La intolerancia de los tolerantes


Santiago Martín
La Razón





Las palabras del cardenal López Trujillo, protestando por la equiparación de las uniones gay con las familias y recordando a los funcionarios católicos el derecho y el deber que tienen a hacer objeción de conciencia, han provocado una tormenta de ataques. Si no fuera porque hace mucho que he dejado de creer en la honestidad intelectual de los que se llaman así mismos "tolerantes", me habría sorprendido.

¿Cómo es posible que un "tolerante" se escandalice de que alguien haga uso de la objeción de conciencia? ¿No es esa la postura típica de un dictador? Se podrá no estar de acuerdo con el motivo que alega el que objeta, pero, precisamente  en aras de la tolerancia, no se podrá impedir esa objeción ni sentirse molesto por ella. Esta actitud, manifiestamente intolerante por parte de los "tolerantes" da la razón a las palabras que Benedicto XVI pronunció en la Misa de apertura del Cónclave, cuando aún era el cardenal Ratzinger. Entonces señalo como el problema mayor de nuestra época, "la dictadura del relativismo". Hace años el actual Pontífice afirmó: "Hoy domina el relativismo. Quien no es relativista parece intolerante. Pensar que se puede comprender la verdad esencial es visto ya como algo intolerante". Vivimos, efectivamente, bajo la dura bota de una dictadura, la que los autoproclamados "tolerantes" ejercen sobre todos aquellos que se atreven a decir que existen cosas que son buenas por sí mismas y otras que son malas en función de su propia realidad. Para estos "tolerantes" de boquilla, afirmar que el bien y el mal existen por sí mismos y no son conceptos subjetivos, es algo que no se puede consentir. Si, además, reclamas la objeción de conciencia, su irritación se desborda con las amenazas, como ha hecho la vicepresidenta del Gobierno. Es el nuevo rostro de la dictadura la que está dejando a los débiles a los pies de los fuertes, porque como todo es relativo, puedes hacer lo que quieras. Menos negarte a hacer lo que ellos deciden que se debe hacer.