Presentación de
El legado de José Antonio
 

Juan Velarde Fuertes
Real Sociedad Económica Matritense
27 de mayo de 2013

Nos encontramos ante un libro importante y doble. Importante porque se centra en torno a un gran español, José Antonio Primo de Rivera. Doble porque efectúa una revisión admirable bien documentada –yo diría que de modo exhaustivo- del ambiente que rodea y de la personalidad política de José Antonio. Creo que va a ser muy difícil superar esta extraordinaria aportación, que también es crítica. Crítica con evidente amor, pero crítica al fin y al cabo. Todo esto en un libro que emplea la técnica de preguntas y respuestas que tras el Concilio de Trento, nos mostró el P. Astete.

 

Cuando lo iba leyendo continuamente me decía: pero, si no ha hablado de ésta o de otra cuestión. Pronto me encontraba con que aparecían estos aspectos, tratados, además, de modo amplísimo y convincente.

 

De este modo, ha surgido otro José Antonio de aquí en adelante. Con él aparecen aspectos biográficos esenciales de otros nacionalsindicalistas. Por cierto que es admirable la crítica que se hace a estos planteamientos nacionalsindicalistas que, por ejemplo, ignoran –no lo ignora este libro- el papel de la política fiscal y no digamos la del mercado.

 

Como hechos subyacentes, que asoman una y otra vez, se encuentran, a mi juicio tres. En primer lugar que el mundo se encontraba agotado por la Gran Depresión, y que, con esa base, surge la idea de una rectificación muy a fondo de lo que había existido hasta 1929. En segundo lugar, la atracción hacia los sistemas autoritarios. Recordemos los tres planteamientos de Mihail Manoilesco, que por cierto, pasó por Madrid antes de nuestra guerra civil. Mainoilesco, un economista importante, con proyección que llega, como ha probado el profesor Love, hasta ahora a través del denominado estructuralismo económico latinoamericano, quien defendía la industrialización basada en el proteccionismo, una economía corporativa y la existencia de un partido único. No fue José Antonio el único atraído por esa línea de pensamiento y de acción. Nada menos que Keynes, en el “Prólogo” a la edición alemana de su Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero”, afirmará esto el 7 de septiembre de 1936 y a Keynes, políticamente se le coloca al lado del partido liberal británico: “La teoría de la producción agregada que es lo que el libro trata de proporcionar, se adaptaría con más facilidad a las condiciones que se dan en un estado totalitario que la que lo hace la teoría de la producción y distribución de una producción determinada, bajo condiciones de libre competencia y laissez faire”. ¿Se podría decir que Keynes era fascista?

 

Me atrevo a añadir algo que debo a una conversación con Alfonso García Valdecasas. Me dijo que al salir del acto fundacional del Teatro de la Comedia el 29 de octubre, le mostró a José Antonio que le había molestado lo de la dialéctica de los puños y las pistolas, y que éste le repuso: “Se me escapó y pasé inmediatamente a lamentarlo, porque voy a tener que cargar con eso en adelante, como le sucede a Azaña por haber dicho aquello de que España había dejado de ser católica”.

 

Para la historia de España, desde 1927 –con Giménez Caballero tras su puesto desde 1931, con Ramiro Ledesma Ramos, y en suma, desde el inicio de un movimiento que tenía las iniciales de L.E., con antecedentes nada menos que en Ortega, éste es un libro de consulta continua, en el que resplandece una figura de un gran sabio español que no podía, al comienzo de su treintena, saberlo todo. Un poeta español que escribió a principios del siglo XVIII, Eugenio Gerardo Lobo, en un romance humorístico, dice con acierto:

 

Aristóteles, Teofasto
Pitágoras y Zenón
Jamás pudieron saber
La esencia de un caracol.

 

Las limitaciones que se derivan de la falta de omnisciencia no afectan a estos cuatro grandes. Tampoco las que en este libro se indican, para hacer una biografía perfecta, a José Antonio y sus derivaciones políticas.