El PSOE se reencuentra con el estalinismo

 


Ismael Medina
Vistazo a la prensa

 

Uno de los usos comunes en la Unión Soviética y en los países sometidos al sistema comunista era la revisión de su historia y de la ajena para acomodarla a sus coyunturales conveniencias internas o exteriores. Se manipulaban los archivos, se retiraban libros para sustituirlos por los reescritos y se adulteraban las fotografías del pasado que incomodaba. Es famosa al respecto la de Lenín proclamando el triunfo de la revolución bolchevique desde una tribuna de madera, rodeado por los más cualificados dirigentes del partido, casi todos ellos ashkenazis. Aquella histórica imagen perduró durante décadas. Pero, uno a uno, desparecían del entorno de Lenín, o eran sustituidos, los que caían víctimas de las radicales y sangrientas purgas ordenadas por Stalin cuyo régimen, por cierto, liquidó a más judíos que los alemanes, aunque este otro holocausto lo silencie el movimiento sionista. Igual sucedió con otras imágenes incómodas, entre ellas las correspondientes a la presidencia de las grandes paradas en la Plaza Roja en las que acompañaban a Stalin otros eliminados en los sótanos de la Lubianka con el preceptivo tiro en la nuca, unas veces tras un burdo proceso y otras en silencio. Un procedimiento de falsificación permanente de la historia y de engaño que hizo suyo Fidel Castro y que una de sus víctimas, Húber Matos, popular comandante en Sierra Maestra, junto al asesinado Camilo Cienfuegos, describe con empavorecedor realismo en sus memorias “Cuando llegó la noche”, a las que me referí semanas atrás.
 
 LA VÍA CAPITALISTA AL SOCIALISMO
 
 Huxley, en “Mundo feliz”, y Orwell, en “La granja” y en “1984”, describen ese tipo de tiranía “democrática” en su inexorable desarrollo. Convendría que leyeran estas novelas aleccionadoras, nada aquejadas de fantapolítica, los jóvenes y los no tan jóvenes que hoy se dejan seducir por el falaz revisionismo histórico que enhebran el PSOE y PRISA. Descubrirían el futuro que les aguarda si un viraje del destino no descalabra la marcha emprendida por Rodríguez y Polanco hacia la total descomposición de España.
 
 Existe otro libro de capital importancia para entender lo que ahora sucede en España y que no logro encontrar entre mi revuelta biblioteca. Me refiero al que, bajo la dirección de Stephany Griffith Jones, publicó en Inglaterra un grupo de comunistas chilenos bajo el título de “La vía capitalista al socialismo”. Lo glosó José Antonio Santos Rámila en un incisivo artículo publicado en la revista “Verbo” que llevaba por título, creo recordar, “La política de la rosa”.
 
 Tras la voladura interna de la Unión Soviética, realizada en gran medida por Andropov y Gorbachov, el comunismo derrotado se vistió de socialdemocracia. Italia, la Italia de Gramsci, el gran teórico de la manipulación del lenguaje y de la degradación de la sociedad para mejor dominarla, protagonizó el cambio de imagen más espectacular, al trasformar el poderoso PCI en partido socialdemócrata. Bajo la apariencia de una excisión de los fieles a la ortodoxia, quedó una minúscula facción comunista comandada por Ingrao, antiguo militante de las juventudes fascistas. Algo similar a lo de Julio Anguita en España. Los partidos comunistas facialmente transformados en socialdemocracia precisan a su izquierda de un gropúsculo de fieles que le permitan fardar de demócratas. EL PCI creó y mantuvo cuando lo era un partido artificioso de marxismo-leninismo radical, el PSIUP, que le proporcionaba vitola democrática. La vía capitalista al socialismo, en cuyo acelerado intento fracasó Allende en Chile, es ahora la que en Hispanoamérica capitanean Lula, Chávez y Kirchner, cuya condición de corruptos irrecuperables es palmaria, aunque el progresismo mediático haga todo lo posible por ocultarlo.
 
 LA RESOVIETIZACIÓN DEL PRISA-PSOE
 
 Todos estos antecedentes, y otros que podría aducir, permiten descifrar las claves del camino emprendido por el PSOE tras su acceso al poder, merced a la conspiración internacionalista urdida en torno a la matanza del 11 de marzo de 2004. Al socaire de aquellos sangrientos y simultáneos atentados, amén de su paralelo y falaz aprovechamiento contra el PP en los días precedentes a las elecciones generales, se adueñó de los resortes del Estado una reedición del Frente Popular revolucionario que condujo España a la guerra civil, como ha demostrado hasta la saciedad Pío Moa, apoyado básicamente en la documentación que guarda y esconde la Fundación Pablo Iglesias. Falta el anarcosindicalismo, brutalmente eliminado durante la guerra en zona roja en cumplimiento de las órdenes de Stalin y bajo la dirección de sus “consejeros” en la España de la III República, ya que la II fue subvertida tras las elecciones de febrero del 36 y se constituyó descaradamente en República Popular y España Roja a partir del 17 de julio de aquel mismo año.
 
 El nuevo Frente Popular, del que Rodríguez aparece como una grotesca imitación de Azaña, no sólo aplica de manera asaz burda “la política de la rosa” en el ámbito económico. También se empecina en cumplir el viejo sueño socialista de una Federación de Repúblicas Ibéricas, a imitación de la extinta URSS, su ancestral modelo. Y en convertirse en el caballo de Troya del nuevo comunismo revolucionario que avanza en Hispanoamérica, con Fidel Castro como cascarón de proa, anticipado en sus claves teóricas por Neri hace un par de años. ¡Siempre un italiano con la batuta doctrinal del cambio!. Sostenía Neri que la nueva revolución comunista en Europa la haría el proletariado inmigrante. Y ese es precisamente el trasfondo de la Alianza de Civilizaciones que predica Rodríguez por cuenta ajena.
 
 UN RENCOROSO REVISIONISMO HISTÓRICO
 
 La simultaneidad entre la retirada de la estatua ecuestre de Franco y el homenaje al genocida Santiago Carrillo no fue casual, aunque la encargada de la primera de estas tropelías fuera la ministro Trujillo, más conocida en Andalucía como Mandatela a causa de su lastimosa gestión en la Junta caciquil de Chaves. A Mandatela y la Calvo, la fraíla, se las quitó de encima Chaves y se las endosó a Rodríguez aprovechando la majadería de la paridad. Mandatela había anticipado la retirada de las placas de la Obra Sindical del Hogar colocadas en las viviendas protegidas que proliferaron durante el fementido régimen de Franco y en las que encontraron accesible acomodo cientos de miles de familias de la clase media surgida durante aquellos cuarenta años de desarrollo económico y justicia social. Una clase media de la que proceden los que ahora, muy a la soviética, pretenden algo más que borrara Franco y su gestión del mapa de la historia. Lo que persiguen realmente es ganar desde los muy bien pagados despachos la derrota sufrida entre 1936 y 1939 por el Frente Popular cuyas atrocidades, que yo viví, les atosigan y persiguen ocultar.
 
 El actual Frente Popular de aburguesados arribistas ha desenterrado con imprudente ardor el hacha retrospectiva de la guerra. que ganaron muchos de sus antecesores, cuya memoria traicionan. Si hurgamos en las biografías familiares de los actuales y desalmados antifranquistas, encontraremos a padres y abuelos que ocuparon puestos de responsabilidad con Franco, que lucharon virilmente para salvar a España de la sovietización o que incluso en algunos casos fueron vilmente asesinados por la horda miliciana. Son en buena medida inmaduros de buen vivir que estudiaron en punteros colegios de pago religiosos contra los que ahora arremeten. Y junto a los hijos de los denostados capitalistas con los que hoy cambalachean.
 
 LOS ALZADOS AL PODER SOBRE LA SANGRE ENTRONIZAN AL GENOCIDA CARRILLO COMO SÍMBOLO
 
 Los representantes de las varias camadas de travestismo político se reunieron para rendir homenaje a Santiago Carrillo, traidor a su padre, al socialismo en el que primero militó, a muchos de los camaradas seleccionados para el exilio en la URSS y al Partido Comunista en el que fue mamporrero de Stalin y de sus sucesores, amén de íntimo de Ceaucescu, aún más genocida que él. Nada de insólito encierra que alzaran a Carrillo sobre el escudo del totalitarismo partitocrático, en vestes de arquetipo demócrata, aquellos mismos que traicionaron su pasado y colocaron los cimientos constitucionales sobre los que Rodríguez Zapatero y demás comparsas de poderes oscuros construyen el túmulo sobre el que arderá el ya torturado cuerpo de España.
 
 Hubo un tiempo en que me daban lecciones de franquismo algunos de los asistentes a la sórdida cuchipanda para festejar a Carrillo y su pasado criminal. Serían luego los que confeccionaron la mortaja constitucional de España. Es consecuente que se compinchen con los sayones recién llegados al reparto de los despojos de una España irreconocible.
 
 TIEMPOS DE PASIÓN
 
 Vivimos tiempos de Pasión para Iglesia y para España, aunque en la una y la otra menudeen los que se llaman a andana y parezcan proclives a amancebarse con sus enemigos de hoy y de siempre.
 
 En la Semana Santa de Cuenca fue la cofradía de Las Turbas una tradición arraigada. Los desfiles procesionales españoles configuran una representación litúrgica a cielo abierto de la Pasión y Muerte de Cristo. Las Turbas conquenses cumplían ante el paso de Jesús Nazareno, de El Salvador, el papel figurativo de las turbas judías que escarnecían a Jesús camino del Calvario y se refocilaban con Su sufrimiento. Un eclesiástico purista pretendió suprimirlas. Aducía que sus cofrades llegaban al desfile procesional cargados de resolí y con síntomas inequívocos de ebriedad. Aquel año pronuncié el pregón de la Semana Santa conquense y rebatí al curial. Le pregunté: ¿”Cree usted que unos creyentes pueden hacer burla al Señor sin estar borrachos?”.
 
 Luego de la democratización y de la exaltación tiernista de la “movida” invadieron Cuenca las verdaderas nuevas turbas que escarnecían la imagen de Jesús con parecida furia que los secuaces judíos del Sanedrín. Era la modernidad, era el progresismo, era la consagración de la democracia partitocrática un Viernes Santo, y no por casualidad, con el reconocimiento político del PCE, precedido para su justificación por los asesinatos del despacho de abogados marxistas de la calle de Atocha, sórdidamente inducidos para la ocasión por agentes vinculados a quienes desde hacía tiempo mantenían conversaciones y acuerdos secretos con Carrillo, a la sombra del PCUS. Carrillo, muy en su papel, también traicionó a sus compinches de la Junta Democrática, partidarios de la ruptura, en vez de una reforma que conduciría solapadamente a la ruptura.
 
 El pueblo, mi pueblo, había dejado de cantar al paso de Las Turbas, cuando ya lo eran realmente, la ruda estrofa que escuché en la infancia. Ahora, forzada por los recuerdos semanasanteros, rebota en las paredes de la memoria:
 
 “Lo coronaron de espinas
 y aínas me lo dejan tuerto.
 ¡Si serán hijos de puta!
 ¿No es pa cagarse en sus muertos?”.
 
 Retorno de la Semana de Pasión que concelebramos los cristianos a la Semana de Pasión en que está inmersa España. Y aunque ayer no me fuera dado escribir esta crónica, cuadra su contenido con hacerlo en Viernes de Dolores.
 
 LA INFAMANTE RETIRADA DE LA ESTATUA ECUESTRE DE FRANCO
 
 Mandatela, que va por la vida con alma de dictadora, no decidió por cuenta propia eliminar la estatua ecuestre de Franco. Fue el brazo ejecutor de Rodríguez y del PSOE, sin pararse a indagar la titularidad patrimonial del monumento, que no es ni de su ministerio ni del Estado, y la cual anda en disputa después de retirada. Incluso se metió en camisa de once varas municipales al decir que formaba parte de la remodelación de la Plaza de San Juan de la Cruz (¿por cuánto tiempo?), la cual corresponde al Ayuntamiento que preside Ruíz-Gallardón, quien marcha por la política subido al estribo del carromato circense de la izquierda cerril que nos desgobierna.
 
 Fernández de la Vogue, cuyo ropero debe igualar ya en cantidad el famoso de Imelda Macros, trató de justificar el despropósito de Mandatela con el pintoresco argumento de que se trataba de “un acto de normalidad democrática” y que no contaba con “amplísimo consenso”. ¿Y cómo midió el consenso la doña de los vestiditos? Seguramente que con ERC, PSC, PNV e IU que tienen la exclusiva del consenso enarbolado como una pancarta por Rodríguez. Acaso también con los grados superiores de la logia a la que se asegura pertenece.
 
 Tampoco anduvo fino el siempre retorcido Pérez Rubalcada en su defensa de la cacicada que le encomendaron a Mandatela. Dijo a los periodistas que la estatua era un símbolo de “división y enfrentamiento”. Y añadió con sanfasón: “Creo que las estatuas en los lugares públicos, en las calles que son de todos, deben representarnos a todos y estoy satisfecho de que quiten algo que no me gustaba; con lo que no me sentía representado y que más bien entendido es un símbolo de la división de España más que ninguna otra cosa, de enfrentamiento entre españoles”. ¿Y acaso son símbolo de concordia las vecinas esculturas de Largo Caballero y de Indalecio Prieto que promovieron la sangrienta revolución de octubre del 34 y favorecieron el tétrico chequismo en la sovietizada República Popular? ¿Esas sí tienen el consenso de todos los españoles? ¿También la de Pasionaria en Leganés? Dolores Ibarruri, conviene recordarlo, estuvo enfangada en la represión durante la guerra, fue colaboradora del KGB en la eliminación de los comunistas españoles que molestaban su fidelidad perruna al sistema y sirvió de carátula a la organización en Toulouse del llamado Ejército Popular Republicano, financiado con parte del oro robado y enviado a la URSS, pronto convertido en sangriento bandidaje. Su más vitriólico y verídico retrato lo debemos a los también comunistas Enrique Castro Delgado, Jesús Hernández o Pelayo de Hungría, compartido por su hijo, según relata este último.
 
 A CALDERA LE TRAICIONARON LA IGNORANCIA Y EL TIC DEMAGÓGICO
 
Faltaba Jesús Caldera, siempre a la grupa dialéctica de Pérz-Rubalcaba. Además de repetir sus argumentos evacuó uno propio y necio. Arguyó, en contra de la coartada municipal de Mnndatela, que la decisión de retirar la estatua ecuestre de Franco estaba relacionada con las obras del denominado “túnel de la risa”, que atraviesa esa zona. ¿Alguien recuerda hoy, salvo sectores minoritarios, que el actual enlace subterráneo entre las estaciones de Atocha y Chamartín fue proyectado siendo Indalecio Prieto ministro de Obras Públicas; y que la denominación burlona de “túnel de la risa” se la dieron sus propios correligionarios republicanos? Conviene aclarar las ideas al siempre pretencioso y confundido Caldera.
 
No sólo el “túnel de la risa”, proyectado bajo la tutela ministerial de Indalecio Prieto, fue hecho realidad en tiempos de Franco, cuya retirada estatua ecuestre se alzaba sobre su trazado. También bajo Franco fueron concluidas las obras de los Nuevos Ministerios, de acuerdo con el proyecto del arquitecto comunista Zuazo, cuya planta se ajusta a una versión rectangular de la hoz y el martillo. Franco, que sí era un hombre de Estado y no un político de aluvión como los de ahora, no tuvo reparos en llevar adelante los proyectos de la II República que eran beneficiosos para España. Entre ellos, además de los aludidos, el plan de trasvases de agua del arquitecto aragonés Lorenzo Pardo, socialista y consejero técnico de Indalecio Prieto. Tampoco éste los tuvo a la hora de hacer suyos algunos del ministro de Fomento de la Dictadura de Primo de Rivera, conde de Guadalhorce, del que también fue consejero Lorenzo Pardo. No faltaban motivos, en definitiva, para que la estatua de Franco se emplazara sobre el “túnel de la risa”, que gracias a él dejó de serlo, y junto a los Nuevos Ministerios en que hoy aposentan sus posaderas Mandatela y Caldera, amén de la retrohidráulica Narbona.
 
 DE LA COBARDÍA A LA INFAMIA
 
Más atinado estuvo Felipe González cuando, creo que fue en 2001 y a raíz de que voces “progresistas” pidieran la retirada ecuestre de Franco, comentó que habría merecido la pena, en todo caso, “haber tenido el valor de hacerlo en vida y no a estas alturas”. Pero si de algo carecen la inmensa mayoría de socialista de nueva hornada es precisamente de valor, además de sentido común. Su tardío revanchismo es producto de una mala conciencia.
 
 La portada del jueves en Vistazo a la Prensa respecto de la retirada de la estatua de Franco la considero antológica y daba en la diana. También el breve comentario que Jaime Suárez secretario general de la Plataforma 2003 circuló por Internet y que hago mía. Titulada “Una infamia”, dice así:
 
 “Siempre admiré al Generalísimo y acaté al Jefe del Estado. Jamás le acepté como mi Jefe Nacional. Los que me conocen, saben muy bien el precio que pagué por ello. Pero ante este acto vil y miserable en que el PSOE -ahora, una vez más en contubernio con ERC, como en 1934 y 1936- manifiesta su versión más sectaria y antipatriótica, no puedo callar mi indignación. Tampoco mi tristeza por la resurrección de las dos Españas. La transición ha terminado. Dicen que unos personajillos que venían de un homenaje a Carrillo aplaudieron cuando se llevaban la estatua. Nunca sentí tanta vergüenza por ser español”.
 
 Tampoco los del PP han dado una respuesta contundente a la tropelía. Tienen miedo a que les motejen de franquistas e incluso de ser de derechas, pese a que lo sigan siendo tras la argucia vergonzante de bascular al “centro progresista”, el cual no pasa de ser un amaño dialéctico tan sin sentido como que los sociatas presuman de demócratas. El alcalde de Santander se apresuró a anunciar, sin que Rajoy le haya propinado un palmetazo, que su Ayuntamiento enviaría al Museo Histórico la estatua ecuestre de Franco al que su ciudad le debe la reconstrucción después del incendio.
 
 LA IZQUIERDA SOVIETIZADA DA LA RAZÓN A FREUD
 
 Interrumpí para escribir esta crónica la relectura del libro “Más sobre temas de hoy”, de Juan Vallet de Goytisolo (Editorial Speiro, 1979), hoy para mí el más lúcido y riguroso intelectual católico de España. El primer capítulo (“Derechas e izquierdas”), como el resto del libro, posee una vivísima actualidad.
 
 Vallet de Goytisolo realiza una erudito recorrido histórico acerca de los conceptos políticos e ideológicos de derecha, izquierda y centro que no tiene desperdicio. Desde la India dravidiana y aria hasta hoy, pasando por la Biblia, por Grecia, Roma o el Renacimiento, ha sido una constante atribuir elementos positivos a la derecha y negativos a la izquierda.
 
 Aleccionaba la lejana cultura hindú que “la derecha se opone a la izquierda como la austeridad se opone a la zurdería, lo puro a lo impuro, lo recto a lo curvo, lo noble a lo vil, la rectitud a la bajeza, la dicha a la infelicidad, el bien al mal, la bondad a la crueldad, lo normal a lo anormal, el orden al desorden, lo sagrado a lo profano”. No me detendré en otras citas que abundan en parejos criterios., entre ellas las de Dante o Quevedo. Pero no me resisto a reproducir esta otra de Freud en “La interpretación de los sueños”: “El camino de la derecha (el camino derecho) significa el camino del derecho y, en cambio, el izquierdo el del delito”. A mayor abundancia seguía diciendo Freud que la derecha puede simbolizar la heterosexualidad o el matrimonio; y la izquierda, la homosexualidad, el incesto y la perversión.
 
 Parece claro que el resovietizado PSOE, con Rodríguez al frente, está empecinado en dar la razón al acervo cultural descrito. Y más aún a Freud. Pero también parece estarlo el PP tras abandonar su condición originaria de derecha para escorarse al centro progresista, Ha perdido las cualidades que un ancestral depósito cultural le atribuía. Una dimisión acobardada que favorece la impunidad destructiva del actual gobierno y de sus sostenedores interiores y exteriores.