto de meter los bigotes en la sopa del rancho». Y le llega
la bigotera, recuperando su personalidad. Meses más tarde, en el alba de su
fusilamiento, antes de ser empujado a la trasera del camión de la muerte, el
miliciano «Dinamita» le ata las manos brutalmente a la espalda con un bramante
que le alcanzaba las venas, y entre el alborozo de sus compañeros, con unas
tijeras le cortó los bigotes. «Para donde vas, no te van a hacer falta». De esta
forma, también humillaron su estética antes de asesinarlo.
El trayecto de San Antón a Paracuellos del Jarama, lugar en el que las
expediciones de presos controladas por Santiago Carrillo se detenían para
fusilar a los expedicionarios, lo hizo con las manos atadas. Allí fue liberado
del bramante y le permitieron fumar un cigarrillo mientras presenciaba las
primeras descargas contra inocentes de los amables pelotones del Frente Popular.
Muñoz-Seca pasó su cautiverio en el Departamento 2 de la planta baja de San
Antón. Tiene al principio, como compañeros de celda, a ocho oficiales de la
Armada, y a los hijos de l5 y 13 años de un oficial del Ejército de Tierra.
También, en la misma celda, están confinados José Arizcun, el sacerdote Tomás
Ruiz del Rey, Julián Cortes Cabanillas y el actor Guillermo Marín, padre del
actual portavoz del Partido Comunista en la Asamblea de Madrid. Todas las
tardes, con su melena blanca desvencijada, aparece por San Antón el escritor
Pedro Luis de Gálvez, que debía a Muñoz-Seca múltiples favores. «A éste que
nadie lo toque. A éste lo voy a matar yo personalmente, ¿verdad maestro?». Y
Muñoz-Seca le respondía: «Honradísimo Gálvez, honradísimo».
En ABC, durante una «Noche de los Cavia», me contó Cayetano Luca de Tena.
también compañero de checa de Muñoz-Seca, que sólo en una ocasión se lo encontró
llorando. Fue el día en que supo que sus ocho compañeros de celda de la Armada y
los hijos del oficial del Ejército habían caído en una de las primeras sacas. En
aquella ocasión escupió en el rostro de sus carceleros, y éstos lo tumbaron de
un puñetazo. En el Puerto, el hermano menor de Muñoz-Seca, José, hace gestiones
con Vicente Alberti, hermano de Rafael, para que éste se interese por don Pedro.
Alberti no se dio por enterado.
En las cartas de noviembre se adivina la desesperanza. Pero ya no le llegan a su
mujer. Gracias a un diplomático mejicano, que hacía de correo de presos, la
mujer de Muñoz -Seca recibiría esas postales y la última carta tres años
después, en 1939. Se ahorró el sufrimiento. El 26 de noviembre es «juzgado» por
un tribunal popular y condenado a muerte «por fascista, monárquico y enemigo de
la República». El 27 es llamado por el director de la checa. En la madrugada del
28, se encierra en su celda con el sacerdote Tomás Ruiz del Rey. A las dos de la
mañana, le escribe a su mujer la última carta. No le tiembla la mano y su
caligrafía es perfecta.
«No te olvides de mi madre. Procura que Pepe mi hermano me sustituya en los
deberes para con ella. Y tú, dile cuando la veas, que su recuerdo ha estado
siempre conmigo. Nada tengo que encargarte para los niños. Sé que todos ellos,
imitándome, cumplirán con su deber. Siento proporcionarte el disgusto de esta
separación. Pero si todos debemos sufrir por la salvación de España, ésta es la
parte que me ha correspondido. Benditos sean estos sufrimientos».
Después de las palabras de despedida, añade una posdata y la fecha. «Como
comprenderás, voy muy bien preparado y limpio de culpas. 28 de noviembre».
Le quitaron la maleta, los abrigos, el reloj y sus objetos personales. Le
cortaron los bigotes. Al llegar a Paracuellos fumó. Tiró el cigarrillo y dijo,
«cuanto antes». Gritó «Viva España y viva el Rey» y su cuerpo se quebró con la
descarga. El tiro de gracia se lo dio, con mucho talante, un oficial de las
Brigadas Internacionales. Está enterrado en una fosa común de Paracuellos del
Jarama.
Memoria histórica.