Ante la LOE
Antonio Cañizares
Arzobispo de Toledo
Hoy, un número grande de ciudadanos va a manifestarse por algunas calles de
Madrid defendiendo sus derechos en materia de enseñanza frente a la LOE. Serán
miles de padres, miles de alumnos, miles de profesores, responsables de
instituciones y asociaciones educativas libres. Una manifestación democrática
con medios democráticos, que una sociedad democrática garantiza para defender
unos derechos fundamentales, tutelados por la Constitución, que ven en peligro,
no suficientemente recogidos, reconocidos, protegidos, ni salvaguardados, con la
claridad y amplitud que merecen, en el Proyecto de nueva Ley Orgánica de
Educación (LOE) la quinta en un tiempo récord de menos de cinco lustros.
Mientras la Constitución española, que regula y garantiza, entre otros, los
derechos humanos básicos sobre enseñanza, lleva ya, inalterable, más de
veinticinco años –y ojalá que no se modifique–.Tanta legislación de carácter
orgánico, si contar la inmensidad de reales decretos y órdenes de rango menor
emanados por los sucesivos gobiernos, pone de manifiesto que seguramente no se
está legislando adecuadamente en esta materia, que no se acierta de modo
satisfactorio y suficiente en la garantía de los derechos fundamentales ni en la
respuesta requerida a las necesidades de la enseñanza. Se está legislando con la
mirada puesta en los intereses de los grupos políticos e ideológicos, y no en
las personas, en su bien, en las necesidades que tienen éstas y la sociedad en
el campo educativo. Se diga lo que se diga, el proyecto de la LOE no contempla
suficientemente la calidad de enseñanza que requieren los chicos y que no se les
puede hurtar. Fracaso escolar, bajísimo nivel de conocimientos y, sobre todo,
quiebra moral, quiebra humana, quiebra de sentido de la vida, en tantos y tantos
niños, adolescentes y jóvenes, indican que no podemos continuar así, pero somos
muchísimos, más de lo que parece, los que pensamos que el proyecto de la LOE no
es solución. Vacío, nihilismo, desconcierto, violencia, «botellón», falta de
esperanza en las nuevas generaciones, denotan que no se acierta en la educación.
La LOE no va a mejorar el campo crucial de la enseñanza; al contrario, lo
empeora, como denuncia, en verdadero clamor, una inmensa multitud de ciudadanos,
sobre todo de padres, alumnos y profesores. La manifestación de esta tarde es un
simple botón de muestra. Lo que está en juego es una demanda social de calidad
en la enseñanza y ésta pasa por la educación integral de la persona, por el
aprender a ser hombres cabales, y de servir al bien común que no se cumple si no
se atiende suficiente e integralmente a la persona humana en toda su grandeza y
dignidad. Lo que está en juego en estos momentos, además, es el respeto y la
defensa de derechos humanos fundamentales e inalienables como es el derecho
universal a la educación y a la escolarización correspondiente, a la libertad de
enseñanza, a elegir los padres el tipo de educación que quieren para sus hijos
conforme a sus convicciones, a que se garantice a los padres el derecho
fundamental a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que pidan
para sus hijos conforme a sus creencias religiosas y morales; a crear centros
con carácter y proyecto educativo propio que ofrezca a la libre elección de los
ciudadanos y a que estos centros tengan la autonomía pedagógica adecuada a su
carácter y proyecto –siempre respetando el bien común y las garantías
constitucionales– , y a que tengan la financiación pública adecuada. Lo que está
en juego es quién educa: los padres, la familia o el Estado, la LOE parece
indicar que quien ha de educar es el Estado; los padres ven en la LOE que el
aparato de las Administraciones educativas del Estado ahogan este derecho. Como
si sólo el Estado pudiese dictaminar lo que corresponde a la educación. Todo
esto es lo que está en juego. Por eso, entiendo, salen los padres a la calle;
que no se echen cortinas de humo, ni se distraigan o desvíen las miradas, y la
atención, falseando los hechos, a una cuestión o problema de relaciones
Iglesia-Estado o de los Obispos. Es inmoral lo que se ha hecho: intentar desviar
el problema hacia los Obispos y la Iglesia, es inmoral pretender ofrecer una
imagen de fisura entre la Santa Sede y los Obispos de España, está siendo
inmoral presentar unas presuntas divisiones entre algunos obispos que no
existen. Una verdadera manipulación que no se merece la sociedad española ni la
Iglesia, y menos aún la verdad, que, se diga lo que se diga, es la que nos hace
libres. La verdad que nos ocupa, es que hay una unidad inquebrantable en los
Obispos de España y la Santa Sede, entre los obispos entre sí, y que el problema
es un tema de libertad y derechos. Otra cosa es que se reconozcan. La iglesia,
en este caso, lo que ha hecho y hace, y está pidiendo, por activa y por pasiva
es defender los derechos de los padres y los alumnos, defender y reclamar el
Estado de Derecho que se refleja en la Constitución, en los pactos
internacionales sobre derechos humanos, en las sentencias de los tribunales
Supremo y Constitucional, en el derecho internacional entre el Estado y la Santa
Sede. ¿Va a ser condenada y considerada como «sospechosa» por eso la Iglesia?
¿Va a ser «incendiada», como ayer tarde «incendiaba» amenazadoramente un nuevo
medio de comunicación? La Iglesia, lo repito por enésima vez, no va contra este
Gobierno. La Iglesia reclama sencillamente que unos derechos humanos
fundamentales sean interpretados y cumplidos en toda la amplitud que requiere el
reconocimiento y la aplicación de tales derechos, y pide que se cumplan. Por
eso, su apoyo a los padres, a las asociaciones, a las instituciones, etc., que
legítimamente se van a manifestar esta tarde porque antes no han sido escuchados
ni atendidos como debería hacerse. Hay un pacto nacional sobre educación: el de
la Constitución, el artículo 27 de la misma. Que no se interprete
unilateralmente por una mayoría matemática parlamentaria. Igualdad y libertad
son dos aspectos contemplados en la Constitución en verdadero y sano equilibrio
entre ambas. No igualdad en perjuicio de la libertad. Tampoco libertad en
detrimento o perjuicio del derecho de todos a la enseñanza. Pero enseñanza
diferenciada y en libertad, que ese es principio de justicia que reclama la
igualdad. Si hay verdadera libertad de enseñanza, habrá igualdad. No hay que
temer a la libertad que se apoya y fundamenta en la verdad y se realiza en el
amor. Así, la libertad reclama la igualdad, que siempre será respeto a la
diferencia. No olvidemos que la primera y más básica de la libertades es la
libertad de conciencia, la libertad religiosa, base de las libertades que se han
de salvaguardar siempre, reconocer, respetar y garantizar en la escuela.
Vuélvase al pacto de la enseñanza en la constitución íntegramente, leída y
estimada. Para ese pacto, la LOE resulta parcial respecto al artículo 27 de
nuestra, Constitución. Lo mejor es escuchar y enmendar.