Nuevas apuntaciones sobre José Antonio

Antonio Castro Villacañas

vistazoalaprensa.com

Parece evidente que la historia de nuestra II República hubiera sido casi exactamente igual si José Antonio -que el próximo 23 de abril cumpliría 100 años de no haber muerto en 1936 asesinado en Alicante- no hubiera participado en ella. Algo participó, sin embargo, en los cinco años que duró tal Régimen, y también parece evidente que de algún modo influyó en que la circunstancia política española fuera distinta en 1936 que en 1931. Cuando se proclamó la II República José Antonio tenía 28 años y era un brillante abogado en ejercicio, que llevaba unos cuantos meses defendiendo la memoria
de su padre, el general que gobernó España en régimen de dictadura con el beneplácito y el patrocinio del rey Alfonso XIII. Con ese mismo empeño buscó el año 1931 ser diputado por Madrid, y su pequeña figura política disminuyó algo más cuando no consiguió serlo y se retiró de la escena pública durante los dos años siguientes, aunque no tanto como para pasar inadvertido ante las autoridades republicanas de 1932, que le metieron en la cárcel por ser hijo del dictador difunto, ni ante Ramón Carranza y José María Pemán, promotores de la candidatura que la derecha presentó en Cádiz para las
elecciones del mes de noviembre de 1933 y en la que él figuró como "independiente" accediendo a los insistentes ruegos de quienes no lo verían tan "menor" cuando buscaron su compañía...
Evidente es también que "Falange Española, como tal, no se presentó a esas elecciones", por la sencilla razón de que Falange no existía "como tal" en la fecha de presentación de las correspondientes candidaturas, de modo que ni José Antonio ni el marqués de la Eliseda -que sólo pudieron ser oficialmente falangistas cuatro o cinco meses después de ser diputados- obtuvieron un solo voto "como cuales". Dos años y medio más tarde, en febrero de 1936, sí se presentó Falange "como tal" a las elecciones que dieron el triunfo al Frente Popular de la izquierda y derrotaron al Bloque Nacional de la derecha. Esta vez su independencia política y económica le costó el no obtener "ni un solo escaño", al quedar aprisionada entre los dos grandes bloques o frentes que cinco meses después despedazarían a España... Todo parecía prefigurar que esas dos "figuras menores de la política española de los años treinta", José Antonio y la Falange, iban a desaparecer de la historia o a carecer en ella de importancia, pero como -según dicen algunos- Dios escribe derecho con renglones torcidos, he aquí que tal fracaso electoral y sus peculiares y posteriores circunstancias abrieron la puerta de la Gran Historia (esa que no repara en minucias de subvenciones o limosnas) al hombre y a la organización que tan sólo eran "flecos de flecos".
Conviene meditar sobre ello. Seguiré recordando.