Patria y Bandera


Alfonso Ussía
La Razón


Hoy nos jugamos España. Hoy volverán a tener escaños en el Parlamento vasco los cómplices de los asesinos. Zapatero así lo ha querido. Ha dicho que hablará con ellos a partir de mañana. Afirma el Presidente de Gobierno que nunca ha estado mejor España que durante su primer año de mandato. No ha terminado la frase. Nunca ha estado mejor España para romperse definitivamente que durante su primer año de mandato. Al paso que llevan los acontecimientos, el segundo año puede ser el de la escisión. A pesar de ello, una mayoría de españoles todavía aprueba su política. Al menos eso afirman las encuestas. Todavía no me he encontrado con ningún español que forme parte de esa mayoría, pero que existen, es indudable.

Hoy nos jugamos España. El nacionalismo vasco, de obtener la mayoría absoluta, iniciará su proceso de descomposición del Estado. El Estado, eso tan antipático y recurrente, que es la versión administrativa de lo que significa España. Los socios de Zapatero en Cataluña no perderán la ocasión de subirse al carro de la ruptura. Nos preside un señor que gobierna en España con la ayuda de los que sólo desean la desaparición de España. Además, su partido en las autonomías con fuerzas separatistas es tan nacionalista o más que las primeras. Ahí tenemos a Maragall, más allá a Pachi López Ilustres socialistas vascos, que han luchado durante años por la Constitución y por España, han manifestado su intención de votar al Partido Popular. No se fían de los suyos, y hacen muy bien. Un viento de complejo de inferioridad y de traición escondida ha desnortado al socialismo vasco, al nuevo me refiero, no al de Nicolás Redondo Terreros, Maite Pagazaurtundúa, Carlos Totorica, Rosa Díez, Gotzone Mora y demás integradores desintegrados por los sabios de la calle de Ferraz. Se intenta destruir a España, pero ignoran los partidarios de la destrucción que una nación con más de quinientos años de unidad no es fácil de destruir. Todos Los catalanes tienen el derecho de participar en el futuro de Andalucía, y todos los canarios en el futuro de Euskalerría, y todos los vascos en el futuro de Madrid. No hay españoles con más derechos que otros sobre territorios concretos que a todos nos pertenecen. Y está vigente la Constitución de 1978, que no deja resquicios a las dudas, y los mandatos constitucionales exigibles al Rey y a las Fuerzas Armadas. Y la clara posibilidad, ante una traición consumada, de suspender las autonomías en los territorios desleales. No obstante, a pesar de todo ello, hoy nos jugamos España.

Los intereses parciales sobrevuelan los intereses generales. Lo inaudito, insisto, es que las agresiones contra España vengan, en gran medida, de los socios del partido en el Gobierno y de su presidente, en particular. Ignoro hasta que límite soportarán los españoles, las sucias maniobras que empañan su futuro. Nos están llevando a una situación de enfrentamiento impensable años atrás. Y el gran culpable de todo, al que habrá que juzgar en el mañana como máximo responsable del desencuentro y la confrontación , no es otro que Rodríguez Zapatero. Porque el desencuentro ya es una realidad, y la confrontación ha asomado la cabeza por el horizonte. Y todo –los intereses personales sobre los generales-, para mantenerse en el poder.

Frívolas y memas alusiones a la República. El Rey republicano, que sólo el republicano defiende las instituciones, los valores democráticos, la vida pública y respeta los principios de una ciudadanía libre. Son palabras del ignorante Zapatero. ¿Ha leído Zapatero algo de Historia de España? La gran incitadora de la Guerra Civil fue la Segunda República, que no aceptó resultados democráticos, que asesinó desde el poder, que permitió la escisión de España, que devastó los derechos de los ciudadanos y estableció un régimen de terror en los últimos años. Después, vino lo que vino. ¿Nos propone Zapatero una Tercera República? ¿Volverán los signos efímeros que tanto le gustan? ¿Se procederá al desgajamiento de España?

Por mi parte, intentaré impedirlo. Pero soy poca cosa. Sucede que hay millones de españoles como el que firma que aman a España por encima de todo y juraron voluntariamente lealtad a su Bandera. Yo no juré lealtad al mundo, ni a Europa. Lo hice a España y a su bandera y he vuelto a repetirlo hace unos pocos años. Mi juramento es sagrado y vigente. Otros millones de juramentos se reunirán si las circunstancias reclaman sus lealtades. Que no se olviden de esto los que quieren destrozar a España. O permitirlo.