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Manuel Parra Celaya
Por fin.
Después de más de treinta años, tenemos en nuestras manos una
excelente edición de las OBRAS COMPLETAS DE JOSÉ ANTONIO PRIMO DE
RIVERA. De la última, la de 1976, llevada a cabo por el Instituto de
Estudios Políticos, muchos ni nos enteramos, pues salió de la imprenta
para ir a la hoguera, en ceremonia inquisitorial democrática.
Así, en nuestras bibliotecas particulares, tenemos, en un lugar de
honor, aquellas entrañables ediciones de la Sección Femenina, que ya
no se titulaban "completas", sencillamente porque no lo eran... Por lo
menos las mías están llenas de anotaciones al margen, subrayados,
llamadas, papelitos pegados...
Ahora sí que tenemos unas obras COMPLETAS.
Salvo posteriores revisiones y hallazgos, aquí está recogido todo el
discurso de un hombre joven que iba a tener impacto para otros muchos
jóvenes, y que sigue despertando -setenta años después de su
fusilamiento- amores y odios como ningún otro personaje de la Historia
de España.
1.- En primer lugar, para los ás jóvenes o para los que se
acercan por primera vez a estas páginas, diré lo que NO SON:
-
Un conjunto de "recetas" como bálsamo de Fierabrás capaz de
solucionar los problemas españoles.
-
Una "Biblia" a la que recurrir y de la que podemos repetir, como
"inspirados", frases textuales y en cualquier conversación.
(No: ni José Antonio era un profeta ni un santón, como tantas veces
nos lo quisieron presentar).
-
Tampoco es un conjunto de soluciones trasplantables al mundo
de hoy, setenta y un años después de que se escribiera la última de
sus líneas. Pensemos que estamos ante unos textos cuya distancia con
la actualidad es la misma, más o menos, que entre la época de
José Antonio y la "gloriosa" de Prim... ¿Alguien se imagina a José
Antonio repitiendo expresiones y conceptos invocados en 1868?
Nos dice Arnaud Imatz en el libro
José Antonio, Falange Española y
Nacionalsindicalismo:
"José Antonio no puede
ser aislado de las circunstancias, de los hechos que lo rodean. No es
un autor abstracto, intemporal, sino concreto, circunstancial".
2.
Por lo tanto, vamos a ver ahora QUE SON:
-
Un documento histórico de una época de la Historia de España. Una
perspectiva desde la "Tercera España"; no la única perspectiva,
pero, eso sí, tan legítima como otras, complementaria de ellas e
imprescindible para entender cuál era la situación de España, de
Europa y del mundo en aquellos azarosos años.
-
Un retrato completo de la personalidad, el pensamiento y la actitud
vital de un hombre joven que murió fusilado en medio de la tragedia
española de la guerra civil.
-
El estudio de un proceso de maduración y radicalización personal de
este hombre joven, desde posiciones de conservadurismo tradicional
hasta el sindicalismo revolucionario, pasando lógicamente por
el fascismo, sobre el que -en expresión de Ortega- se "destiñe" una
actitud en el fondo liberal. Por encima de todo esto, se trata de un
proceso de renuncia a privilegios de clase; para decirlo en una
palabra más concreta, del Servicio de aquel "nobleza obliga"
-
Una guía de estilo, en consonancia con lo anterior. Así, Arnaud
Imatz nos dirá:
"Más allá de los principios, de la intuición, del esbozo de la
doctrina política que José Antonio no tuvo tiempo ni voluntad de
estructurar, por encima de las contradicciones y el idealismo de
alguna de sus tesis, la eterna lección que nos deja es, ante todo,
ética".
En
efecto, a veces hemos hecho mucho hincapié en tal propuesta económica
o cual política y poco interés en averiguar que era ese modo de ser,
que José Antonio compara al amor, en el que no existe un programa
definido de abrazos y de besos, sino un actitud que, en cada momento,
nos dicta si debemos besarnos o discutir.
La
lectura de los documentos no estrictamente políticos -incluídos en
estas Obras Completas- redondeará nuestra visión de la elegancia del
gesto de este hombre.
3.- Por tanto, en las OBRAS COMPLETAS encontraremos:
-
Poesía, tanto en el sentido de "creación" ("poiesis", en griego")
como de belleza.
-
Pasión y escepticismos, fe y dudas.
-
Sentido del humor y, a veces, muestras de aquellas "coleras
bíblicas" del malhumor por el que se arrepentía en su Testamento.
-
Contradicciones, como en todo discurso humano.
-
Fundamentación de las ideas: búsqueda de las esencias.
-
Intuiciones geniales sobre el "ser de España".
-
Objetividad y subjetividad, opiniones y evidencias, rectificaciones
y constantes.
(...)
Recogiendo otra vez la voz de Imatz:
"En sus discursos se entremezclan de forma permanente filosofía,
ética, método histórico, filosofía de la historia y teoría política".
4.- Es importante leerlas, para evitar, por ejemplo, que se acuda a
José Antonio, como tantas veces ha ocurrido, para justificar lo que de
ninguna manera estaba en su doctrina esbozada ni mucho menos en su
"modo de ser".
Si
no leemos -o repasamos- estos textos, con la luz que da la madurez,
podemos quedarnos en un "conocimiento superficial limitado a algunos
clichés" y, como ha ocurrido en medios supuestamente falangistas, en
un "desconocimiento lastimoso" de José Antonio, que queda así reducido
a "folclore" o a una "pose" anacrónica.
No
es tanto la letra como el espíritu lo que nos puede ocupar en este
comienzo del siglo XXI...
5.- Una lectura inteligente de las Obras Completas debe permitirnos,
junto a todo lo dicho, separar convenientemente aquellas cuatro
categorías que contempla Miguel Argaya en Entre lo espontáneo y lo
difícil:
-
Lo superficial, lo accesorio, todo lo que viene dado por "el sonido
de una época". Esta es la parte que hemos llamado "folclórica", con
la que se quedan los superficiales.
-
Lo contingente, constituido por las soluciones prácticas que dio
José Antonio para su época (y no para la nuestra). Podemos entrar a
discutir si pecan o no de utópicas, pero pensemos que estaban
esbozadas para la España de hace setenta años.
-
Lo permanente, formado por una armoniosa síntesis dialéctica entre
lo nacional y lo revolucionario, entre lo espiritual y lo material,
ente Patria y Justicia.
-
Lo esencial, que es la ética y la metafísica, implícitas y
explícitas, que enlazan pro propia definición, con lo poético.
6.- Alguno de los que estamos hoy en este salón -me consta-
hemos leído parte de estos textos, que nos suenan a algo familiar,
casi a tópico. Yo pediría que los leyéramos con una nueva luz, la que
nos da nuestra época.
¿Tenemos motivos para sentirnos personalmente desalentados?
¿Hemos llegado a la conclusión de que estamos -como dicen los
"modernos"- "fuera de onda"?
¿Hemos pensado alguna vez en "tirar la toalla"?
¿Vamos
a leer estas OBRAS COMPLETAS "canónicas" con la actitud del
arqueólogo? ¿ O por el contrario, vamos a acometer su lectura,
no con afán de imitación, sino de adivinación?
Partamos de una evidencia: Estamos aquí. Y lo están, en estos mismos
días, muchos españoles, veteranos y jóvenes, asistiendo a actos
similares ante la expectación de este libro.
Segunda evidencia: Seguro que ninguno de nosotros está incluido en esa
definición de "folclóricos" -que quizá he pronunciado con poca medida-
que se queda con un José Antonio estático, como una imagen en una
hornacina.
Tercera evidencia: La aceleración histórica es imparable; no existe
una "finis Historiae" como no existió un "finis Terrae". Seguro que
alguien, en algún lugar, muchos posiblemente, sentirán su rebeldía
ante el mundo que les ha tocado vivir y pretenderán encontrar nuevos
caminos, con más libertad y justicia.
Y,
posiblemente, ese alguien, esos muchos, encontrarán en las páginas de
este libro constantes, actitudes, ideas, con los que alumbrar un mundo
nuevo y mejor.
7.- De momento quedémonos con algo que forma parte de lo esencial. Yo
quisiera terminar, precisamente, con unas palabras del prólogo de
Rafael Ibáñez a su obra recopilatoria.
(Creo que todos los joseantonianos debemos estar eternamente
agradecidos a dos personas: una, Rafael, que nos entrega este regalo;
otra, el infatigable octogenario conseguidor de utopías, gruñón e
incansable, arisco y simpático: Jaime Suárez).
Estas palabras de Rafael Ibáñez en su prólogo son las siguientes:
"Sólo libres de
prejuicios se estará en disposición de comprender el sacrificio de un
hombre (José Antonio) que abandonó la comodidad de su bufete para
defender la memoria de su padre, que renunció a privilegios de los de
su clase en beneficio de otros que no le comprendían o incluso le
odiaban, que tuvo la fortaleza de ánimo suficiente para afrontar con
enteraza el último trance de su vida, expresando con absoluta
serenidad -sin afectación- un deseo que debería permanecer por siempre
grabado en la memoria de las generaciones: "Ojalá fuera la mía la
última sangre española que se vertiera en discordias civiles".
Así sea.
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Rafael Ibáñez Hernández
Señoras y señores, estimados amigos:
«Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas
calidades entrañables, la patria, el pan y la justicia.» Estas
palabras, con las que José Antonio cerraba la parte expositiva de su
testamento, sintetizan el espíritu que inspiró la trayectoria política
de aquel joven abogado cuyo nombre, setenta años después de su muerte,
aún provoca pasiones pese a los esfuerzos de muchos por negar lo
evidente: que incluso a su pesar se ha convertido en un referente en
la cultura política española. Su nombre ha desatado odios violentos y
fervores entusiastas que, en muchos casos, se sustentan sobre una
vacía ignorancia en un conjunto de clichés y lugares comunes que no
por reiterados y manidos dejan de ser inexactos cuando no
tendenciosamente falsos.
Durante el Franquismo, las abundantes reproducciones de los escritos y
discursos fruto de la actividad política de José Antonio formaron
parte de una marea propagandística que, sin embargo, se limitó a
impregnar con una ligera pátina un régimen político que en la práctica
desdecía numerosas de aquellas palabras, que en muchos casos llegaban
a los nuevos lectores lastradas con numerosas taras.
No había concluido aún la Guerra cuando la Delegación Nacional de
Prensa y Propaganda inició la publicación de las obras completas de
José Antonio con un primer volumen en donde se agrupaban diferentes
discursos, recopilación que tendría su continuidad ya en 1941 con otro
volumen en el que se recogían sus intervenciones en las Cortes, con el
significativo título José Antonio Primo de Rivera frente al
Parlamento. El interés oficial y la demanda editorial hizo que sobre
esta primera versión se solapasen otras dos, una materializada en 1939
en una edición popular de los discursos fundamentales de José Antonio
—sólo vio la luz este primer volumen— y otra en cuatro volúmenes
aparecida en Barcelona entre 1939 y 1941, debidos ya al esfuerzo
sistemático de Agustín del Río Cisneros. Éste contaría con el apoyo
del doctor Enrique Conde Gargollo para la edición de la primera
versión de los textos joseantonianos conocida ya como Obras completas
en 1942, año en que debió salir de la imprenta por dos veces, amen de
una tercera en 1945. Apenas cuatro años más tarde vio la luz la última
versión organizada sistemáticamente, al poco reeditada con mayor
amplitud. Publicaciones Españolas será la editorial oficial encargada
de sacar a la luz la primera versión cronológica de las textos de José
Antonio en 1951, tarea asumida a partir de 1954 por la Delegación
Nacional de la Sección Femenina durante dos décadas —sumando un total
de ocho ediciones sin alteraciones—, con lo que se convirtió en el
baluarte de la memoria doctrinal joseantoniana.
Mientras tanto, Agustín del Río Cisneros continuó su labor de búsqueda
y recopilación, para lo que contó con la inestimable colaboración del
argentino Enrique Pavón Pereyra, quien había seguido a Perón en su
exilio en España después de dirigir el Museo y Biblioteca
Justicialista en Lobos y que, en los últimos años de su vida
profesional y del pasado siglo, dirigió la Biblioteca Nacional de
Argentina. Fruto de esta tarea fueron diversas obras recopilatorias de
literatura forense, textos académicos y correspondencia
—fundamentalmente—, hallazgos que se concretaron finalmente en la
publicación de la obra José Antonio íntimo, que conoció hasta tres
ediciones sucesivas con pequeñas ampliaciones. Con todo, la inquietud
existente entre las filas falangistas en torno a la difusión del
pensamiento joseantoniano no quedaba satisfecha. Anhelaban la
sistematización de todos los textos de José Antonio y la publicación
de unas obras verdaderamente completas, lo que provocó no pocos
debates cuya historia queda relatada en la introducción de las obras
que ahora presentamos. Al fin, el acariciado proyecto se limitó a una
nueva versión que se esperaba definitiva de las obras completas de
José Antonio que vio la luz ya al inicio de la Transición, en 1976, de
la mano del Instituto de Estudios Políticos, que ha sido desde
entonces y hasta ahora la principal fuente textual joseantoniana, pese
a que fue destruida prácticamente en su totalidad en una suerte de
auto de fe democrático liberal.
La complejidad de esta relación de versiones de las llamadas obras
completas de José Antonio denota —aunque no sea yo el más apropiado
para señalarlo— no pocas dificultades en la tarea recopilatoria. Sin
duda alguna, la dispersión de los textos será uno de los problemas que
los anteriores recopiladores afrontaron con desigual fortuna. Su
indagación debió plantear grandes dificultades, entre las que no fue
menor la existencia de diferentes versiones para una misma alocución,
lo que en muy pocas ocasiones se resolvió trascribiéndolas todas. Tal
fue el caso del debut parlamentario de José Antonio el 19 de diciembre
de 1933, referido a partir de la versión del Diario de Sesiones y las
reseñas aparecidas en El Sol y Diario Universal, o de la conferencia
que pronunciara en el Cinema Alhambra de Zaragoza el 17 de febrero de
1935, cuyo texto se reconstruyó más tarde a partir de los resúmenes
que en su día publicaran El Noticiero y Heraldo de Aragón,
fundiéndolos en uno solo. Pero habitualmente, existiendo diversas
fuentes accesibles, Agustín del Río sólo recogerá una de ellas. Así
ocurre, por ejemplo, con el artículo “¿Euzkadi libre?”, publicado en
el primer número del semanario F.E. aunque —no obstante— había visto
la luz primeramente en el diario La Nación. O con la conferencia que,
bajo el título “Derecho y Política”, pronunciara el Jefe Nacional de
FE de las JONS el 11 de noviembre de 1935, cuyo texto aparecerá
reproducido tanto en el semanario del partido como en el portavoz del
Sindicato Español Universitario, pese a que sólo se aluda en las
llamadas obras completas a la primera de las publicaciones.
De otras intervenciones públicas, en cambio, sólo se recogió una de
las versiones existentes, que pasó de esta forma a ser considerada
canónica en detrimento de las demás. Es lo que ocurrirá con el
discurso pronunciado en Linares el 1 de febrero de 1936, del que se
publicará la versión aparecida en el ultraconservador madrileño La
Época, aunque el anterior recopilador también conocía la publicada en
Sevilla por el periódico La Unión. ¿Por qué actuó así, cuando además
ambos resúmenes presentan amplias discrepancias respecto del contenido
de la disertación de José Antonio? En otras oportunidades, el
recopilador silenció la fuente de la que tomaba los textos, una falta
que no sería de gran importancia si no fuera porque cuando esto ocurre
la versión incluida en las obras completas no coincide con la recogida
en la fuente más accesible y lógica. Así sucede con la conferencia que
Primo de Rivera pronunció en Valladolid el 3 de marzo de 1935,
conmemorando el primer aniversario del acto de proclamación de FE de
las JONS, titulada “España y la barbarie”, cuyo texto fue publicado en
los periódicos falangistas Libertad y Arriba, pero que los anteriores
recopiladores tomarán nuevamente del “modesto sapo semiclandestino”
—son palabras del propio José Antonio— La Época, aunque en esta
ocasión oculten tal dato. Más grave será aún el caso del discurso
pronunciado en Málaga en julio de 1935, del que los anteriores
recopiladores recogieron —sin mencionar fuente alguna— un primer
párrafo en el que José Antonio aludía al ambiente “de pura y sencilla
democracia” en que se desarrollaba el encuentro, tornado en
posteriores versiones en otro de “pura y sencilla camaradería”.
¿Cuál es la causa de estas diferencias? Sin duda alguna, la mayoría
tiene su origen en una defectuosa tarea de edición literaria. La
tosquedad de los medios empleados —muy posiblemente, trascripciones
manuscritas insuficientemente contrastadas en las sucesivas versiones—
y la ausencia de un rigor metodológico en el tratamiento documental
provocaría no pocos de los errores detectados. Pero además, pese a
tratarse de ediciones oficiales, el recopilador debió encontrar
también dificultades de carácter político, de modo que la censura
—impuesta o asumida— hizo su particular mella en las obras completas
de José Antonio. Acaso la más conocida de las intervenciones censoras
sea la sistemática eliminación en las recopilaciones de textos
joseantonianos —con la excepción de la publicada en 1976— del último
punto de la Norma Programática de FE de las JONS. Tampoco se recogerán
hasta ahora en ninguna de las ediciones de la colección supuestamente
completa de textos salidos de la pluma de José Antonio aquellos
escritos que éste redactase durante la permanencia en la cárcel hasta
su fusilamiento el 20 de noviembre de 1936, sin duda porque podían
comprometer la imagen que el régimen franquista quería dar del
Fundador. Con todo, la existencia de estos papeles y aún el texto de
varios de ellos fueron conocidos muy pronto. Quien fuera secretario
general de la organización falangista y albacea personal —junto con
Ramón Serrano Suñer— de José Antonio Primo de Rivera fue objeto en
1937 de canje por Justino Azcárate, a su vez preso en manos de las
autoridades franquistas. Antes de su liberación, Indalecio Prieto «me
entregó —afirma dicho falangista, Raimundo Fernández-Cuesta, en sus
memorias— la fotocopia del testamento de José Antonio, así como de
otros papeles existentes en su celda, entre ellos, un manifiesto
enjuiciando la situación creada por la guerra y proponiendo un
programa de solución y dos listas de Gobierno en las que figuraban los
nombres de Martínez Barrio, para la Presidencia [...]», indudablemente
con el propósito de producir una distorsión en las relaciones entre
los falangistas y Franco. Llegado a Biarritz, en el hotel donde se
alojó Fernández-Cuesta para pasar la noche antes de traspasar la
frontera le fue robada tan valiosa documentación: «Por más que hice
gestiones, no la pude recobrar ni conocer su paradero», afirma el que
llegara a ser jefe nacional de FE de las JONS durante la Transición.
No hay motivos para dudar de la veracidad de la anécdota, pero no así
de la sinceridad del relato, donde se oculta que —sin duda alguna— la
maleta había caído en poder de los servicios secretos del Cuartel
General del Generalísimo. Este suceso no fue obstáculo para que el
testamento fuera incluido en la sistemática recopilación de los textos
joseantonianos, mientras el mismo Prieto dio a conocer en cuanto tuvo
oportunidad el contenido de los documentos políticos que conservó del
Jefe Nacional de la Falange, primero en un breve folleto editado
conjuntamente por el PSOE y la UGT en Francia y posteriormente en sus
propias memorias. Incluidos en la recopilación de textos inéditos que
efectuaran Agustín del Río y Enrique Pavón, no será sin embargo hasta
1976 cuando se incluyan en las obras completas estos comprometidos
textos, que no aparecerán en las previas ediciones de la Sección
Femenina.
Si la edición íntegra de las páginas escritas por José Antonio está
salpicada por vicisitudes como las señaladas, que han hurtado a los
lectores la literalidad —parcial o total— de algunos de sus textos, no
faltan tampoco las dudas sobre otros escritos a él atribuidos. Es lo
que ocurre con el manifiesto fechado el 17 de julio de 1936, del que
se desprendería la adhesión de José Antonio al Alzamiento.
Ciertamente, es muy posible la existencia de un manifiesto escrito por
José Antonio en aquella fecha, pero es de temer que la redacción
conocida responda a una reconstrucción posterior, cuando menos sesgada
en la memoria por los acontecimientos posteriores.
No siendo José Antonio Primo de Rivera autor que se dedicase a la
redacción sistemática de sus textos, con posterioridad a la hasta
ahora última edición de sus conocidas como obras completas han
continuado apareciendo otros textos, cuya difusión no siempre ha sido
lo amplia que debiera. Sin duda, la publicación más conocida de textos
de este tipo es la que realizara su sobrino Miguel bajo el título
Papeles póstumos de José Antonio, obra en la cual se dan como inéditos
algunos textos que —según ya hemos visto— eran conocidos. Igual que
ocurre con los documentos que prueban el propósito de José Antonio de
mediar entre los contendientes para evitar la prolongación en el
tiempo de lo que fuera la Guerra Civil, también se ofrecerá como
inédito el texto de un ensayo de historia política que se da a conocer
con el título “España: germanos contra bereberes”. Pese a que Miguel
Primo de Rivera manifiesta en su prólogo que tuvo conocimiento de los
documentos que trascribe al llegar a su poder en 1977, lo cierto es
que ya se sabía de su existencia con anterioridad y son varios los
testimonios de quienes —cercanos a la Falange y a la propia familia
Primo de Rivera— dicen haber consultado previamente el manuscrito.
Además, y al parecer por mano del cineasta José Luis Sáenz de Heredia,
en 1993 se publicó por primera vez una defectuosa versión del citado
ensayo, reproducida después por el actual marqués de Estella en el
libro referido. Junto con notas empleadas por José Antonio en su
defensa y correspondencia variada, se publican en sus Papeles póstumos
los borradores de otros dos ensayos que pueden ofrecer mucho a los
estudiosos de su pensamiento político y algunos de aquellos «trabajos
meramente literarios» cuya destrucción rogó en sus disposiciones
testamentarias: la novela inconclusa Alarico Alfós, la titulada El
navegante solitario —que retoma algunos personajes de la anterior— y
una pequeña colección de sus poemas. A cambio parecen escamotearse
nuevamente al lector otros textos, acaso anecdóticos.
Con todo cuanto incluye, no será ésta de su heredero la única edición
importante de textos recuperados de José Antonio Primo de Rivera. Ya
en 1980, Ian Gibson reprodujo la versión traducida al español del
informe que al parecer el jefe nacional de FE de las JONS remitió en
el verano de 1935 a las autoridades fascistas —que ya fuera dado a
conocer en 1974 por el historiador Ángel Viñas—, recuperando también
algunas entrevistas concedidas a diferentes periodistas y en su
momento publicadas en varios diarios, dos de ellos con el texto en
catalán. En sus indagaciones, al escritor irlandés se le escaparon las
opiniones de Primo de Rivera insertadas en un pequeño libro publicado
por Alfonso Martínez Carrasco sobre las posibilidades del fascismo en
España, pasando también por alto las declaraciones que hiciera a
Rafael Ortega Lissón en las Navidades de 1935 sobre las inminentes
elecciones; tampoco aludirá a la entrevista que concediera en
diciembre de 1933 al periodista Cecilio Garcirrubio, publicada en El
Castellano —diario católico de Toledo—, que ha sido recuperada por
José Luis Jerez Riesco. Posiblemente, José Antonio concediera más
entrevistas de las que hoy conocemos, pero la censura republicana
impediría en su momento la publicación, y las vicisitudes de la guerra
hicieron el resto; sólo un par de ellas, las concedidas a Montero
Alonso y Ramón Blardony, fueron parcialmente conocidas y recogidas por
el anterior recopilador a su manera.
Por otro lado, a lo largo de estos últimos años se ha ido produciendo
un pequeño goteo de cartas, ofreciéndonos breves y dispares destellos
de su biografía. Entre esta correspondencia figuran algunas cartas que
permiten, más allá de la anécdota, captar no pocos matices de su
personalidad y su pensamiento, como las que remitiera a su profesor
Luis Olariaga, a Marichu de la Mora, a Miguel Maura, al general José
Sanjurjo…; o la que dirigió al que fuera antiguo ministro de
Agricultura de la CEDA Giménez Fernández en junio de 1936, cuando el
Jefe Nacional de la Falange ya llevaba semanas privado de libertad.
No deja de resultar curioso que entre estos hallazgos se encuentren
algunos documentos que parecen dejar al descubierto algunos elementos
claves de la vida pública de José Antonio. Es el caso de la carta
remitida a Fernando Gallego de Chaves en 1930 en la que resulta
evidente su intervención en la creación de la Unión Monárquica
Nacional como continuadora de lo que quiso ser la Unión Patriótica,
hito que señala su inicio de la actividad política. Fechada después de
la publicación del único número del periódico El Fascio —detalle éste
nada baladí— y en pleno periodo de gestación de lo que sería Falange
Española, en una carta a un industrial cántabro José Antonio anuncia
su propósito de «emplear las vacaciones en estudiar más a fondo el
movimiento político e intelectual fascista», confesión que delata un
indudable interés intelectual por un movimiento político entonces en
boga, al que se acercaba desde posiciones neoconservadoras. Apenas
tres años más tarde, José Antonio dejará constancia escrita del
resultado de ese estudio: «El fascismo es fundamentalmente falso».
***
El propósito de esta edición es doble. Por un lado, pretende
convertirse en la fuente canónica de los textos joseantonianos,
poniendo a disposición de todos cuantos estén interesados la versión
más fiel —o, en su caso, la disparidad de versiones— de cada uno de
los textos, debidamente tratados para su lectura, comprensión y
manejo. De otra parte, esta recopilación ha de ser un instrumento
fundamental para la comprensión de la peripecia biográfica de José
Antonio, útil guía para seguir su trayectoria vital, aunque
evidentemente no se trata de una biografía.
Para ello hemos revisado uno por uno todos los textos conocidos
—seguro que algunos han escapado a las pesquisas y quizá asomen ahora,
al calor de esta edición—, recurriendo a las fuentes primarias o
reproducciones fidedignas: la prensa nacional y extranjera, los
periódicos falangistas de la época, el Diario de Sesiones de Cortes,
la correspondencia original, los sumarios judiciales… Así, esta nueva
edición aparece depurada de las manipulaciones antes mencionadas,
libre de los antiguos errores de trascripción, con la versión íntegra
de los textos; incluso, en aquellos casos de discursos con distintas
versiones —por ejemplo, las correspondientes a las distintas crónicas
publicadas por diferentes periódicos— se ha optado por incluirlas
todas, pues en el fondo de esta manera se informa de las diversas
percepciones que los españoles tuvieron en su momento del mensaje de
José Antonio. En todo caso, se ha reseñado la fuente empleada para la
trascripción de cada texto, de modo que siempre se podrá contrastar la
versión que ofrecemos en esta recopilación; sólo en contados
documentos hemos de conformarnos con la versión ofrecida por el
anterior recopilador, dada la imposibilidad de acceder a la fuente
primaria. Además, incorpora los textos que hasta ahora habían sido
hurtados a los lectores, lo que supera el centenar de registros. A
cambio, se han desechado otros pocos textos cuya autoría se ha
demostrado que corresponde a otros escritores; es el caso del
manifiesto titulado “¡Neutralidad!”, salido de la pluma de Julio Ruiz
de Alda. También se han excluido algunos textos —como algunos
pasquines del Movimiento Español Sindicalista (Fascismo Español) o un
par de artículos aparecidos en El Fascio (Madrid)— sobre los que, pese
a haber sido atribuidos por algunos autores a José Antonio, no existe
constancia real alguna sobre su verdadera autoría y sí en cambio
serias dudas; en otros casos, en cambio, se acepta la responsabilidad
reclamada por el propio José Antonio ante los jueces, sabedor de que
la inmunidad parlamentaria protegía al redactor. En la medida de lo
posible, se han evitado aquellos textos de los que únicamente existe
una mera transmisión oral, especialmente aquellos que pudieran
resultar trascendentales para la comprensión de la historia del
movimiento nacionalsindicalista; es el caso de las palabras
supuestamente pronunciadas por José Antonio en la reunión de la Junta
Política efectuada en Gredos en junio de 1935, de las que existen al
menos tres versiones sin soporte documental alguno. En cuanto a los
manifiestos suscritos por José Antonio, aun aquellos cuya redacción no
se le pueda atribuir en su totalidad —o ni si quiera parcialmente—,
han sido incluidos en esta recopilación por cuanto su texto fue
asumido como propio por el dirigente falangista.
Esto no significa que no seamos conscientes de la carencia de algunos
textos, de la existencia de los cuales tenemos noticia pero a los que
ha sido imposible acceder. Así, por ejemplo, no se han podido incluir
la versión taquigráfica de la intervención de José Antonio —corregida
por él mismo— en el homenaje de Acción Española a Eugenio Montes, al
parecer desaparecida entre la documentación de la revista ni la carta
dirigida a Coselschi en la que José Antonio excusaba su asistencia a
la primera reunión de Montreux. Tampoco se ha podido recoger la
circular que, al parecer, redactó en enero de 1935 sobre la defección
de Ramiro Ledesma Ramos ni la trascripción de una entrevista que debió
efectuarse ese mismo año para Radio Barcelona. Nos consta, además, la
existencia de numerosos documentos dispersos —fundamentalmente,
correspondencia y documentación jurídica— en archivos personales,
notarías y despachos profesionales. En otros casos, pese a nuestros
esfuerzos, la trascripción será incompleta por no haber sido posible
el acceso a la fuente primaria, debiendo conformarnos con las
versiones ya publicadas. Así ha ocurrido —por ejemplo— con las cartas
que el dirigente falangista enviara a Marichu de la Mora o algunos de
los documentos conservados en la famosa maleta de la prisión de
Alicante, cuya trascripción publicada por Miguel Primo de Rivera
adolece a todas luces de numerosísimos defectos que no parece haya
empeño en subsanar, pese a los reiterados intentos que hemos realizado
por acceder a dicha documentación, sin éxito.
Para la ordenación de los textos, es indiscutible que el criterio
cronológico resulta el más apropiado, entre otros motivos porque
permite percibir la evolución personal e ideológica de José Antonio,
amén de traslucir los principales hitos de su biografía y de la
trayectoria del movimiento nacionalsindicalista. Sobre esta premisa,
no obstante, se derivan a una posición secundaria los borradores
existentes de algunos textos, primando —lógicamente— las redacciones
definitivas, como es el caso del himno “Cara al sol” o la “Carta a un
militar español”. Tratándose de una edición cronológica, se han
revisado y ajustado las fechas de los textos incluidos; el caso más
llamativo acaso sea el del artículo “La hora de los enanos”, publicado
en el diario La Nación el 13 de mayo de 1930 con respuesta a las
reacciones de la clase política tras la muerte de su padre, el
Dictador don Miguel Primo de Rivera, aunque siempre se había tomado
como referencia la versión publicada casi un año más tarde (el 16 de
marzo de 1931) por el diario madrileño ABC. Para aquellos textos en
los que no ha sido posible establecer la fecha de redacción se ha
tomado la de publicación, que en cualquier caso refleja el momento en
que estuvieron a disposición de sus destinatarios, siquiera mientras
lo permitió la implacable censura republicana.
Consciente de la importancia de ubicar cada uno de los textos en su
contexto espacial y temporal para alcanzar su más exacto significado,
se han incorporado en esta edición algunos instrumentos básicos, como
un aparato de notas aclaratorias y un exhaustivo apéndice onomástico
con sucintas reseñas biográficas de todos y cada uno de los personajes
mencionados, manteniendo —además— los titulares o entradillas que en
su caso acompañaron a la primera versión conocida. Respecto de las
intervenciones parlamentarias, se han mantenido las palabras
pronunciadas por otros diputados en aquellos casos en que su lectura
resultaba necesaria para la comprensión de lo dicho por José Antonio
en el palacio de la Carrera de San Jerónimo.
En la medida en que ha sido posible, los caracteres destacados en la
fuente empleada lo han sido también en esta trascripción en virtud de
una fidelidad lo más estricta posible. En cambio, y con el propósito
de facilitar la tarea del lector, se ha normalizado la grafía de las
cabeceras de prensa y del propio nombre de la organización política FE
de las JONS. Por otra parte, al tratarse en muchos casos de
intervenciones orales —sujetos, por tanto, a la arbitrariedad del
taquígrafo— o de textos escritos con premura, ha sido necesario
revisar la puntuación con el sólo propósito de clarificar el sentido
de los textos, sin intentar aplicar con rigor las normas hoy al uso.
Además, los errores detectados en las fuentes manejadas han sido
debidamente señalados o subsanadas en beneficio de la comprensión del
texto, aunque algunos se han trascrito en nota para mantener la
vinculación debida con el origen de la información. Por otro lado, el
lector podrá conocer aquellos errores o manipulaciones más reveladoras
o que alteraron significativamente el sentido de las palabras
originales en las versiones del anterior recopilador mediante el
empleo de diversas notas. De esta manera, sin interferir la línea
argumental de cada texto, se conserva una mínima relación entre esta
edición y las versiones previas, fueran la originaria o las
trascripciones anteriores.
***
No hay falsa modestia en mis palabras al expresar lo gratificante que
ha sido para mí trabajar en la preparación de estas nuevas obras
completas de José Antonio. Leer detenidamente sus textos para
trascribirlos nuevamente, tener en mis manos algunos de sus
manuscritos, trazar casi día a día —verso a verso, me atrevería a
decir— su peripecia biográfica a partir de sus discursos y escritos ha
sido tanto como sentir su voz en el local de la calle Rosich de esta
ciudad, descubrir un José Antonio absolutamente alejado de los
estereotipos a los que han querido reducirlo unos y otros, mucho más
grande —por humano, por hombre antes que héroe o villano— de lo que
cupiera imaginarse.
«Nada de un párrafo de gracias», dijo José Antonio al iniciar su
discurso en el Teatro de La Comedia el 29 de octubre de 1933, con un
laconismo que nos resulta familiar. En mi caso, soy yo quien tiene
algo que agradecer la colaboración de todos cuantos han hecho posible
estas novísimas obras completas. En el prefacio de la publicación he
dejado constancia de sus nombres, así que ahora me concederán la
gracia de no mencionarlos. Pero no quisiera terminar sin aludir a dos
hombres cuya actitud y compromiso me impulsaron en su día para llevar
a cabo esta gratificante tarea. Permitidme que, para ello, eche la
vista un poco hacia atrás.
Sin duda alguna, los sucesos más graves que tuvo que soportar la
Segunda República ocurrieron en octubre de 1934. Generalmente,
aquellas fechas se asocian al levantamiento revolucionario en Asturias
y, sólo en segundo término, al movimiento secesionista protagonizado
por los gobernantes de la Generalidad de Cataluña. Afortunadamente,
ambas sediciones fueron derrotadas, si bien la primera de las
mencionadas dejó un amplio reguero de víctimas. La insurrección fue
aquí más breve y menos incruenta, pero en las proximidades de la Plaza
de San Jaime perdió la vida un Capitán de Estado Mayor, muerto a manos
de los mozos de escuadra que mandaba el Comandante de Artillería
Enrique Pérez Farrás. Se llamaba aquel Capitán Gonzalo Suárez Navarro.
Muchos años más tarde, su hijo Jaime comandará la Plataforma 2003,
nacida para conmemorar el Centenario del nacimiento de José Antonio,
de quien esta edición de sus obras completas corona aquel compromiso.
Por otro lado, hace ahora ya más de setenta años, atraído por el eco
de la voz de un Capitán que se arriesgó a izar una bandera nueva, un
joven se alistó voluntario para combatir arropado bajo una bandera
falangista. Algunos años después, aquel combatiente marchó de nuevo
para batallar contra el comunismo en las tierras regadas por el río
Voljov. Jamás de aquellas experiencias hizo gala cuando, retornado a
la vida civil, fundó un hogar. Nunca se dedicó a la política ni medró
a la sombra de un Régimen que se ornaba con la bandera de su juventud.
Sabiamente, no adoctrinó a sus hijos sino con el ejemplo diario.
Guardó, eso sí, en un cajón las medallas con que premiaron su arrojo y
depositó entre los libros de su biblioteca, como quien siembra, un
voluminoso ejemplar en el que se recogía el testimonio oral y escrito
de José Antonio Primo de Rivera. Siendo un adolescente, hallé aquel
libro y —como no podía ser de otra forma— me cautivó lo que sus
páginas encerraban: el anhelo de una Patria amalgamada por la justicia
social, dueña absoluta de sus destinos y a la que se reconociesen como
propia todos sus hijos. Prendió también en mi corazón la poesía
trabada por aquellas palabras, capaz de enardecer a los más tibios;
pero, sobre todo, me sedujo el ejemplo de un hombre que abandonó la
comodidad de su bufete para defender la memoria de su padre, que
renunció a los privilegios de los de su clase en beneficio de otros
que no lo comprendían o incluso lo odiaban, que tuvo la fortaleza de
ánimo suficiente para afrontar con entereza el último trance de su
vida, expresando con absoluta serenidad —sin afectación— un deseo que
debería permanecer por siempre grabado en la memoria de las
generaciones: «Ojalá fuera la mía la última sangre española que se
vertiera en discordias civiles».
Así sea.
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