Novedad editorial:

La Cuarta España del 36

Memorias de un niño de la guerra.

 

Es el último libro editado por Plataforma 2003. Su autor, Joaquín Fernández antiguo Oficial Instructor de Juventudes, es Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y Profesor emérito de la Universidad de Barcelona.

La presentación tuvo lugar en Barcelona el pasado día 20 de diciembre en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales, (Diagonal 696), a las 19 horas.

Junto a Manuel Parra y Joaquín Fernández, presidieron el acto el Vicedecano de Empresariales así como varios profesores de la Facultad.

Presentación del libro «La Cuarta España del 36»

de Joaquín Fernández.

 

Manuel Parra

 

Parece fácil presentar el libro de un amigo; basta dejar que el corazón hable. Pero eso sería una concesión al sentimiento, a lo romántico, y en este lugar y por la propia categoría de Joaquín Fernández, debe hablar la inteligencia, lo cual es mucho más difícil, máxime cuando el que os dirige estas palabras, en nombre de Plataforma 2003, se considera un permanente alumno del autor de este libro, hombre que ha sido y es su maestro en muchas y excelentes cosas.

Por lo tanto, parafraseando a Umbral, en paz descanse, recordemos que "hemos venido a hablar de un libro" y no a prodigar elogios ni a hacer juegos florales. Sobre todo porque nuestro tiempo está siendo poco propicio para ello.

"La cuarta España del 36" está hecho con la perspectiva de una mirada infantil e ingenua; Un niño de familia campesina que vivió las jornadas republicanas, aquella "alegría del 14 de abril" que luego derivó en el “no es esto, no es esto” de Ortega. Éste es el contenido, a grandes rasgos, pero, como profesor de Lengua y Literatura, permítaseme añadir algunas líneas para entenderlo. En primer lugar, una característica singular que pertenece al terreno de la expresión: esa mirada infantil, “desde abajo*, no es obstáculo para un vocabulario formado por maravillosas palabras antiguas y terruñeras, de cuya existencia y significado no sólo no tienen noticia los actuales alumnos de secundaria sino tampoco, acaso, muchos de nosotros. Estas palabras se refieren a faenas y aperos agrícolas, a costumbres de antaño, que ya figuran en los desvanes de los diccionarios y en los sobrados de las antiguas casas campesinas; pero todas estas palabras tienen el olor a algo natural, a tomillo y a espliego.

Algún economista presente quizás se refiriera al sector agrícola con palabras más precisas, ajustadas y menos bellas; sin embargo, Joaquín, que es Doctor en Económicas y escritor, prefiere hacernos evocar ese mundo, casi ya desaparecido, con la fuerza del lenguaje y de la poesía.

"La cuarta España del 36" está dedicado a los nietos de Joaquín y a todos los nietos de España... Me imagino que el autor es consciente de que, con ello, está prestando dos grandes servicios educativos a los niños y adolescentes que acudan a sus páginas: uno es paliar una deficiencia no solo académica sino acaso vital que presentan, la de carecer de sentido cronológico; en efecto, nuestros alumnos de hoy son incapaces de entender que existió un "ayer" diferente del "hoy", y que existirá un "mañana": son seres de presente exclusivamente. El libro de este abuelo de todos los niños españoles a lo mejor les ayuda a entender el proceso de las generaciones, de los sacrificios de unos para que otros hereden una vida mejor.

El segundo servicio se refiere también a una carencia: el desconocimiento profundo que tienen niños y adolescentes de la Historia de España; se nos ha hurtado una auténtica y objetiva "memoria histórica" y se ha pretendido sustituir por el amaño del programa "Cuéntame" y versiones parciales y aun rencorosas. Frente a ello, el libro de Joaquín Fernández no rezuma rencor ni partidismo, sino que -cosa rara en unas memorias- enfoca con ecuanimidad la sociedad, España, sus problemas... Podemos coincidir o no con su visión, pero es tan válida como cualquier otra que parta de las mismos parámetros de bondad que la que tenemos delante. Joaquín Fernández no cierra ninguno de los dos ojos para contemplar la vida de España, que, como todas las cosas bellas, hay que mirar de frente, con los dos ojos bien abiertos...

En el libro hay mucho más. Acudiendo al término acuñado por don Miguel de Unamuno, he de decir que estamos ante un trabajo "intrahistórico".

Recordemos: Unamuno llama "intrahistoria" al día a día de la gente humilde, con sus grandezas y sus miserias; esa gente que nunca figurará en los manuales eruditos, pero que es el verdadero hacedor del devenir de la humanidad; es la historia que hace a diario la gente humilde, como el propio Joaquín, que es humilde por naturaleza.

Y esa gente humilde -permítanme una reflexión en voz alta- acumula el desencanto de la "historia oficial". ¡Cuántas ocasiones hemos perdido los españoles en ciento cincuenta años de lograr una auténtica convivencia, en paz, diálogo, justicia y libertad!

Desde ese 14 de abril del 31 del niño que figura en la contraportada, pasando por el 1 de abril del 39, del chaval que se ilusiona con las palabras de un hombre que ha sido fusilado en la contienda, llegando al 6 de diciembre de 1978, con el hombre maduro que siempre soñó con definitivas reconciliaciones entre españoles y, pocos años después, en la actualidad, ve como el encrespamiento de la sociedad civil, azuzada por la sociedad política irresponsable, vuelve a hacer peligrar una dinámica histórica de pueblo civilizado.

Por eso se comprende una característica esencial de Joaquín Fernández que queda patente en su libro, sin concesiones a la galería: su admiración por José Antonio Primo de Rivera, propulsor de una promesa revolucionaria y de un estilo de vida, que, a punto de ser fusilado, dejó escrito: "Ojalá fuera la mía la ultima sangre española que se vertiera en discordias civiles”.

Este es también el deseo íntimo del libro de Joaquín Fernández. Se podrá discrepar o no de una teoría política, pero creo que todos coincidimos en la intención y el afán de lo así expresado.

Unas alusiones literarias más, abusando de su benevolencia. La pluma ágil de Joaquín y su sinceridad nos recuerdan a Baroja, pero sustituyendo la hosquedad barojiana y la bruma del lluvioso paisaje norteño por la alegría y el humor andaluz. También como Baroja, la aparente espontaneidad del estilo, se sustituye aquí por el estudio concienzudo de los textos, cualidad sobresaliente y que contrasta con una nota simpática y vital de Joaquín Fernández: sus despistes... ¡Porque el libro carece de ellos!

“La cuarta España del 36” merece inscribirse en la tradición española de la novelación histórica, aunque en este caso la ficción ha sido sustituida por la realidad; la técnica me ha recordado los Episodios Nacionales de Galdós y los Episodios Nacionales Contemporáneos de Ricardo Fernández de la Reguera y de Susana March. Pero, en la obra de Joaquín, el "cronista" no sólo no es inventado sino que es él mismo.

El niño, el adolescente, el hombre maduro, pasan revista a la historia de España. Ahí están contenidos el escolar, el "flecha", el Oficial Instructor, el Doctor, el Decano... Todos son Joaquín, ese hombre bueno que ha tenido la buena ocurrencia de escribirnos un libro.

Y ahora, como amigo, como discípulo y como vicepresidente de esta Plataforma Cívica 2003, cedo la palabra al autor y agradezco a ustedes su presencia aquí en esta tarde. Muchas gracias.

 

 

Agradecimiento de Joaquín Fernández

 

Hola

Ya preveía que Manolo Parra pronunciaría una presentación muy elaborada, con la rigurosa estructura y brillantez acostumbrada en él. Como contraste, no pretendo la imposible tarea de rivalizar con él en elocuencia, sino dirigirme a este grupo de amigos con total espontaneidad, dejando que mis labios pronuncien las palabras que mi corazón dicte.


Sean mis primeras palabras para agradeceros profundamente vuestra asistencia en esta desapacible tarde y cuando, más o menos, todos estamos involucrados en el ajetreo de la preparación de las fiestas navideñas y la peregrinación por los comercios para adivinar y recopilar los juguetes y demás regalos familiares.


No os vayáis a creer todo lo que dice Parra, porque en tal caso os defraudará el librito. Qué más quisiera yo que asemejarme a Galdós y Baroja. Lo que pasa es que Manolo y yo somos amigos desde que él era un adolescente y yo un dirigente juvenil; y cuando nace la amistad entre un joven y un adulto que, por los años podría ser su padre o su tío, tiene a aureolarlo de unas virtudes de las que, desgraciadamente, carece.


Solo he querido traer a la memoria unos recuerdos de infancia para que mis nietos no comulguen con las ruedas de molino que les ofrecen quienes solo conocen la República y la Guerra civil de oídas. Pero algunos buenos amigos han tenido la generosidad de dedicar su escaso tiempo a mejorar mi escrito; y estos buenos amigos me han animado a publicarlo, para lo cual he encontrado la inestimable ayuda de Jaime Suárez que se ha ofrecido a editarlo en Plataforma 2003. Y aquí estamos. Y creo que lo mejor para todos es que, en lugar de haceros una larga exposición de mis objetivos y resultados, abramos un turno de preguntas para atender a vuestras dudas y deseos de ampliación. Muchas gracias.
 

Barcelona, 20 de diciembre de 2007

 

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