Al alcalde de Guadalajara


Alfonso Toledo
ABC


Jesús Alique, alcalde de Guadalajara, quién se lo iba a decir a ese muchacho que allá por los años setenta cursaba sus estudios en el Colegio Diocesano de Guadalajara (religioso), que pertenecía a Falange Española, que acudía al colegio con pasquines políticos de Falange, que portaba el yugo y las flechas en la correa del reloj, que las tardes libres las pasaba cantando el Cara al Sol y que cursó sus estudios gracias a una beca concedida por el régimen de Franco.

Quién se lo iba a decir, que un día acabaría siendo alcalde de la ciudad de Guadalajara por el Partido Socialista no habiendo ganado las elecciones, sino con la ayuda de Izquierda Unida.

Quién se lo iba a decir, que siendo alcalde, uno de sus primeros esfuerzos y logros sería el de hacer desaparecer las estatuas de Franco y José Antonio de la ciudad, aduciendo que debía desaparecer cualquier vestigio de la época franquista. Usted podía haber empleado los mismos esfuerzos durante su etapa de presidente de la Diputación de Guadalajara para hacer desaparecer la presa del Pantano de Entrepeñas (el pantano de su pueblo) porque la construyó Franco y también podía haber empleado los mismos esfuerzos durante su etapa de concejal en el Ayuntamiento de Sacedón (su pueblo) en saldar las deudas que su partido (PSOE) dejó en la compañía eléctrica Unión Fenosa.

Jesús Alique, se acaba de cargar parte de la historia de España, de su historia personal y la de su familia.