MERCEDES FÓRMICA  



Enrique de Aguinaga



Se pregunta Natalia Figueroa (“Mercedes Fórmica, una voz que no se apagará”, en “La Razón”, 25 de abril) por qué, desde la muerte de Franco, el feminismo ha silenciado la personalidad de Mercedes, “una de las grandes mujeres del siglo XX en España”,  y por qué, en general, se ha silenciado su lucha para la reforma jurídica en pro del  reconocimiento de los derechos de la mujer (otro enorme ninguneo de los “reconciliadores”)

Le daré una pista. Mercedes Fórmica fue joseantoniana, desde el mitin fundacional (29 de octubre de 1933) que oyó por radio. Estuvo en la primera afiliación del SEU, participó en el Primer Consejo Nacional, fue elegida delegada de Derecho y, luego, designada por José Antonio delegada nacional  del SEU femenino y, como tal, miembro de la Junta Política de la Falange. Y de ahí, para adelante, como se puede leer en sus bellas memorias “Visto y vivido”.

Su lucha por la igualdad de la mujer no fue un empeño personal y solitario, sino que se enmarcó en la batalla de la Sección Femenina, que logró de las Cortes la aprobación de la capital ley de Igualdad de Derechos Políticos, Profesionales y de Trabajo de la Mujer (22 de julio de 1961). De ello podría hablar, con pleno conocimiento de causa, Mónica Plaza, a la que, en el mismo ninguneo, nadie le preguntará nada.