Falsedades e infundios


Buena parte de la crítica a la Falange, sobre todo aquella que sobreviene del extranjero, carece  en general de credibilidad; la que realizan las izquierdas o la que pudiéramos llamar “neutral” o “ecléctica”, suele pecar de ignorancia, rencor y superficialidad. No resulta consistente, ni rigurosa, ni sincera. La más  de las veces, está manipulada si no subvencionada y dirigida. Los “elefantes sagrados”de la historia reciente de España, tan alegremente lanzados sobre el tema, tan jaleados por la prensa de izquierdas y derechas retrógradas, empiezan a ser denunciados tantos por su falsificación como por su obviedad. Un ejemplo ilustra esta afirmación: El reciente libro de Gerardo Rosales, sobrino del poeta  Luis Rosales, esclarece la verdad sobre la muerte de García Lorca, poniendo en la picota a cuantos, desde siempre, sostenían que fue la Falange la autora de aquella ejecución asesina. El autor demuestra la impostura con pruebas concluyentes. 

Toda la murga de la propaganda suele a la postre degradar al que la emite. Se termina siempre por conocer quién paga tanta patraña, de dónde  procede y para que se configura con tanta saña. Pero todavía persiste entre la no ya tan joven generación de historiadores que amanecieron con sus tesis en la década de los ochenta, que empiezan a ser reemplazados por  otra generación que ha denunciado las supercherías que valieron rectorados, cátedras, becas, escaños y ringorrangos de toda especie y pelaje.

Tanto la critica extranjera como la nacional ha manifestado un craso desconocimiento de la cultura, de la historia y, de un modo más concreto, de la realidad por la que discurrió la II República y el papel que entonces correspondió representar a la Falange en los años de plomo del Frente Popular y de la Guerra Civil.

Aquella joven democracia, tan alegremente acogida, incluso por la propia prefalange de 1931, se malogró nada más nacer. Uno de sus más preclaros promotores, como Ortega, y tantos otros, le volvieron la espalda, al producirse los primeros desmanes – la quema de iglesias y conventos, la expulsión de los jesuitas, la suspensión de periódicos, la censura, la persecución implacable de los adversarios, hasta apelar al crimen, a los “tiros a la barriga”, al golpe asturiano de 1934, a la escisión vasca y catalana..., aquella – se demostró bien pronto – fue una democracia fallida, aquellos fueron unos partidos envenenados y sin rumbo, aquellos fueron unos sindicatos podridos, aquel fue un Parlamento enloquecido que, al contrario de lo que postulaba aquella petulante Constitución, fue lo que generó el fracasado régimen, que se denunció por inservible en bloque, por José Antonio y los fundadores del nacionalsindicalismo. Un movimiento – la Falange – que fue perseguido, acosado, asesinados sus militantes y dirigentes, cerradas sus sedes, vilipendiado y humillado, no solamente por las izquierdas, con falsedades y agravios, que los “aguerridos” escritores posteriores a la tragedia siguen manteniendo impertérritos, conscientes de que aquello fue un episodio espurio de la historia de España y sólo eso, a causa de lo que ellos llaman el fascismo español sin conocer lo que denostan y sin profundizar en lo que fue en verdad, tratando de alcanzar las verdades ultimas en que se asentó aquel sistema, ya desaparecido.

Las falsedades, calumnias, mentiras y menosprecios estuvieron y están a la orden del día. Es hora de que se ponga en claro toda esa retórica miserable y a sus autores, que han pretendido convertir en historia sus falacias de todo cuanto sucedió en los años transcurridos entre 1933 y 1975.

Ahí van unas muestras de la irresponsabilidad en que han incurrido sus autores. Tiempo habrá de esclarecer responsabilidades, cuando el tiempo depure tanta criminalidad como se viene haciendo sin el menor sentido sobre la causa de la Falange. Acaso haya que esperar a una nueva generación de gentes honradas, que consigan de una vez la convergencia de las conciencias y el consenso de las voluntades. Mientras eso ocurre, hemos de conocer donde nos encontramos.

*

(Centramos en la figura de  José Antonio Primo de Rivera cuanto se ha manifestado de negativo y de falsedad sobre la Falange, porque de estas agresiones presentadas en conjunto se puede advertir el sesgo criminal de esta operativa, que todavía  persiste).

1. Una biografía con estigmas

Deshonra, mala fama, retórico, violento, fascista, belicista-golpista, pistolero, mediocre pensador..., han sido – lo son todavía, sesenta años después de su muerte – los estigmas adjudicados a  la biografía de José Antonio Primo de Rivera, hijo del General Miguel Primo de Rivera, Presidente del Directorio español (1923,1929). Esta condición de  hijo primogénito del Dictador, le sirvió para heredar centuplicada la responsabilidad político-histórica integra de la obra realizada por su padre. Tal circunstancia marcó de un modo indeleble y cruento toda la trayectoria vital y política del fundador de la Falange Española hasta su muerte. Ninguna figura política ha sido tan violentamente  descalificada hasta su ejecución  asesina el 20 de noviembre de 1.936, como lo ha sido José Antonio[1]

Surgió la incomprensión y el calvario con un origen ya esclarecido: la frecuente culpabilidad que le aplicó una derecha reticente y perversa[2], tanto de matriz republicana como monárquica y conservadora, aislándole hasta precipitar sobre él la descalificación de fascista, violento, acatólico..., de todos los grupos y fuerzas operantes. Fue el centro del odio y del rechazo de la izquierda socialmarxista y del anarquismo violento, que le propinó frontales y ciegos ataques, atentados diversos contra su persona y acciones criminales que culminaron con su asesinato “legal” el 20 de noviembre de 1936, en Alicante.

Tampoco sus seguidores más fanatizados, desde la lírica de sus cantos y la exaltación del mito, ayudaron a situar la figura del fundador en el lugar exacto que le correspondía. A estos pueden imputarse, desde la perspectiva nefasta de la adulación, daños irreparables que perduran y no facilitan la necesidad y el deseo de enmarcar históricamente como merece su nombre y su obra.[3]

De principio, hay que considerar que la biografía de José Antonio está todavía por escribir. Algunos han señalado con acierto que lo que se ha publicado hasta el momento ha sido simple hagiografía[4], intuiciones provisionales con más retórica y lírica, que dialéctica y rigor profundos. Se debería añadir que también se han recogido toda clase de maldades que han cristalizado en una diabolización del personaje, como suele ocurrir en las figuras polémicas cuando se rechazan a priori.[5]

La radicalización del lodo vertido en este caso se está reproduciendo en la literatura actual sobre la cuestión, como se inició de forma destacada en el obseso Stanley G. Payne[6], con su confusión al ver solo fascismo en la Falange y  que se ha rematado hasta ahora en José Luis Rodríguez Jiménez, quien por cuenta de Alianza Editorial, sigue la senda abierta por Payne, secundando la nauseabunda fijación de la matriz fascista en la actuación y el pensamiento de José Antonio[7]. En general puede afirmarse  sin ambages que José Antonio ha sido para unos el chivo expiatorio de los grandes fracasos políticos imputables a los partidos gobernantes de la II República, que puso de manifiesto su incapacidad absoluta para acometer y menos aún para resolver los grandes problemas nacionales pendientes, tal como prometieron sus promotores más cualificados[8], al enfrentarse críticamente con la obra realizada por la Dictadura, a la que  no logró superar en eficacia, honestidad y progreso económico y social.

2. El escenario de la tragedia.

Un análisis certero de la realidad social que hubo de afrontar José Antonio al determinarse a asumir la política activa, obliga a considerar que el periodo transitado (1933-1936) estuvo condicionado por circunstancias difíciles de salvar por la Constitución promulgada en 1931. Tales circunstancias acotaron un estrecho margen de maniobra para quienes, como el fundador, pretendieron llevar a cabo un movimiento regeneracionista, tantas veces escamoteado en el pasado, que devolviera a España su entidad histórica perdida[9].

Una enumeración sumaria de los más importantes sucesos acumulados en la España republicana, nos conduce a considerar:

  • La crisis económica internacional que repercutió en la débil estructura capitalista española con singular dureza.

  • El consiguiente nivel de desocupación y empleo, que llegó a alcanzar a más de un millón de parados.

  • La amenaza revolucionaria que representó para todo Occidente el triunfo del comunismo en la URSS y la expansión universal de su modelo revolucionario.

  • La hostigación permanente de una anarquismo violento, que secuestró la mayor central sindical, la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), con más de un millón de afiliados, y que se alineó con el Frente Popular, formado por las izquierdas en febrero de 1936.

  • La presencia de un prefascismo incipiente, de la mano de Ramiro Ledesma Ramos, Sánchez Mazas , Jiménez Caballero y articulado sobre el movimiento de “La Conquista del Estado” y posteriormente de las JONS.

  • El temor precipitado entre las clases medias y las estructuras de la Iglesia al advenimiento de la II República, con irrupción incendiaria y violenta, quema de iglesias y conventos, expulsión de los jesuitas, represión de las ordenes religiosas y expolio de sus propiedades y derechos históricos.[10]

José Antonio, ante esta realidad, se sitúa con una actitud de denuncia y de urgencia, que le enfrenta con los grupos de presión y le atrae el rechazo total. Es entonces, en el fragor de su frenética defensa de la memoria de su padre, cuando se agudizan los ataques. El propio Stanley G. Payne es el que transmite este dato: “Al mismo tiempo tuvo que defender el fascismo italiano de José Maria Gil Robles y otros dirigentes de la recién creada CEDA, que acusaban al movimiento de ser, si no anticatólico, al menos no católico”[11] . Como afirma Imatz: “El maniqueísmo político, producto del jacobinismo exaltado por el marxismo, no ha cejado en su ciego ataque (...). El prejuicio o la superstición de estos nuevos “justos” engendra menosprecio y odio hacia “el otro”.[12]

Rechazado por unos y agredido hasta físicamente por los otros, José Antonio se ve impelido a secundar el único camino que le quedó expedito: el que se iba abriendo sobre la escena política a un fascismo emergente de formas -  o de contenidos – que de un modo inmediato fue superado. Un fascismo que fue recibido con evidentes señales de aceptación y arraigo en diversos países de Europa, en cuanto constituía una respuesta efectiva a la amenaza de invasión del comunismo triunfante en Rusia.

Acosado y sometido a un constante linchamiento por parte de las estructuras de un lado y de otro, fue objeto de una violenta oleada de atentados y asesinatos, a los que tuvo que hacer frente, en un  esfuerzo gigantesco de autodefensa, para lo que no encontró la menor cobertura en los poderes públicos de izquierdas y de derechas. Acusado de fascista y de violento compulsivo desde el comienzo de su actuación política, sobre estas dos falsedades se tejió una red de descalificaciones que sus adversarios fueron vertiendo sobre su nombre, creando una pantalla de odio y repulsión que, a la vista de lo que se escribe y se publica, se sigue perpetuando por el aparato editorial español.[13]

José Antonio fue detenido a la menor sospecha de conspiración o conjura política. Por tres veces y por el menor motivo, resultaba sospechoso de agitador y era inmediatamente detenido y encarcelado. La tercera vez fue definitiva, la que le condujo ante el pelotón de ejecución, tras un proceso universalmente protestado por falta de garantías y de pruebas. Las contradictorias declaraciones de Largo Caballero, Indalecio Prieto, Irujo y otros muchos muestran la aberración jurídica de un proceso que todavía avergüenza a cuantos opinan sobre aquel magnicidio.[14]

¿Qué es lo que ha ocurrido a lo largo de este tiempo al enfocar a esta figura? Podemos seguir su rastro a través de las sucesivas series de condenas, agravios, insultos, incriminaciones, falsedades, injurias, etc. de que ha sido objeto por parte de cuantos se han situado ante su trayectoria.[15] Podemos observar y lamentar que la  critica ha sido implacable con este hombre, como no lo ha sido con ninguno en la historia. Podemos ver  de qué ha sido capaz el odio, la saña, la incomprensión y la ignorancia dolosa, cuando se proyecta contra un hombre excepcional – quedemos para nuestro consumo con los demás calificativos – siguiendo directrices orientadas a la destrucción de las partes mas noble de su patrimonio espiritual y de su humanismo más excelso.

3. Un fascismo inventado

A José Antonio se le inventó un fascismo con las peores intenciones de hundirle  y de este modo poder invalidar su movimiento. Mejor pudiera hablarse de prefascismo, como ha sido presentado hace poco tiempo por Pierre Milza y otros en estos términos: “Entre 1880 y 1904-1905 hizo su aparición en Francia una forma nueva de organización política, la de las leyes que, por su carácter profundamente innovador, se contraponían a los partidos del siglo XIX. Las leyes que asumieron las características de grupos de presión política, fueron una respuesta al desarrollo coyuntural que la sociedad francesa sufrió al pasar del siglo XIX al XX (...) Aparecieron la Liga de los Patriotas (1882), la Liga  Antisemita ((1889), La Liga de la Acción Francesa, los Movimientos amarillos y el sindicalismo revolucionario de Georges Sorel, que se calificaban como grupos extraparlamentarios extremistas”[16]

Una de las más graves inculpaciones dirigidas a José Antonio fue la de ser el líder del fascismo español, acusación mantenida hasta ahora, a pesar de la rotunda negativa que el propio fundador reitera en sucesivas[17] ocasiones y antes de que arrecieran tales ataques. Ataques que, en parte, formaron parte del revanchismo desatado contra la figura del Dictador Primo de Rivera y como reflejo condicionado de la insolvencia de la derecha y de la izquierda para afrontar  la crisis del sistema. Rafael Sánchez Mazas y Ernesto Jiménez Caballero, escritores vinculados por lazos familiares a la Italia de los años veinte, cada uno por su parte y por distintas vías, importan de Italia a finales de la Dictadura, propuestas ideológicas prefascistas, que se recogen  por los grupos que se mueven en torno a la figura de Ramiro Ledesma Ramos, en su revista “La Conquista del Estado”.

El fascismo, a raíz de su aparición en Italia termina por germinar en todos los países de Europa Occidental. Francia, Gran Bretaña, Alemania, Rumania, etc. irán conociendo cómo aparecen movimientos fascistas de diversa factura y composición, atendiendo a las condiciones culturales e históricas de cada pueblo. En unos países, es la réplica a la revolución socio – marxista de la URSS; en otros, la identificación del nacionalismo con el socialismo, en ocasiones se asocia con movimientos culturales como el surrealismo italiano de Marinetti, que rompe con moldes estéticos del pasado; en otros es sólo una búsqueda de la salida de la crisis que padece la economía...

En España, el fascismo fue inicialmente una moda. La multiplicidad de partidos, de grupos y de grupúsculos políticos, adoptarón  formas fascistas. Inicialmente sólo fue una simple especulación retórica, que tomó forma en el periódico “El Fascio” de Delgado Barreto, en el que José Antonio publicó un artículo sobre las esencias tradicionales de España. De ello se aprovecharían más adelante para inculparle responsabilidades al respecto de vinculación al movimiento fascista. Pero hubo más, incluso en el partido de Albiñana, en  la derecha de la CEDA, en Acción Española e incluso se produjeron expresión del folklore fascistas entre los partidas de izquierda: camisas de color especifico, saludos, concentraciones, desfiles multitudinarios, acción de piquetes violentos, etc, Pero la cuestión no llegó a más, pues queda en una simple atracción a hacia la acción política, que es lo que en opinión de Renzo de Felice, el principal historiador del fascismo italiano, derivó hacia fórmulas revolucionarias.[18]

Pero a quien se le imputa esta condición, que empieza a arrastrar la significación peyorativa, que le atribuyó  Stalin a todo cuanto no fuera comunista, y así se ha perpetuado por doquier hasta hoy, a quien se le adjudican todos los horrores, como la de totalitario, antidemócrata, violento, panteista, autoritario y demás epítetos, es a José Antonio, en quien ven un adversario sobre el que se puede con facilidad centrar la agresividad de unos y de otros para lograr exculparse de responsabilidades anteriores.[19]

 La serie de acusaciones fue constante, a pesar de los esfuerzos que se hicieron por los fundadores para disipar ataques sin el menor fundamento, pero estaba claro y el propio José Antonio así lo confesó a sus dirigentes, cuando les previno que si no se les tachaba de fascistas, lo harían con otras expresiones, por lo que no valía la pena replicar, y así era en efecto, pues el despliegue de ofensas era en el fondo una estrategia del terror, parte de la ofensiva que tendía a desacreditar a un movimiento que, como se vio pronto, a raíz de febrero de 1936, con el triunfo electoral del Frente Popular, el ingreso de miles de jóvenes en la Falange demostró la virtualidad  del movimiento y del mensaje joseantoniano.[20]

José Antonio no encuentra la menor comprensión ni siquiera en el monarca ni en sus seguidores más fieles. Su campaña para defender la memoria de su padre fue ignorada, despreciada y objeto de mofa por quienes más le debían, comenzando por el propio Calvo Sotelo. ¿Quién puede sorprenderse del resentimiento de José Antonio y el de la Falange sobre la monarquía, a la que tildó de ser una “institución gloriosamente fenecida”?[21]

José Antonio cargó con la culpa íntegra de la Dictadura, de la Guerra Civil y de todos los fracasos de la República. Hoy su nombre ha quedado a merced de los gacetilleros afincados sobre una fraseología recurrente, alivio de sus frustraciones profesionales, para intentar llenar de ridículo a un hombre que sacrificó su vida y su obra seguramente para nada. 

Esta historia exige ser contada claramente, antes de que se disipe entre las nebulosas de la verborrea historicista. Este libro y otros tantos que se preparan tienen que contar las cosas con absoluta fidelidad a la verdad más rigurosa, si se quiere asumir íntegramente los compromisos que impone nuestra condiciones de españoles.

Algunos ejemplos actuales tergiversan la histórica, como le ocurre a Payne, en el último párrafo de su último libro sobre José Antonio[22]: “José Antonio Primo de Rivera, en vida, no adquirió una gran influencia política. (Sic). Sus innegables dotes personales se desperdiciaron, como se desperdició tanto en la España de los años treinta. Su aportación a la vida de España fue negativa (Sic) y no hizo sino acelerar y magnificar el desastre nacional. Su fama y apoteosis fueron póstumos y probablemente no podría haber sido de otra forma (Sic). Lo más probable es que, de haber sobrevivido y alcanzado un mayor éxito, lo habría desacreditado del todo el resultado práctico de otro desastroso régimen fascista (Sic). Muerte, sin embargo, podría ser objeto del más extraordinario culto al martirio existente en la Europa contemporánea, culto que le garantizó una dilatada posición y un papel que no habría sido capaz de interpretar en vida”  (Sic) Esto dice todavía hoy  el “gran fantasma de la falacia y la patraña histórica” – él sabrá por qué lo escribe de este modo - , sin reparar en el tesoro cultural que José Antonio y la Falange han dejado como herencia al pueblo español.

Por su parte, el inefable pontífice de la critica historica, Herbert R. Southworth, en su “antifalange” escribió sin rebozo alguno:

“El falangismo español es simplemente la versión española del fascismo”.[23]

Ian Gibson, en su “En busca de José Antonio”, dice:

“José Antonio conocía a Ledesma Ramos, a Juan Aparicio, a Jiménez Caballero y a otros jonsistas. Había leído seguramente “La Conquista del Estado” ¿Por qué, en vez de obstinarse en formar un nuevo partido de tipo fascista (Sic), no decidió unir su suerte a las J.O.N.S.?”[24]

Un historiador de la “nouvelle vague”, Joan Maria Thomas, afirma categórico:

“José Antonio se veía ya como el futuro jefe del fascismo español (Sic) Venía preparándose para ello desde principios del año 1933 (Sic).[25]Y Salvador de  Madariaga, en el prólogo a “Escrito en España”, de Dionisio Ridruejo, señala:

“Estos jóvenes – fascistas, nazis, falangistas – se ven a sí mismos como “revolucionarios de izquierdas” (Sic), y su designación de sí mismos comprende un término anticapitalista; “socialista”, “nacional-socialista”, “Nacional-sindicalistas”, “Juntas de ofensiva nacional-sindicalistas” (Sic)[26]

Con esto es suficiente por ahora, tiempo habrá para llegar más lejos en la indagación de un pasado que pertenece al pueblo español. De momento, es bastante con conocer unas señas de identidad en la que reconocerse y tratar de salvar la dignidad nacional, antes de sucumbir a las tensiones disgregadoras que aparecen en el horizonte.

4. La violencia suicida.

Otro de los grandes cargos imputados a José Antonio fue su desdichada frase de la “dialéctica de los puños y las pistolas”, que tanta renta ha facilitado a los detractores del fundador. La cuestión no arranca de ese momento, del acto fundacional del Teatro de la Comedia de Madrid, el 29 de octubre de 1933, en cuyo discurso José Antonio intercala esta frase, que viene a ser un oportuno “aviso a los navegantes” de la otra orilla política.

Es el propio Stanley G. Payne quien escribe: “Ya en el verano de 1933, la UGT (Unión General de Trabajadores) y el ala izquierda del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) empezaron a hablar vagamente de una revolución violenta en España, antes aun de que el principal partido fascista se fundara. Cabe añadir que esta fue, desde un principio, la posición del Partido Comunista Español (PCE). En 1932, los anarcosindicalistas de la FAI-CNT (Federación Anarquista Ibérica y Confederación Nacional de Trabajadores) hacía hecho dos intentos de insurrección revolucionaria y un tercero en diciembre de 1933, “todos ellos abortados” apenas un mes después de la creación de la Falange”[27]

En rigor, frases como la de José Antonio, se profirieron por entonces con frecuencia y aun más terribles, de las que pueden servir de muestra algunas de ellas, como son:

“Si es preciso verter sangre, debe verterse” (Indalecio Prieto)

“La revolución se hace siempre en contra de la mayoría” (Indalecio Prieto)

“Antes que una República en manos de fascistas o monárquicos, preferimos cualquier catástrofe, aunque nos toque derramar sangre” (Azaña)

“No nos diferenciamos en nada de los comunistas” (Largo Caballero)[28]

5. Arrogancias, ignorancias, ganancias...

En el capítulo de las agresiones  se han producido las más ridículas y esperpénticas alusiones, tanto a los hombres como al movimiento, con el innoble propósito de destruir al adversario con estas armas. No es momento de replicar sino de presentar su clamor. Veámoslo en qué consiste todo el argumentario de falsedades :

Control del sistema

 “Los falangistas esperaban perpetuar  un  movimiento  en  el que seguirían controlando las grandes instituciones: los sindicatos verticales, el sistema de seguridad social y la administración local. Sin embargo, los elementos no falangistas, si bien aparentaban estar de acuerdo con la idea y los ideales del Movimiento, preferían verlo como un gran paraguas ideológico que cubría a todos los franquistas leales (...) La tarea de modernizar el Movimiento fue encomendada al menos dogmático de los falangistas veteranos, José Solís Ruiz, un prestidigitador político”.  (Ellwood “Spanish Fascisme”)

Financiación

“No era motivo de sorpresa que miembros del grupo Renovación Española financiasen con agrado a la Falange. Careciendo de bases militantes, los monárquicos veían en la Falange como carne de cañón en potencia para la lucha callejera y como un instrumento de desestabilización política para extender un ambiente de inseguridad y para justificar un alzamiento militar.

Además, la presencia de José Antonio, hijo del dictador, al frente de Falange, constituía una garantía útil para los empresarios y, en particular, para los terratenientes. El mismo tipo de garantía que el joven aristócrata Primo de Rivera proporcionaba a los terratenientes del sur era el que J.M. de Areilza representaba para la alta burguesía vasca. De hecho, a pesar de toda su retórica anticonservadora, los límites del radicalismo falangistas estaban muy claros...” (Paul Preston “La política de la venganza”. Barcelona, 2004, p. 65).

Mussolini

“Incapaz de reclutar grandes masas y retirado gran parte del apoyo financiero nacional, la supervivencia de la Falange fue posible, en parte, gracias al dinero del gobierno italiano, aunque esto no debe considerarse en exclusiva como un sello de la aprobación fascistas, puesto  que tanto los carlistas como Renovación Española eran objeto de la buena disposición de Mussolini” (Saz, “Mussolini Contra la II República española).

Poder

“En realidad, el poder de la Falange fue siempre poco sólido y nunca fue equiparado al del NSDAP, en Alemania, o al del Partido Fascista, en Italia. La Falange no había conquistado el Estado por sus propios medios, sino que había llegado al poder gracias a un Alzamiento militar. Había perdido todo dinamismo autónomo cuando, después  de la Unificación, se había prestado a engrosar la estructura burocrática del nuevo Estado fascista. La Falange fue la palestra desde la que aspirar a los cargos y la siempre flexible retórica de sus dirigentes un simple medio para granjearse favores y conseguir ascensos. La meta de la revolución nacionalsindicalista  fue abandonada en silencio con la aspiración a las sinecuras de los funcionarios estatales. La reforma agraria y la nacionalización de la banca paso a ser parte de la revolución pendiente” (Amando de Miguel, “Sociología del franquismo”,Barcelona, 1976)

Provocaciones

“... como en los sucesos de 1934, la mayoría de los historiadores – no así Payne y La Cierva – pasan por alto los primeros golpes a la Falange, dando a entender que ésta actuaba con un plan deliberado de provocaciones para desestabilizar al Frente Popular. Pero los datos indican más bien que la violencia le fue impuesta a una Falange poco deseosa de hacerse notar en aquellos momentos”. (Pio Moa, “Los mitos de la guerra civil” La Esfera, Madrid, 1999)

Unamuno

“...la Prensa y radio rojas dieron pruebas de sordidez y de su brutalidad, arremetiendo contra el difunto (Miguel de Unamuno) e inventando la más pintorescas suposiciones sobre la causa de su muerte. “L’Humanite”, de Paris, órgano del partido comunista francés, dio por seguro su asesinato por los falangistas. Los periódicos de Madrid y Barcelona decían lo mismo, y también la  versión de que había muerto en la cárcel. “La Vanguardia”- bajo la autoridad de la Generalitat republicana – le negaba genialidad y talento, dedicándole frases e insultos...” (A. De Obregón).

Gil Robles

“La Falange no es católica”.

Madariaga

“La Falange no es más que literatura y mala”

García Lorca

“Federico García Lorca fue asesinado por los falangistas de Granada”. (De la prensa republicana en la guerra y en el exilio, y en  la propaganda repartida en la UNESCO cuando se votaba el ingreso de España en el organismo)

Subvenciones

“La Falange recibió 25.000 liras mensuales de subvención por parte del partido fascista italiano y cuantiosas cantidades de Renovación Española, los capitalistas monárquicos y vascos, como contrapartida por su activo anticomunismo”.

Tierno Galván,Enrique

“Para explicarla posición y actitud de los liberales hay que añadir el fracaso de Falange Española como partido vertebrador de la sociedad en relación con el Estado. La teoría de los falangistas, copiada de los especulativos italianos, de un partido como pieza intermedia entre el Estado y la sociedad, no había tenido ningún éxito en la práctica. Falange Española se había constituido poco a poco como órgano burocrático, perdió fluidez y eficacia y adquirió un carácter parasitario que la opinión pública denunciaba constantemente”.(...) “Falange perdió al cabo las notas de heroicidad, aventura y riesgo. Se disolvieron los supuestos románticos que en un comienzo había rodeado a este partido menor, y quedó simplemente el hecho de su engrandecimiento por multitud de advenedizos. Los sueldos crecidos (¿), el poco trabajo, el medrar, la adulación, la falta de escrúpulos y la desgana unida, desde luego, a la obediencia sin critica, era la imagen que los españoles tenían de los falangistas”.(...) “Volviendo a lo que estaba tratando de explicar, pienso que el fracaso de Falange fue una de las condiciones fundamentales para que los monárquicos protestaran y se fueran alejando, con lentitud pero con una intransigencia fuerte, del régimen franquista”.(“Cabos sueltos”)

Franco y José Antonio

“Franco se desinteresó de cualquier intento de liberar a José Antonio de la prisión de Alicante, donde fue ejecutado, e incluso negó el placet a la marina británica para intentarlo”.

La represión

“La represión en la retaguardia y en la postguerra estuvo a cargo de los falangistas”.

Quinta columna

“No existió “quinta columna” falangista en la zona republicana.”

Intelectuales y escritores

“Los intelectuales, poetas, artistas, escritores, etc. fueron leales a la República. La Falange careció de personalidades de prestigio en sus filas”.

Pasionaria

“Después de la subida de Hitler al Poder, en 1933, el peligro del fascismo era en España  una amenaza real e inmediata. Abiertamente comenzaron a actuar organizaciones fascistas, las cuales, según afirmaciones de su jefe e inspirador José Antonio Primo de Rivera, “no comprendían más dialéctica que la de las pistolas”.

José Antonio

Un historiador mendaz y subvencionado escribió  que Franco informó a Serrano Suñer de que a José Antonio hubo que inyectarle una inyección antes del llevarle ante el pelotón de ejecución  para que pudiera soportar el trance.

(“Falsedades” fue escrito para formar parte de los textos incluidos en    el Libro "Homenaje a José Antonio”,
que Plataforma 2003 ha editado con ocasión del Centenario del Fundador).

 

[1] Imatz, Arnaud, “José Antonio, Falange Española y Nacionalsindicalismo”. Ed. Plataforma, 2003, Madrid, Pag 21 (Nota) “Santo, mártir, gangster, chulo con aire de proxeneta, defensor de la cristiandad, salvador de España, testaferro del capitalismo, espía del fascismo italiano, tales son las calificaciones que le atribuyen las plumas más diversas”.

[2] Alvarez Puga, “Historia d ela Falange” DOPESA, Barcelona, 1969, pag. 71.

[3] Stanley G. Payne, “José Antonio”, Ediciones B S.A. (Cara y Cruz), pag 174.

[4] Raul Martín “La contrarrevolución falangista” Ruedo Ibérico, París, Pag. 29.

[5] Imatz, Arnaud, ob. cit. pag, 154.  El 20d e junio de 1936, en “No Importa”, titulado “... la Falange no es una fuerza cipaya”, José Antonio se enfrenta con las fuerzas reaccionarias: “Por la izquierda se nos arruina... El gobierno del Frente Popular nos asfixia. Pero cuidado, camaradas, no está en la izquierda todo el peligro. Hay aún en las derechas gentes... de las que no podemos escribir sin cólera y asco, que todavía sugieren que la misión de la Falange es poner a sus órdenes a ingenuos combatientes. Un dia si y otro no, los jefes provinciales reciben misteriosas visitas de conspiradores de esas derechas con una propuesta así entre labios. ¿Podrían ustedes darnos tantos hombres...?”

[6] Stanley G. Payne, ob cit. Pags. Diversas)

[7] Rodríguez Jiménez, José Luis, “Historia de Falange Española de las J.O.N.S.”, Alianza Editorial, Madrid, 2000, p. 174.

[8] Mancisidor, José María, “Frente a Frente” (José Antonio ante el tribunal popular) Madrid, 1963. Pags. 55-57)

[9] Farias Garcia, Pedro, “Las Constituciones españolas”. Ed. Doncel. Madrid, 1971, Prólogo.

[10] Tamames, Ramón, “La República. La era de Franco”. Ed. Alianza Universidad. Madrid, 1971. P. 7.

[11] Stanley G. Payne. O. Cit.. P. 1745

[12] Imatz, Arnaud, Ob. cit. p. 8.

[13] Consultar el libro de Enrique de Aguinaga y de González Navarro “Sobre José Antonio”. Ed. Barbarroja. Madrid, 2002.

[14] Al final de este escrito se reproduce una relación de agravios imputados a José Antonio.

[15] Imatz, Arnaud, ob. cit. p.21(Nota)

[16] Pierre Milza y otros “Diccionario de fascismos”. Ed. Bompiani. Milán, noviembre de 2002. p. 515.

[17] José Antonio Primo de Rivera. Nota de prensa redactada por el propio fundador negando esta condición de un modo terminante. (O.C. p. 395)

[18] Renzo de Felice “Entrevista sobre el fascismo”. Ed. Laterza-Roma-Bari, 1967.P. 20.

[19] José María García Tuñon  Aza “José Antonio y la República. Ed. Tarfe. Oviedo, 1966

[20] José María Tuñón de Aza, ob. cit. p. 100

[21] Eduardo Alvarez Puga. “Diccionario de la Falange” Dopesa. Barcelona, 1977. P. 50.

[22] Stsanley G. Payne. Ob. Cit. P. 284.

[23] Herberth R. Southwoerth, “atifalange”. Ruedo Ibérico. París. P. 15.

[24] I Gibson “En busca de José Antonio”. Planeta. Barcelona, 1980. P. 62

[25] Joan Maria Thomas, “Lo que fue la Falange”, Plaza&Janés. Barcelona, 1999. P. 26.

[26] Salvador de Madariaga, Prologo al libro de Dionisio Ridruejo “Casi unas memorias”. Ed. Planeta, Barcelona, 1976. P. 13.

[27] Stanley G. Payne, ob. Cit. P. 190.

[28] Imatz, Arnaud, ob. Cit. P. 13.