Carta abierta al Presidente de Gobierno
Rosa Díez
Querido presidente, te escribo
esta carta abierta porque voy a hablarte de un asunto que tiene alcance público
y porque su contenido es plenamente político. Espero que sigas compartiendo
conmigo la opinión de que la política ha de desarrollarse en la plaza pública.
Quiero llamar tu atención sobre la entrevista realizada el pasado domingo día 5
de febrero en el diario 'Gara' a José Antonio Pastor, secretario general del
Partido Socialista de Euskadi en Vizcaya y portavoz del PSE en el Parlamento
vasco.
La gravedad de algunas de las aseveraciones realizadas por este dirigente del
PSE, la incompatibilidad de su posición con el compromiso que has reiterado para
con las víctimas del terrorismo y su memoria, y tu silencio al respecto, me hace
pensar que no conoces el contenido de la entrevista. Sólo a modo de ejemplo
quiero destacarte uno de sus párrafos:
'Pregunta: El Comité Nacional de este sábado abordaba que si va a haber medidas
de flexibilización en la situación de los presos, que se consulte con las
víctimas...
Respuesta: Es una reflexión que aparece en uno de los documentos de trabajo. La
situación política vasca tiene dos momentos
importantes: el momento en el que se puede iniciar el proceso de paz, pero
evidentemente hay un día después. Y ese día después, ese proceso de
reconciliación que no va a ser fácil, necesita del concurso de las más de 1.000
víctimas del terrorismo y necesita también de ejercicios de generosidad y de
flexibilidad por parte de todos.
Hay que atender el criterio de las víctimas, que básicamente piden que se les
reconozca el daño causado y se les pida perdón; pero, por otra parte, también
hay que pedirles una cierta dosis de generosidad, a ambos sectores que, si se
quiere, los personalizamos en las víctimas y en los presos de la banda
terrorista ETA que, de una forma u otra, en función de las circunstancias de
cada uno y a lo largo del tiempo, deberán ir reintegrándose con cierta
normalidad a la vida política.
Claro, es muy difícil conjugar dos mundos que han estado tan apartados y en el
que unos han sido víctimas y otros básicamente verdugos, y eso va a exigir
muchas dosis de diplomacia, generosidad, mano izquierda y sentido común. Es
cierto que a las víctimas hay que escucharlas y tenerlas en cuenta a la hora de
aplicar estas políticas, pero no pueden convertirse en un agente político activo
en un proceso de paz; no lo han sido en ningún proceso del mundo'.
Creo presidente que no es preciso hacerte ningún comentario adicional. No
necesito expresarte hasta qué punto me resulta descorazonador que esas palabras
salgan de la boca de un dirigente del Partido Socialista, de mi partido, de un
partido en el que milito desde que era una cría, en el que militaron mis padres
antes que yo, de un partido que ha sido todo en la defensa de las libertades.
No necesito explicarte que me siento también profundamente desolada porque creo
que esas palabras ofenden a la inmensa mayoría de nuestros militantes, de
nuestros votantes, de la buena gente de toda España a la que representamos
precisamente para hacer cumplir las leyes, para defender tanto la justicia y la
igualdad como la memoria y la dignidad de aquéllos a los que el terrorismo quitó
la vida, de todos aquéllos que nacieron huérfanos como consecuencia del
fanatismo de ETA. Y también para lograr la libertad de todos aquéllos que aún
hoy viven sometidos al terror y la extorsión.
Verás, presidente, éste no es un debate teórico o táctico. No estamos, a mi
juicio, ante una cuestión de las opinables, de ésas que pueden discutirse desde
un punto de vista más o menos emocional o más o menos pragmático.
Que un dirigente de mi partido haga un discurso en el que se equipara a las
víctimas con los verdugos, que se piense –y se diga hablando de ellos– que son
«dos mundos que han estado tan apartados», como si lo hubieran estado por una
decisión tomada voluntariamente por cada uno de ellos, como si ambos –víctimas y
verdugos– fueran igualmente responsables de la situación en la que se
encuentran, como si las víctimas hubieran llegado a serlo por un problema de
incompatibilidad política, de mala suerte o de una jugarreta del destino, es
algo que me resulta imposible de entender e imposible de aceptar.
Declarar, como hace Pastor, que en esos dos mundos unos 'han sido víctimas y
otros básicamente verdugos' es directamente una infamia; negarles a las víctimas
su capacidad para ser agentes políticos, a la vez que se reconoce a los verdugos
su derecho a reintegrarse en la vida política, requiere una dosis de
irresponsabilidad o de falta de lógica democrática difícilmente superables.
Presidente, yo te he oído muchas veces comprometerte a mantener viva la memoria
de las víctimas, a defender la justicia y la verdad. Es más; he visto con qué
ahínco defiendes la recuperación de la memoria de las víctimas de la Guerra
Civil, la memoria de aquéllos a los que la Historia oficial convirtió en
transparentes. No me cabe en la cabeza, no me puedo creer, que compartas esta
reflexión de los actuales dirigentes del Partido Socialista de Euskadi.
Tú y yo hemos tenido complicidad política en muchas cuestiones fundamentales. Tú
sabes que he apoyado y defendido ante dirigentes del PSE decisiones estratégicas
que tomaste cuando eras el líder de la oposición, tales como el Pacto por las
Libertades y contra el Terrorismo o la Ley de Partidos. Yo no creo, no puedo ni
quiero creer, que tu posición al respecto haya cambiado hasta el extremo de que
te pueda parecer poco importante la cuestión sobre la que hoy llamo tu atención.
Presidente, no te hablaría de esta cuestión si pensara que la entrevista
constituye un hecho aislado. No es así. Se suma a otros acontecimientos
recientes que muestran que hay una reflexión de fondo en el Partido Socialista
de Euskadi que les lleva a procurar maquillar la historia.
Eso explica su empeño en pervertir el lenguaje: dado que ya no es posible hacer
invisibles a las víctimas han decidido hacer invisibles a los verdugos. Por eso
en el documento discutido por el último Comité Nacional se denomina a los
asesinos como 'aquéllos que la Justicia determinó que eran los asesinos',
mientras que las víctimas pasan a ser 'quienes tienen la consideración de
víctimas'. Y en esa misma lógica de relativismo absoluto se enmarca la
entrevista de Patxi López en 'Gara' en la que no negaba la posibilidad de un
futuro acuerdo de gobierno con Batasuna.
Hay cosas, querido José Luis, que no pueden estar sometidas al relativismo o a
la coyuntura. Algunas cosas debieran, como diría Mario Onaindía, «ser sagradas
también para los laicos». Entre ellas la verdad, la memoria y el honor de las
víctimas. No es aceptable tanto relativismo, tal falta de piedad hacia la gente
que ha sufrido la persecución o los zarpazos del terror. No es moralmente
aceptable. Y es la peor herencia que podemos dejar a nuestros hijos. No lo debes
tolerar.
Te pido disculpas si esta carta abierta te causa alguna incomodidad. Habrá quien
piense que diciendo en público estas cosas se hace daño al Partido Socialista.
Yo creo que a nuestro partido se le hace daño, se le traiciona, si nos callamos
ante la falta de pudor de alguno de nuestros dirigentes. Confío en que tú lo
entenderás también así. Recibe, como siempre, un fuerte abrazo. Y toda mi
consideración.
Postdata. Escribí esta carta hace ya más de una semana. Después pensé que quizá
fuera excesivo apelar públicamente al presidente del Gobierno. La guardé. Hoy he
leído que un grupo de parlamentarias del PSE, con conocimiento de la dirección
del partido, negocia con Batasuna un documento sobre eso que se ha dado en
llamar «el proceso de paz».
Por si fuera poco grave que el PSE negocie con una organización terrorista
cuestiones políticas –cosa que siempre se ha negado desde el Ejecutivo que
presides–, en el texto conocido se afirma
que: «todos los proyectos políticos se pueden y se deben defender sin que se
imponga ninguno, buscando un escenario democrático que garantice su desarrollo».
Traduzcamos, presidente: si hemos de buscar un escenario democrático que
garantice el desarrollo de todos los proyectos políticos es que ahora no existe
ese marco político. O sea, que no hay democracia. O sea, a una parte de las
opciones políticas vascas se les ha negado su derecho a estar presentes en la
vida política. O sea, hay que cambiar las instituciones democráticas porque así
lo pide ETA. O sea, hay que aceptar que ETA tenía sus razones para matar...
Al tener conocimiento de este hecho he comprendido, Presidente, que si nosotros
callamos, los que defienden la ignominia y la rendición desde las filas de
nuestro propio partido seguirán avanzando. Por eso he decidido finalmente
enviarte esta carta.
Presidente, durante 30 años de nuestra vida, ante cada muerto, ante cada viuda,
ante cada madre, nos hemos prometido memoria, dignidad y justicia. Presidente,
quiero que sepas que vamos a cumplir nuestra palabra. No vamos a estar callados.
No vamos a permitir, sin hacer oír nuestra voz, que se construya un escenario en
el que nuestros propios compañeros traicionen lo más sagrado. No nos han matado
para esto. No nos han perseguido para esto. Tenemos hijos, presidente. Durante
toda su infancia hemos tenido que quitarles, día a día, el miedo. No vamos a
permitir que en ellos se repita nuestra historia. Por eso, no nos vamos a
callar.
Presidente, hay cosas que sólo tú puedes hacer. O evitar que se hagan. Creo que
ha llegado el tiempo de decírtelo.
Un abrazo.