«Honoris Causa»

 


Alfonso Ussía


El próximo jueves, día 20 de octubre de este extrañísimo año de 2005, tendrá lugar en el Salón de Actos de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Autónoma de Madrid (Campus de Cantoblanco), una solemne celebración académica a la que no he sido invitado, y mucho que me alegro. Presumo que asistirá don Federico Mayor Zaragoza, y muy probablemente don Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, pero no puedo afirmarlo con rotundidad. El impresionante acto consistirá en una investidura como Doctor «Honoris Causa» de un personaje de nuestra política. Doctor «Honoris Causa», es decir, por causa de honor. Léanlo bien y no se asusten. Por razón y causa de honor. Un Doctorado universitario concedido por méritos, aunque no sean estrictamente universitarios y no por pruebas de examen. Homenaje y premio de la Universidad a la vida y la trayectoria de una persona ejemplar y digna que merece el honor por la causa de su honor. No podré escribir de los detalles de la emocionante y solemne ceremonia porque -insisto- no he sido invitado por el Rector de la Universidad Autónoma de Madrid, Ángel Gabilondo Pujol -con suerte, primo de Iñaki-, ni por el lector de la «Laudatio», profesor Cayetano López Martínez, ni por el director del coro que interpretará el «Veni Creator» y el «Gaudeamus Igitur», en la apertura y clausura del acto, respectivamente. Es lógico que no me hayan invitado porque no tengo el gusto de conocerlos. Al que sí conozco, y tampoco me ha invitado, es al personaje que va a ser investido Doctor «Honoris Causa» por la Universidad Autónoma de Madrid. Repito lo que significa. Doctor por razón o causa de honor, de su honor. El investido será Santiago Carrillo.
La verdad es que lo conozco de lejos. En una ocasión volé junto a él de Barcelona a Madrid y no encontramos motivo para la charla. Y también, debo reconocerlo, en los muchos actos en los que hemos coincidido, ni él ni yo hicimos el
menor esfuerzo por encontrarnos y saludarnos.

Carrillo, porque huía de mi persona, y mi persona, porque no tenía ni la intención ni el deseo de perseguido. Curiosa figura la del que huye de nadie. «Por algo será», me decía a mí mismo, continuamente. Como soy curioso de nacimiento, al fin supe cuál era la causa de la predisposición fugitiva de Carrillo cuando se topaba conmigo. No me gusta sacada a colación, porque algunos me compararán con Zapatero, que sufrió el mismo contratiempo que quien escribe. Que le fusilaron en la maldita Guerra Civil a su abuelo. El problema de Zapatero es que ignora quién fue el responsable del asesinato de su antepasado, en tanto que yo -y los familiares de los ocho mil españoles fusilados en Paracuellos del Jarama- sabemos perfectamente quién fue el principal artífice de la matanza. Y, ¡qué casualidad!, ese principal artífice es Santiago Carrillo, el mismo que el próximo jueves, en la Universidad Autónoma de Madrid, va a ser investido como Doctor «Honoris Causa» en una solemne y emotiva ceremonia.
Les pido perdón por si me pongo algo pesado con el significado del Doctorado «Honoris Causa». Por razón y causa de honor. De su honor. Del honor de haber colaborado activamente en el fusilamiento de ocho mil españoles, entre ellos más de doscientos menores de edad, cuyo gravísimo delito para la legalidad Republicana era el de ser hijos de militares. Como las cosas han cambiado tanto, no me atrevo a poner en duda la justicia de la decisión adoptada por el generoso Rector de la Universidad Autónoma de Madrid. Vivo en la duda y en el despiste, y es posible que haber inducido al asesinato de ocho mil inocentes, sea hoy en día una raZÓn o causa 'de honor. No lo creo, pero tampoco puedo asegurarlo, porque en España suceden cosas muy raras y extravagantes.
En la biografía del futuro Doctor por causa de honor que publica la Universidad Autónoma no se hace mención a Paracuellos del Jarama, yeso me hace pensar que todavía no está bien visto en España haber ordenado el fusilamiento de ocho mil españoles. No hay mal que por bien no venga. Pudiera ser que durante su «Laudatio», el profesor López Martínez hiciera hincapié en ese pasado tenebroso del futuro Doctor, pero me temo que si se ha ofrecido para alabar a Carrillo, es más que probable que lo de Paracuellos se lo pase por el elástico de su «braslip Ocean».
Vuelvo a lo anterior. No me han invitado. Hubiera sido un detalle por parte de la Universidad Autónoma invitar al descendiente de un asesinado en Paracuellos al acto de investidura de Doctor por razón de honor, de su honor, del principal responsable de la matanza. Han perdido completamente la buena educación.