CIEN AÑOS DE SOLEDAD

 

Arturo Robsy

Querido Pedro: esta es una iniciativa tozuda: cada día escribo y trasmito por Internet un artículo. Te mando algunos.

 

Muchos han recibido el Libro Azul de la Plataforma 2003, que labora por amor al  joven José Antonio Primo de Rivera y por propia estima: une en haz a buenas gentes de mente clara que conmemorarán, en el 2003, el Centenario del nacimiento de José Antonio.

Cien años de soledad, dice el título de este artículo. ¿Qué es eso? En católico, morir es prevalecer, y el 20 de Noviembre de 1936, el Fundador cumplió los cuarenta, los cincuenta, los noventa, los cien y hasta los mil, ganados en la medida de proximidad a verdades permanentes y en la clara voluntad de servirlas.

Cien años no son nada. Apenas un tráfico de días y ambiciones. La sociedad, que es el mundo del hombre, cambia. La verdad, no. Así, en José Antonio hay eternidades y luz del brillo permanente del lucero. Alas. Una fe en España que se ha puesto a prueba desde el mismo 1933.

El mérito de la Plataforma 2003 es otro: no José Antonio ni su vida, que fue soporte de su obra. El mérito es la lealtad, esa Gloria del camino que es andarlo por lo difícil, lleve a la gloria o al fin.

En ese Libro Azul figura –es él mismo- el programa de trabajo para 2001 y 2002, dividido en áreas y en ponencias. En el área 5, el punto 5.6 se dedica a «José Antonio y las Dos Españas». No es nada fácil pensar  que viera dos Españas y no lo predicara. La idea, que es de Machado, es ingenua, aunque no inocente. Además, una reducción al absurdo: no puede haber dos Españas sin que una de ellas sea falsa.

Ni España Roja, ni España Azul, ni España Rota. Sólo España en el temporal del mundo. José Antonio ve que esa Única España tiene divisiones artificiales, programadas: la de los partidos, la de las clases sociales y la de las regiones. En él es asunto de justicia y de injusticia. Si gana el marxismo pendenciero, equivaldrá a una invasión y no habrá dos Españas sino ninguna. Si gana el liberalismo, si gana Rousseau, España existirá como falsificación de usos y costumbres y como tierra de centenarias injusticias.

Ya los griegos y los romanos vieron una sola Hispania o Hesperia (tierra del atardecer), aunque aquellos hispanos no tenían unidad política. España es una siempre, cuando Roma, cuando los reinos cristianos. Siempre. Y esa unidad inevitable, de alma y de geografía, llevó a la Guerra de los Ocho Siglos. Un mecanismo del alma se disparó tras el 711. El mismo que actuó en 1700, también una transición. También en 1808 y en 1936. La defensa contra la invasión: una constante imposible de eliminar.

Por la sangre derramada, tanta, pido a Dios, y a José Antonio de guardia en su lucero, que los españoles no se den cuenta de que nos han invadido: en lo cultural, en lo económico, en lo moral, en lo religioso y, lo más duro, en la independencia, vueltos provincia de un experimento, la Unión Europea, que nos impone leyes, tratados, guerras, moneda, costumbres, producciones, y nos dicta la única idea autorizada hoy, ese presunto Pensamiento Único, inmovilismo duro: La Política de mercado. La Política sin alas. Nanopolítica o gloria de lo transitorio.

Para debatir estas y más importantes ideas, para fijar mejor la visión y la misión de España, vive y trabaja la Plataforma 2003. Se puede mirar de cerca conectando con www.plataforma2003.org. Que otros hay que, por el progreso, nos quieren devolver a la sangre.