Cuando
hasta mi se acercan las palabras sencillas
que
nombran a las cosas, y las digo despacio
gustando
su sentido con mano y con olfato,
con
la mirada absorta, desvelada y dormida,
comprendo que la patria es más que la infinita
presencia
ilimitada que viene del pasado
sinfín
y sin principio, de limite inexacto,
y
que su ser no acaba con la Historia cumplida.
La patria es algo más que el infinito: gira
en
límites menores, tan hechos a lo humano,
que
en lúcidos momentos nos deja conturbados
advertir
tanta patria en tan breve medida.
Cuando pronuncio "cepa" se rompe la precisa
envoltura
del nombre, se transfigura en campo
que
el majuelo puntea de verde, salta al grano
amarillo
y al viento que el cielo azul camina.
Cuando digo "alacena" siento una mano tibia
de
fragancia aldeana acercarse a mi mano
con
las uvas de cuelga y el cantero asentado
salido
del aroma de la alacena umbría.
Cuando nombro "alcarraza" es verano en Castilla.
La
siesta se apodera de todo. Fuego blanco
es
la cal en el muro, rojo fuego el tejado
y
oasis la alcarraza, tesoro de agua fría.
Sí "abarca" deletreo se apresura a seguirla
la
blusa volandera del gañán requemado
que
a las rotundas mozas de enaguas y refajo
lanza
requiebros secos como un tirón de bridas.
Los nombres de las cosas entrañables afirman
La
patria, son la patria. En el pequeño espacio
de
su tímido cuerpo tan lleno de recato
se
esconden resonancias y olor de serranías.
Horizontes
sumisos de tierra labrantía,
música
rondadora en noches de verano,
calor
de sol y brasa y el sabor no olvidado
del
queso y del arrope, del vino y de la oliva.
¿Se perderán los nombres de las cosas?, ¿Un día
morirán
estos trozos vitales desgarrados
de
la patria gigante? ¿Los trizará este paso
invasor
de otro idioma? ¿Será desconocida
esta múltiple patria? ¿Se volverá ceniza
la
entrañable dulzura que la patria ha creado
para
que el hombre pueda estrecharla en su mano
y
nombrar las palabras que son su imagen dicha?
No morirán. No puede quedarse la pupila
clausurada
en la sombra de un patrimonio abstracto.
Ellas
serán por siempre razón del sobresalto
Que
estremece la sangre al ver la tierra antigua
que tan nuestra sentimos. Ellas: la patria misma,
íntima
herencia, patria repartida en pedazos
y
entera en cada cosa que hijos suyos crearon.
Nombres
de nuestra tierra: la patria en carne viva.
Gabriel
García Narezo