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academias La Falange creó diversas academias para la formación de su personal directivo. La primera de ellas, como consecuencia de la guerra, fue la destinada a la formación de oficiales de las milicias en Salamanca, Sevilla, Vitoria, etc. Estas academias, de acuerdo con Manuel Hedilla y con el permiso de Franco, solicitaron del embajador alemán la petición a Berlín del envío de un grupo de instructores que hablaran español para encargarse de la formación de los jefes de centuria de las milicias (centurias = unidades equivalente a las compañías del Ejército). El mismo embajador, proponía que este grupo estuviera al mando del comandante de Caballería Von Issendorff. El grupo llegó en enero de 1937, aunque hasta marzo de este mismo año no se concedió el permiso para que el grupo de profesores alemanes iniciaran su actuación. La primera academia fue la de Sevilla, donde comenzaron los cursos a primeros de febrero de 1937, con asistencia de unos cincuenta alumnos, a los que se impartía formación por miembros de la "Primera Línea", junto con los instructores alemanes, llegados por vía marítima a la capital andaluza. Al mando del grupo venia el primer teniente Peter Bozung y como adjunto Joachim von Knoblach y otros oficiales. En el mes de marzo inició su funcionamiento la Academia de Jefes de Centuria en la Academia Nacional de la localidad de Pedro Llen (Salamanca), emplazada en una finca de reses bravas situada en el pueblo de Las Veguillas. De aquí salieron cincuenta cadetes para intervenir en los sucesos que se produjeron en la dirección de la Falange con ocasión de la Unificación, decretada por el general Francisco Franco el 19 de abril de 1937. El último de estos centros puestos en funcionamiento fue el de Zaragoza, si bien todos ellos fueron clausurados a raíz del Decreto de Unificación. Las enseñanzas que se impartían en las Academias de Oficiales eran: Instrucción en orden cerrado, táctica de combate por escuadras, sección y compañía, tiro, táctica, topografía y ordenanzas militares. Los profesores, al parecer, fueron incorporados a las Academias de Alféreces Provisionales del Ejército, a partir de la supresión de estos centros. Inicialmente, se formaron nuevos equipos de instructores para que actuaran en nueve ciudades, tales como Toledo, Cádiz, Málaga, Cáceres y La Coruña, además de otras que se fueran creando en otras ciudades. pero estos no llegaron a funcionar . . . Finalizada la guerra se crearon diversos centros de formación: en Madrid, la Academia Nacional de Mandos e Instructores, bajo la denominación de "José Antonio". En ellas se formaron veinte promociones de Oficiales Instructores e Instructoras Generales de la juventud, cuya misión era impartir la formación política y la educación física en todos los centros de enseñanza, de trabajo y núcleos rurales, así como la destinada a las unidades del voluntariado juvenil de la Falange. Fueron éstas instituciones modélicas. En el caso de los varones, el centro, instalado en Madrid, fue creado y dirigido desde su fundación por Alberto Aníbal Álvarez, con un gran plantel de profesores, entre los que destacaron Anselmo Romero Marín, Carlos Alonso del Real, Antonio Castro, Jorge Jordana de Pozas ... Este último, nombrado director posteriormente, configuró el centro con una plural dimensión intelectual y universitaria, que elevó la entidad de los estudios allí realizados. Fueron muchos los países que se interesaron por esta experiencia y la impronta formativa que imprimió en sus planes de estudio. Se cuenta que el propio Fidel Castro, que conoció el centro por sus textos y referencias de ex - alumnos, afirmó que España había transformado el nervio y el talante de su juventud, gracias a la acción de estos mil hombres, los oficiales instructores, en su proyección sobre la juventud española. Por su parte, la Sección Femenina, con el nombre de "Isabel la Católica" creo su escuela de Instructoras Generales y especialistas - divulgadoras, enfermeras, monitoras, etc - en el Castillo de la Mota, en Medina del Campo (Valladolid), y posteriormente en el Pardo y las Navas del Marqués. Asimismo mantuvo una gran diversidad de centros de formación, escuelas de enfermeras, de divulgadoras rurales, de Magisterio, etc. en diversos lugares de España, cuyo centro modelo fue el que se estableció en la Ciudad Universitaria de Madrid, bajo al advocación de "Ntra. Sra. de la Almudena". La Organización Sindical del Movimiento mantuvo durante años de su vigencia la Escuela Sindical Nacional, bajo la dirección de Navarro Rubio, Poveda Ariño, Sánchez Creus, Martines Fernández, Campoy García, etc. de la que dependerían las Escuelas Sindicales de cada provincia, en las que se formaban como sindicalistas los dirigentes, enlaces y jurados sindicales de las empresas, así como de sus cuadros dirigentes, acción que alcanzó a más de treinta mil dirigentes de trabajadores en cada curso. Junto a |