Rodríguez oficia los funerales por España

 


Ismael Medina
Vistazo a la Prensa

Rajoy estuvo contundente en el debate sobre el estado de la Nación. Sí. Rajoy dejó con el culo al aire las carencias, las trampas y el entreguismo de Rodríguez. También. Pero es lo menos importante del espectáculo parlamentario, aunque la mayoría de los columnistas se enreden en ese juego superficial sobre quien fue el mejor o más convincente actor en el escenario del Congreso de los Diputados.

Las campanas de la retórica parlamentaria, directa y firme la de Rajoy, evanescente y enfatuada la de Rodríguez, doblaban a muerte por España. Las de Rajoy porque levantaban acta notarial del descuartizamiento de España. Las de Rodríguez por que escondían a duras penas la confirmación de su papel de enterrador. Y las de Puigcercós, matarife principal de la degollación de España exigida por las minorías secesionistas, porque demostró con envanecido énfasis, dando la razón a Rajoy, que es su partido, ERC, el que manda sobre Rodríguez y su patulea descerebrada de aplaudidores dentro y fuera del partido y del gobierno.

EN EL HEMICICLO ESTABA EL CADAVER DE ESPAÑA

No hubo debate sobre el estado de la Nación por la sencilla razón de que España ha dejado de existir como Nación. Más apropiado sería decir que fue el debate sobre el estado de las nacionalidades. El hemiciclo del Congreso de los Diputados recordaba ayer el clásico de una antigua Facultad de Medicina en el que se diseccionaba el cuerpo lívido y oliendo a formol de un cadáver anónimo. En la sala de disección del Congreso de los Diputados el cadáver era el de España. Tan anónimo, que desde Rodríguez al último mindundi nacionalista omitían su nombre y lo cambiaban por el de Estado.

Sería excesivo adjetivar de cínicas las intervenciones de Rodríguez. La aplicación más común de cínico es aquella que la identifica con estos otros y expresivos adjetivos: impúdico, descarado, procaz. Y se dice, asimismo, de "quien practica con descaro y deshonestidad acciones o doctrinas vituperables". Buenos es recordar, de otra parte, que la escuela cínica de la Grecia clásica, fundada por Antístenes y Diógenes y desgajada de la socrática, era enemiga de toda norma social. Algo así como un anarquismo primigenio. O un anticipo de los actuales "verdes" por cuanto su radical individualismo se justificaba en principios éticos que decían asentado en la naturaleza. Pero la práctica del cinismo en cualquiera de sus acepciones requiere de quien lo asume unas ciertas dotes de inteligencia. De otra forma se transforma en burda mendacidad y en astracanada. Y esto es lo que le ocurre a Rodríguez, cuya escasa dotación intelectual sólo le dio de sí para ser sumiso diputado del PSOE. Un personaje característico de la mediocracia partitocrática al que las intrigas internas del PSOE elevó sorpresivamente a la secretaría general del partido. Y la matanza del 11 de marzo a la presidencia del gobierno del Estado, que dicen ellos y sus adyacentes para eludir el nombre de España, en la que no creen y nunca ha creído el socialismo.

EL TERRORISMO COMO INSTRUMENTO Y COARTADA

Rajoy acusó a Rodríguez de traidor a las víctimas del terrorismo, lo que sacó de sus casillas al que figura como presidente del gobierno, pese a que de hecho sea un mandado. Y no sólo de Carod Rovira y de Maragall como quedó en evidencia durante el debate. Lo es de todas las minorías gracias a las cuales Sonsoles y él se encuentran muy requeteagusto en la Moncloa. También están a la vista sus dependencias exteriores, seriamente onerosas para España. No exageraba Rajoy. Lo mismo le han dicho desde el Foro Ermua y la madre de Pagazaurtundúa, asesinado por ETA. Y se lo podrán escupir a la cara multitud de padres, madres, hijos y hermanos de los más de mil asesinados por los bandidos nacionalmarxistas (incluyo a los del hotel Corona de Aragón y a los del avión "Alhambra de Granada", que lo fueron también aunque los gobiernos de entonces se afanaran en ocultarlo). Pero a quien más cabreó fue a Pérez Rubalcaba, el Rasputín de Rodríguez, que adjetivó el discurso de Rajoy de "descalificador, insidioso, injusto y desleal". E insistió en que "eso es una infamia que tiene una consecuencia gravísima". ¿Y por qué? La consecuencia gravísima para el PSOE radica en que ya no podrá en adelante esconder bajo el paraguas del Pacto por las Libertades los acuerdos a que el PSOE ha llegado con ETA de la mano de los secesionismos y al precio de avenirse a sus exigencias. Y esto es lo verdaderamente gravísimo. Pero para España.

RODRÍGUEZ SIGUIÓ EL GUIÓN DE PRISA

EL esfuerzo de Rubalcaba por centrar la disputa en torno a la razonable acusación de Rajoy y por trascenderlo como tema prioritario de la atención mediática no obedece sólo a la irritación por quedar el gobierno del PSOE-PSC al descubierto. Perseguía desviar la atención de lo harto más gravísimo que dejaron traslucir las peroratas de Rodríguez, en particular en sus dúplicas a las intervenciones de las minorías secesionistas que le apretaban las clavijas con el recordatorio de los compromisos contraídos por debajo de la mesa. Me refiero a la conversión de España en lo que el portavoz de ERC estableció con enfática claridad: la reforma del Estado para convertirlo en un "Estado federal plurinacional". En definitiva, la destrucción de España como Estado nacional unitario. Un proceso ya acordado del que Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa, daba la pauta en un artículo de "El País", publicado la víspera del debate parlamentario.

El artículo del consejero delegado de PRISA era en realidad el guión del discurso inicial de Rodríguez y de sus réplicas. Para no extenderme demasiado aconsejo que cotejen los textos quienes estén interesados en confirmarlo. Lo que interesa subrayar de las directrices impartidas desde el al balcón mediático de PRISA son estos tres párrafos:

- "La gran asignatura pendiente de Rodríguez Zapatero, cuyo simple aprobado puede elevarle a las alturas de estadista, superando su actual consideración de político eficaz, es la reordenación de lo que se llama la cuestión territorial y que se refiere, más bien, a la reforma de la estructura del Estado".


- "La única forma de solventar la aparente contradicción entre la libertad a que son acreedores en tanto que ciudadanos y el reconocimiento del derecho al autogobierno que reclaman como pueblos reside en el experimento más exitoso de cuantos la práctica política ha llevado a cabo a lo largo de la historia: el método federal ".

- "Puesto que es, antes que nada y sobre todo, un demócrata, a José Luis Rodríguez Zapatero le corresponde la tarea de promover un debate en el que se pierda de una vez por todas el miedo a las palabras y se aborde directa y llanamente, con todas sus consecuencias, la cuestión del Estado Federal".

EL ESTADO FEDERAL QUE SE POSTULA ES REGRESIVO

Cebrián, al igual que todos los postuladores de la conversión de España en Estado federal, demuestra una feble formación jurídica. Y en lo que toca al tema, de Derecho Político. La bibliografía es abundante y suficientemente explícita. Pero eludo abrumar con ella. La sintetiza así García Pelayo en su "Tratado de Derecho Constitucional comparado": "El Estado federal nace como una vía media entre la confederación y el Estado unitario". La confederación es, de otra parte, y me atengo a lo escrito por Hauriou en "Droit Constitutionnel", "un conjunto de Estados que se unen mediante un pacto o relación de sociedad".

El paso de la confederación al Estado federal costó una cruenta guerra a los Estados Unidos de Norteamérica entre confederados y unionistas. Quiere decirse, en definitiva, que, conforme a realidad histórica y a Derecho Constitucional, existe un proceso progresivo desde la realidad de Estados indepenientes a su unión confederal mediante un pacto que preserva la identidad y soberanía de cada uno de ellos. Y posteriormente el que conduce a la conformación de un Estado federal en el que, según Carl Schmit, existe una entidad distinta y superior a la de los Estados que la integran. Entidad superior, de otra parte, que propende históricamente a su fortalecimiento en Estado unitario. Una dinámica que cada vez es más perceptible en los Estados Unidos de Norteamérica, patente en el Estado Federal alemán y evidente en otros Estados federales como los de Méjico, Brasil o Argentina. También en la marcha de la Unión Europea, tímidamente confederal en principio y que la constitución giscardiana persigue transformar en Estado federal bajo el poder superior, aunque encubierto, de Francia.

Aunque con peculiaridades propias del tiempo en que este proceso se produjo, España lo vivió con gran anticipación, La I República intentó desandar ese laborioso camino hacia la unidad y fracasó con estrépito. Lo persiguió la II República al dar fuelle a los separatismos nacidos en el siglo XIX al socaire del romanticismo y de instigaciones extranjeras, así como mediante sangrientas intentonas revolucionarias de las que el PSOE fue promotor, y nos condujo a la guerra de restauración unitaria 1936-1939. Ahora vuelve el PSOE a pretenderlo, fiel a su anclaje histórico, y eso es lo gravísimo. No que Rajoy haya acusado al gobierno Rodríguez de traicionar a los asesinados por el terrorismo nacionalseparatista vascongado, mero y ocasional instrumento maniqueo para justificar la marcha centrípeta hacia el Estado federal mediante el aliguí de la pacificación.

LAS GUERRAS QUE NO SE COMBATEN OTORGAN LA VICTORIA AL ENEMIGO

Esa "pacificación", pactada subrepticiamente con anterioridad al debate del estado de la Nonación, entraña la admisión de la existencia de una guerra. Todo lo irregular que corresponde a la guerra terrorista y revolucionaria, pero guerra. Y toda guerra que no se gana con la derrota del enemigo es una guerra perdida. Un acuerdo de paz con quienes hacen la guerra revolucionaria del terrorismo, y con quienes se valen de ella para sus fines políticos secesionistas, equivale a una claudicación que otorga gratuitamente la victoria a los enemigos de España. Y en eso están el gobierno Rodríguez, el PSOE y sus compinches.

Ricardo de la Cierva, un riguroso historiador ninguneado precisamente por serlo, ha puesto el dedo en la llaga en recientes declaraciones al semanario "Época". Referida a las reiteradas pérdidas de España, iniciadas por la I República: "Ahora, en 2005, estoy cada vez más seguro de que nos amenaza la quinta pérdida de España, desde varios frentes. El primero es semejante al de 1873: la desintegración, entonces cantonal, ahora autonómica. Los promotores del Estado de las Autonomías definido en la Constitución de 1978 actuaron bajo una presión letal de los partidos nacionalistas, que avanzaban desbocados, sin techo para sus aspiraciones. El nacionalismo vasco nació independentista a finales del siglo XIX, luego admitió un Estatuto de Autonomía a cambio de su implicación en la Guerra Civil a favor del Frente Popular. Actualmente el nacionalismo vasco proclama un independentismo desaforado, enemigo de España, apoyado en el terrorismo de ETA, que nació de una matriz nacionalista".

También advierte Ricardo de la Cierva sobre el nacionalismo catalanista en el que se han integrado socialistas y comunistas. Y "hasta el mismo PP es en Cataluña catalanista, lo que no sucede, por fortuna, en el escenario político vasco". Un serio problema el de Piqué que habrá de resolver Rajoy con rigor y presteza sino quiere que su enterizo discurso del miércoles pasado suene a oportunista y falso para sus electores. De no ser así, además de por otros motivos, habríamos de admitir, ya que estamos en regresión histórica por el túnel del tiempo, que sigue siendo válido el juicio de José Antonio Primo de Rivera cuando, en un similar paisaje político de descomposición, se rebelaba contra el cinismo recalcitrante de la izquierda y el egoísmo atávico de la derecha.


HOY, COMO EN 1978, TENEMOS UN ESTADO DE GUARDACAPAS

ALGUNOS lectores han recordado en el “Foro” las críticas que, junto a otros compañeros, entre ellos Rafael García Serrano, vertía respecto de la constitución de 1978 y la infausta y consecuente gestión de los gobiernos de Adolfo Suárez, de Calvo-Sotelo y de Felipe González. La relectura de las crónicas parlamentarias de Joaquín Aguirre Bellver en aquel periodo parecen escritas hoy. Se han cumplido, desgraciadamente, nuestros pronósticos, tachados de antidemocráticos y de ultras por no pocos de quienes hoy escriben desde la decepción.

Una vez concluido el debate sobre el estado de la Nonación, cabe resumir que el nuestro es un Estado de guardacapas. En puridad semántica, un Estado de cómplices y encubridores de algún delito. Y ese delito, tremendo delito, no es otro que el de traición a España.