
Sobre la conversión de Azaña
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En los últimos días se ha difundido por Internet la conversión de Azaña en los últimos momentos de su vida.
Alfa y Omega reproduce el extracto del artículo que Gabriel M. Verd, publicó en la revista
Razón y Fe en 1986 y Religión en libertad reproduce también el texto.
Y digo que impresiona, porque lo que ni el presidente ni sus allegados supieron, ni la inmensa mayoría de los españoles conocen todavía ahora, es, que una niña de nueve años, sobrina de José Antonio Primo de Rivera, había rezado y ofrecido su vida por la conversión de Manuel Azaña. En efecto, M. Carmen había ofrecido su enfermedad por los asesinos de su padre, Julio González Valerio, asesinado en la checa de Marqués de Riscal, en Madrid. Era el 15 de agosto, fiesta de la Virgen, cuando una ronda de milicianos se presentó en su casa. "No llores Carmen, muero por Dios y por ellos". Ellos son sus hijos. Pero Carmen se obstina en seguirlo y compartir su suerte. "No, Carmen. Quédate y cuenta a los niños, cuando sean mayores, cómo he muerto. Muero porque el Santo Crucifijo vuelva a las aulas y presida la infancia de nuestros hijos".
Luego las cosas tomaron un giro imprevisto. A las diez de la noche del mismo día, Julio volvía a su casa. Los milicianos de la checa lo habían dejado marchar. Sin que haya dato explicito que lo confirme, se interpreta que le propusieron vestir de nuevo el uniforme militar e incorporarse al ejército de la República, concediéndole unas horas libres para pensarlo. Pero Julio no podía. No quería traicionar sus sentimientos y sus convicciones.
Estando M. Carmen interna en el colegio de las Irlandesas en Zalla, (Vizcaya), los médicos le diagnosticaron una grave escarlatina, que se fue agravando con el paso de los días, por lo que regresó rápidamente a casa. Durante su dura convalecencia, dio claras muestras de santidad y todos los intentos para sanarla fueron inútiles. Cuando murió, Mari Carmen estaba destrozada y deformada físicamente por la enfermedad, pero uno de sus tíos se percató de un hecho extraordinario: "¡Miren qué bella se vuelve!", advirtió. Además, un dulce perfume diferente del de las flores de su alrededor emanó de ella. La rigidez había desaparecido y se había transfigurado en una bella imagen. Mari Carmen González Valerio y Sáenz de Heredia está en proceso de beatificación. Su tumba se encuentra en el convento de las carmelitas de Aravaca, en Madrid. Para saber más de la vida de M. Carmen se puede consultar los libros: M. Carmen González Valerio y Sáenz de Heredia de "una carmelita descalza y Víctima de Jesús M. Granero, S.J. |