El Papa aparcó "sine die"
una audiencia con los Reyes el 1 de julio

(Tras la aprobación de las bodas gays)



El Semanal digital

 
La Zarzuela sigue esperando que se convoque de nuevo un encuentro que se frustró por la casi coincidencia de fechas entre la firma de Su Majestad en el BOE y la recepción en el Vaticano.


Callaron las musas y empezó el teatro. Aprobada por los representantes de la soberanía nacional el pasado 30 de junio la partitura de la reforma del Código Civil por la que el matrimonio dejaba de ser una institución vinculada a la unión heterosexual y se convertía en una figura por igual para parejas del mismo o distinto sexo, es decir, la institucionalización del "matrimonio gay", de inmediato comenzó a sonar la música.
 
Mientras el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, decía que con esa norma tenemos un país "más decente", el Vaticano salía en defensa de los que mantienen lo contrario y no ahorraba las críticas y subrayaba que en España, además de los cristianos, los judíos, los musulmanes y otros grupos religiosos habían protestado públicamente porque el auténtico matrimonio es un patrimonio común de la humanidad y de la religión.

Hecha la ley, llegaron además las consecuencias. Según ha confirmado Elsemanaldigital.com en fuentes solventes, Sus Majestades los Reyes de España tenían previsto una audiencia con el Papa Benedicto XVI al día siguiente del visto bueno a esta cobertura legal de esta nueva forma de matrimonio, el viernes 1 de julio. Jamás llegó a celebrarse el encuentro entre el Pontífice y don Juan Carlos y doña Sofía. Entre tanto ajetreo, la exquisita diplomacia de la Santa Sede optó, si bien muy educadamente, como debe ser, por suspenderlo sine die. Y, aún hoy, el Palacio de la Zarzuela sigue a la espera de la nueva convocatoria. Pellizcos de monja, que diría un clérigo. La cita se había cerrado semanas antes, pero ahí la falta de reflejos hay que anotarla del lado del propio monarca en una cuestión que ya llenaba de desasosiego a millones de españoles.

El que don Juan Carlos confirmase públicamente en Roma que sancionaría la ley sobre el matrimonio gay, una vez que el periódico italiano Corriere della Sera se había hecho eco de la supuesta petición de la Conferencia Episcopal española para que el Rey no firmase la norma, no debió gustar demasiado en el Vaticano. Una reforma del Código Civil para aprobar una figura que sólo existe en Holanda y en el Estado de California y que ningún otro país occidental se ha atrevido hasta ahora legislar, y que ha encontrado la oposición de la mayoría católica del país, del Consejo del Poder Judicial, del Consejo de Estado, de una parte muy importante del Parlamento y de una parte de los propios colectivos implicados, que no quieren ser "carne de lucha" partidaria.