En España entonces, no había demócratas

 



Ricardo de la Cierva

 

Ricardo de la Cierva (Madrid, 1926) es uno de veteranos, prolíficos y combativos estudiosos de la Guerra Civil española, aunque sus trabajos han tratado de muchos otros temas. Doctor en Filosofía y Ciencias Químicas, fue profesor universitario, jefe del Gabinete de Estudios sobre Historia en el Ministerio de Información y Turismo y ministro de Cultura durante el Gobierno de la UCD. Entre su abundante producción bibliográfica destacan títulos como "El 18 de julio no fue un golpe militar fascista. No existía la legalidad republicana". "Franco. La Historia", "La masonería invisible", "Carrillo miente" e "Historia esencial de la Guerra Civil española". En esta entrevista acusa a las asociaciones de recuperación de la memoria histórica de rescatar el odio y el miedo
que, en opinión de Azaña, fueron la semilla de la Guerra Civil.

PREGUNTA- Constantemente aparecen nuevos títulos sobre la Guerra Civil, con réplicas y contrarréplicas que pueden llegar a desconcertar a los lectores. ¿Cómo ve un historiador este fenómeno?

RESPUESTA
- Desgraciadamente, la visión polémica de la Guerra Civil sigue predominando sobre la visión serena de lo que debería ser una investigación histórica. y creo que la causa de esto es que el problema se ha vuelto a politizar, y el consenso que se iba ganando se ha vuelto a destruir. Se nota que por parte de los herederos del bando vencido hay un empeño decidido en volver a escribir la Historia en sentido contrario. Y como eso es imposible, están tropezando continuamente en la misma piedra. Se ha circunscrito el problema a la represión, que en el ámbito académico y en el no académico, en el de la propaganda, se está concretando en lo que se llama la recuperación de la memoria histórica, que es recuperar el odio y el miedo, y recuperar la mentira. Hay excepciones, pero de cada 10 libros nuevos sobre la Guerra Civil, ocho se dedican a manipular la historia y a politizarla. Esto ha surgido en lo que yo llamo la generación de los nietos de la ira. La de los hijos de la ira, la mía, ya había alcanzado un gran equilibrio y un perdón absoluto. Las asociaciones para la recuperación de la memoria histórica sólo se ocupan del bando vencido, no citan a una sola victima del Frente Popular. Eso es una cosa efímera y destinada al fracaso absoluto, pero a un nieto de la ira, que es Rodríguez Zapatero, le ha hecho gracia y está fomentando esa revisión.

LA MENTIRA SISTEMÁTICA

P.- ¿Pero no hay un cierto consenso al menos en el ámbito académico?
R.- Académico, en el mejor sentido del término, sí. Ya nadie dice que en Gernika hubo 1.500 muertos, como se dijo. Pero son tantos episodios, tantas cosas ... Lo primero que no se hace son estudios de conjunto serios; siempre es lo que pasó en Badajoz, que a lo mejor no pasó nada de lo que se dice. Se vuelve sobre la Batalla del Ebro, pero para decir que fue al revés de como fue. De Gernika se sabe desde hace 20 años que fueron 110 ó 115 víctimas, no más, que no fue día de mercado. Se vuelve sobre temas resueltos. Me quejo de que no haya estudios de conjunto y de que se siga viendo la Guerra Civil como preludio de la II Guerra Mundial, cuando fueron conflictos totalmente distintos. Y luego, profesores como Julián Casanova o Santos Juliá, que persisten en el error y en la mentira de manera sistemática. El libro de Santos Juliá sobre las víctimas de la guerra no hay por dónde cogerlo, no hay un solo dato valioso en el libro. Es una cosa que llega a cansar, ver cómo se repiten las mismas mentiras y cómo se politizan las cosas de manera desmesurada; como cuando las Cortes aprobaron que la sublevación del 18 de julio fue un golpe militar fascista, que no lo fue. ¿Quiénes son las Cortes para dictaminar sobre un hecho histórico como ése? No están legitimadas para eso. Afortunadamente, también hay libros serios, como el de Ángel David Martín Rubio Paz, piedad, perdón ... y verdad, sobre la represión en las dos zonas; o el de un capitán de la Guardia Civil, Juan Ramos, que ha entrado por fin en los archivos militares y dado la visión de lo que
pasó en Málaga; ya está, ya no hay nada más que decir sobre eso ...
P.- Pero, 'últimamente, parecen abundar más los libros de otro tipo, los de Pío Moa, César Vidal...
R.- Los libros de César Vidal y Pío Moa han sido reacciones. Han visto esta especie de marea roja, han "investigado y han salido. Que se siga estudiando me parece muy bien. Cada generación tiene su visión de los hechos, y entre esos libros hay algunos que suponen aportaciones muy importantes. Otros se podrían haber quedado sin escribir y no habría pasado nada . Pero en general, es difícil que en un libro no se aporte nada. Cuando alguien lo escribe es porque ha encontrado algo. También hay mucho libro sobre la Guerra Civil americana y eso no significa que no haya acuerdo. En el mundo estrictamente académico se mantiene un consenso fundamental. Hay cosas que ya no se pueden decir. Lo malo ha sido la politización y la conversión de la Historia en venganza, que es lo que está en el origen de buena parte de estos libros.
P.- El caso es que las discusiones sobre la guerra no parece que vayan a acabarse.
R.- Me parece bien todo lo que sea remover, porque de la discusión siempre sale algo de luz, pero hay aportaciones tan malas ... En el tema de las víctimas, por ejemplo, hay una Cosa muy clara: quien no aporte una relación nominal de personas y fechas, no me interesa. Salas Larrazábal dio la cifra de 8.000 asesinados en Madrid durante la guerra, que ahora ha elevado a 10.000. Da nombres, edad, profesión a veces. Eso no hay quien lo mueva.
P.- Una cuestión que se ha puesto, últimamente, sobre el tapete es la incompetencia militar de Franco.
R.- Por Blanco Escolá. Bueno, todavía hay clases. Blanco Escolá es un coleccionista de disparates. De Franco, lo mejor que conozco es un libro de Luis Suárez Fernández, que es la revisión de sus ocho tomos anteriores, de la que hizo otra versión en seis tomos. Las tres ediciones son a cual mejor. Esta es la biografía más completa hasta el momento. Por ceñirnos a lo militar: él era el jefe de un ejército expedicionario, pero no tiene ninguna otra jurisdicción. El decide ir a Madrid por el valle del Guadiana y, luego, por el del Tajo, una ruta histórica que también había seguido Wellington, porque le parece la más conveniente, le parece que así preserva mejor a su ejército. Establece contacto con Mola en Cáceres. Entonces, podía haber ido por territorio nacional hasta el Guadarrama, pero hay un factor moral que es el Alcázar de Toledo. Toda su carrera militar en Africa ha consistido en liberar fortines en territorio enemigo, y se va a Toledo a hacer eso mismo. En su caso, influye decisivamente el factor moral. Y la liberación del Alcázar influyó en la Guerra Civil más que la batalla del Ebro, porque los factores morales, religiosos e ideológicos influyen mucho en las guerras civiles. Los que critican a Franco como militar no dicen una palabra de que es el inventor del puente aéreo, o el inventor de la guerra moderna de movimientos. Franco es un militar de primera magnitud, no sé cómo se puede negar. Es un general que gana su guerra civil y, en buena parte, su guerra de África .
P.- Otra cuestión sobre Franco, acaba de recordarla Alonso Baquer, es que fue elegido generalísimo para dirigir la guerra, no jefe del Estado.
R.- Franco no quería ser jefe supremo del Estado, pero reconocía que tenía cualidades para ser jefe militar. En Salamanca se celebran varias reuniones de la Junta de Defensa Nacional en agosto del 36, reuniones que yo he sido el primero en demostrar. En la primera, se le ofrece el mando único militar a Franco. El dice que, si se le ofrece, que sean todos los poderes, porque siempre miró la Guerra Civil con un criterio global y pensaba que necesitaba todos los poderes para llevarla adelante. El 27 de agosto, la mañana en que se está liberando el Álcazar, se le concede el mando único militar y político bajo la fórmula de jefe de Gobierno del Estado. ¿Qué significa eso cuando no hay jefe de Estado? El dice que se tiene que encargar de todos los poderes. El general Cabanellas le llama jefe del Estado y de jefe del Gobierno del Estado, o de dictador, como también se le llama, y que nunca le gustó, se pasa, por ahorro de palabras a jefe del Estado.

LOS OFICIALES CON FRANCO

P.
Hasta que punto influyó en el desenlace de la guerra el desorden en el lado republicano?
R. El Frente Popular supo poner en pie un magnífico ejército, compuesto de 800.000 hombres perfectamente mandados y armados, que fue un rival muy serio para Franco. El Ejército Popular de la República fue un ejército muy notable. La diferencia principal entre un ejército y otro era la siguiente: los republicanos tenían más mandos superiores, 20 generales de división o asimilados contra 4 de los nacionales, y 117 generales de brigada contra 15. En jefes, es decir, coroneles, tenientes coroneles y comandantes, también había una notable superioridad de los republicanos. Ahora, los capitanes y tenientes estaban el 80% con Franco, y la misma proporción de los suboficiales. Esa es la situación a primeros de agosto del 36. El Ejército nacional tiene muchos más y mejores oficiales intermedios, que son los que ganan las guerras, son mucho más jóvenes y más decididos que los generales. El gran defecto del Ejército Popular fue carecer de mandos intermedios. Los improvisaron, pero con ocho meses de retraso que fueron vitales.
P.- ¿y la pugna por dar prioridad a la revolución o a la guerra?
R.
- Fueron mucho más inteligentes los comunistas. Con una guerra en marcha no se puede discutir si se hace la revolución, porque viene el caos. En los primeros meses, dentro del Frente Popular se ve al ejército como enemigo, al propio incluso, y se les trata con desconfianza. Lo que hubo fue una enorme disciplina en el bando nacional y un caos en el otro. Eso lo describe muy bien Azaña en La velada de Benicarló. También fue importante el factor religioso, que fue un factor de división dentro del bando republicano, porque había muchos republicanos que eran católicos. El Frente Popular montó la persecución más atroz contra la Iglesia católica, y el sentido de cruzada se sintió de verdad en el lado nacional.
P.- ¿Existió la tercera España? R.- No; hubo algunas personas, como Salvador de Madariaga, pero pocos más que no tomaran partido por ningún bando. Claudio Sánchez Albornoz hizo algo parecido. Pero no fue significativo. Todo el mundo tomó parte con mayor o menor convicción. Luis Lucía no quiso tomar parte y estuvo condenado a muerte por los dos bandos.
P.- ¿Ortega, Marañón ... ?
R.- Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, los tres padres de la República , se hicieron partidarios de franco abiertamente. El caso de Antonio Machado fue distinto. Los tres huyeron de Madrid y escribieron a favor de Franco durante la guerra.

AUSENCIAS

P.
- ¿Quedan cuestiones por investigar, personajes de los que falte la biografía?
R.- Muchos, pero se está subsanando. He visto una biografía reciente del general Varela. Pero falta la biografía auténtica de Aranda. Hay biografías de Rojo aceptables, pero falta la de Miaja. La de Lluis Companys falta absolutamente. Y diría que falta la de Azaña. Su producción literaria es tan enorme que todavía no hay un libro sobre él, fuera de sus obras completas. Faltan las biografías de muchos militares de Franco, como Moscardó. Falta el libro definitivo sobre el Alcázar. Falta estudiar el asedio de Huesca.
P.- ¿Qué idea tenía Franco para después de la guerra? Aunque La Internacional la cantaran los otros, ¿se propuso él hacer tabla rasa del pasado?
R.- Franco tenía encima del alma el fracaso de la República, que le afectó profundamente en su vida, en su carrera y en todo. Y pretende hacer algo diferente. El conocía bien la Historia de España, mejor de lo que se dice. Para él, el fracaso de la República es el fracaso de la democracia, y también pensaba que había fracasado la monarquía liberal de Alfonso XIII. ¿Qué quiere hacer, entonces? ¿El modelo de fascismo que imperaba en ese momento? No, Franco nunca fue fascista. Quiere algo imposible: la monarquía de los Reyes Católicos y de los Austrias. Su modelo de gobernante era Felipe II, que podía ser bueno para el siglo XVI, pero no para el XX. Descartada la democracia y la monarquía, lo que quedaba era esa extraña mezcla de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, en la que poca gente creía, fuera de él. Eso se lo articula su cuñado, Ramón Serrano Suñer, hombre de centro derecha, no demócrata cristiano, como se ha dicho, pero que luego se tiñó de autoritarismo. Hubo gente que cayó en el fascismo, como Laín Entralgo, Antonio Tovar y Dionisio Ridruejo, pero no él. Eso evolucionó hacia la democracia; no la democracia orgánica, cuyas bases están en el libro de Salvador de Madariaga Anarquía o jerarquía. La democracia orgánica era una democracia autoritaria, no totalitaria, con elementos del fascismo. Pero el régimen tampoco fue eso, fuera de algunos elementos. Franco no concibió de manera democrática ni la familia ni el municipio ni el sindicato. El no quería un totalitarismo, sino un régimen de capacidades, es decir, de hecho, que se tradujera en un Estado de Derecho. Franco no fue un demócrata, pero puso las condiciones para que hubiera democracia en España. La gran condición es la existencia de una clase media, y ésa es una indiscutible creación suya.
P.- Cuando tanto se recuerdan los errores y el déficit democrático de la Segunda República, parece darse a entender que la sublevación militar iba a restaurar la democracia. Pero esa idea nunca estuvo en la cabeza de los sublevados.
R.- No, por supuesto. En España no había demócratas entonces. Ni la República era democrática, ni el Alzamiento lo fue. Nadie se sublevó por la democracia entonces. La correspondencia entre Stalin y Largo Caballero, entre diciembre del 36 y enero del 37, es clara a este respecto. Stalin le dice a Largo Caballero que le preocupa el que la República esté dando síntomas de autoritarismo que pueden caer mal en Europa. Largo Caballero le contesta que le agradece esos consejos, igual que la ayuda material que ha enviado, pero que, sobre el régimen que propone, ni en este lado ni, a lo que se le alcanza, en el otro, hay nadie que quiera volver a un régimen parlamentario.
P.
- Es sorprendente esa preocupación de Stalin por la democracia.
R.- Bueno, lo que le está diciendo es que guarden las formas, para no enajenarse a las democracias europeas.
P.- ¿Qué opina del trabajo de los historiadores extranjeros sobre la Guerra Civil?
R.- Hicieron una buena labor en conjunto. No tenían el apasionamiento que nosotros teníamos. De todos ellos, Stanley Payne me parece el mejor. Hugh Thomas hizo un intento de equilibrio y es mucho mejor ahora. Todos han evolucionado al contacto con los historiadores españoles. Pero creo que ahora la Historia de España se puede leer en los libros de los españoles. Sin las memorias de Azaña y de Indalecio Prieto no se puede escribir la Guerra Civil, y los españoles manejamos mejor eso.
P.- La Guerra Civil, ¿es una culpa colectiva de la que nos tenemos que arrepentir los españoles?
R.- Tenemos que arrepentimos de una vez por todas. En uno y otro bando se cometieron muchas atrocidades, porque en todas las guerras civiles se cometen. Decir que las del Frente Popular fueron la justa venganza a la opresión, y las del lado de Franco fueron obra de la oligarquía, es una estupidez. Azaña dictaminó que la causa de esas atrocidades fueron el odio y el miedo. Debemos eliminar esas semillas, que es lo contrario de lo que hace el Gobierno con su política antirreligiosa.