La tribu contra la democracia


Agapito Maestre
Libertad Digital

 

No existe ya ninguna decisión de este Ejecutivo que no esté marcada por el afán de revancha contra el PP. Romper con todo lo que implique continuidad nacional es el objetivo para mantenerse en el poder. Toda la “política” del PSOE ha quedado reducida a la expresión de Peces Barba. Nunca nadie tan iletrado ha definido tan correctamente el tribalismo de Zapatero. Los de mi tribu son los buenos. Los otros, los demócratas, son los malos. Para el PSOE la política ya no es fiabilidad en el adversario político, generación de confianzas mutuas para solucionar problemas entre fuerzas políticas, en fin, consecución de acuerdos entre todos los actores implicados, sino estigmatización del adversario hasta dejarlo reducido a enemigo. Peor aún, el rencor y el resentimiento es la base para mantenerse en el poder. El tribalismo es todo en la vida pública española. El tribalismo del Gobierno de ZP está poniendo en serio peligro las frágiles instituciones democráticas.

El tribalismo del PSOE va más allá de la tradición totalitaria de la que procede. Hay gente, sin embargo, que no quiere enfrentarse a esa dura realidad. No quieren ver los problemas. No quieren ejercer la ciudadanía. No quieren vivir intranquilos. Se engañan. La democracia está bajo mínimos, o peor, la democracia ha quedado reducida a propaganda, agitación y a una forma sutil de dictadura, que difícilmente alcanzaría el nombre de comisarial. Esto más parece una dictadura bananera que un régimen sujeto a normas democráticas. Detrás del homenaje a Carrillo y de la retirada de la estatua de Franco no hay ni una sola idea. Es como si quisieran repetir los primeros tiempos de la transición pero con baba y resentimiento.

La crisis de gobernabilidad democrática no tiene precedentes en la España postfranquista. Primero, insisto, porque el Gobierno no quiere saber nada del partido político que representa a casi la mitad de los españoles. Segundo, porque el Gobierno alcanzó el poder en condiciones extrañas a cualquier proceso de normalidad democrática. Pero, sobre todo, la democracia española no levantará cabeza mientras el Gobierno de Zapatero no deje de tratar al PP como enemigo. Asunto difícil de resolver, porque la supervivencia de ZP en el poder depende de la capacidad del PSOE y sus medios de comunicación para seguir estigmatizando al PP.

Estigmatizado el adversario todo es posible. Desaparece la claridad que debe presidir las reglas de la democracia. En su lugar se instala la ambigüedad. La política se hace esquizofrénica hasta quedar reducida a agitación y propaganda contra el partido de la Oposición. No existe ya ninguna decisión de este Ejecutivo que no esté marcada por el afán de revancha contra el PP. Romper con todo lo que implique continuidad nacional es el objetivo para mantenerse en el poder. Precisamente, por eso, la política de Zapatero no existe. Todo es movilización. Propaganda contra el “poderoso-opresor”. Pero si no gestionan, no gobiernan, no crean consensos, o sea odian la política, entonces están terminando con la poca democracia que la transición había traído. Así es. El tribalismo siempre ha matado a la democracia.